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San Lorenzo, nuevo campeón de la Copa Libertadores

El gol de Ortigoza de penalti frente a Nacional ha encumbrado al "club del barrio" a lo más alto.

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El gol de Ortigoza de penalti frente a Nacional ha encumbrado al "club del barrio" a lo más alto.
El partido de vuelta de la final entre San Lorenzo y Nacional. | SO.

Los claxon han despertado afónicos en Buenos Aires. Boedo y Almagro, los barrios fieles del Club San Lorenzo, han festejado por todo lo alto la conquista de la Copa Libertadores por 1-0 ante el Nacional de Paraguay. No es para menos. Jamás un cuervo tendrá que volver a soportar bromas tales como Club Atlético Sin Libertadores de Almagro. El Club Atlético San Lorenzo de Almagro (CASLA), el único equipo de "los grandes" que no había ganado la Copa, ha conseguido vencer en casa por fin, tras el 1-1 de la ida en Paraguay, a su obsesión.

El furor por el fútbol se vive de otra manera en la Argentina y más aún el amor a los clubes. "Mi hijo me preguntó una vez ‘¿Qué sentiste cuando me viste nacer?’ Pues una sensación muy parecida como cuando ganamos la Copa Nacional en el 95, le respondí", comenta Luis a LD, hincha del San Lorenzo desde la cuna. Luis, junto a otros cuatro millones de personas, tenía una cita este miércoles en "Nuevo Gasómetro", estadio actual del San Lorenzo. Bueno, mejor dicho, estaban pendientes, puesto que conseguir una entrada para la ansiada final ha sido todo un quilombo.

De las 40.000 entradas, las cuales se han esmerado en copiar los falsificadores de la zona, muchas han ido a parar a la reventa, con precios que superaban los 15.000 pesos (1.500 euros al cambio oficial). Las redes sociales y webs de mercados entre particulares se han visto colapsadas ante la ingente cantidad de demanda y la dureza de los precios por parte de la oferta. Todo el mundo quería su hueco en la Historia.

"Mi abuelo era español y vino acá a la Argentina. Él me hizo del San Lorenzo, falleció el año pasado y nunca pudo ver salir al San Lorenzo campeón de la Copa. Yo quiero ganar hoy por mi abuelo", asegura Federico a LD ante las puertas del estadio. La cancha era un hervidero de sentimientos, pasión y euforia como sólo un gran partido de fútbol sabe generar. Las villas o favelas argentinas frente al estadio arropaban a la afición al grito de ¡vamos San Lorenzo, Ciclón!

Por su parte, en los distintos portones habilitados se acumulaban grupos de personas con entradas falsas; la estafa se cobró la ilusión de muchos. Por suerte, un goteo de aficionados consiguió sobrepasar el primer cinturón de seguridad y acceder a las "cocheras de socios". Desde allí, en una esquinita, la verja permitía ver perfectamente una panorámica más que aceptable del juego y, lo que es más importante, la portería inicial de los visitantes. Los allí presentes no tardaron en bautizarla como rinconcito paraíso.

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Conforme se iba acercando el deadline, los cánticos a viva voz ensordecían la música del grupo de reggaetón telonero del encuentro: Los chicos de J. Balbín. Por fin, saltan los jugadores a la cancha, el nerviosismo se palpa en el ambiente y, de repente, expulsados del partido ¿quiénes? los del rinconcito paraíso. La Policía no es tonta.

Pero nada importaba, el día nadie lo podía estropear. En menos de un minuto una nube de motos, donde sobresalían más cabezas que cascos, se dirige con aceleración firme a la Cibeles del San Lorenzo: el cruce entre las avenidas San Juan con Boedo. Tras anclar las patas en una zona próxima, la nube de aficionados irrumpe en el bar "Triana". No hay tiempo ni para sentarse. Minuto 35, pitan lanzamiento de penal. El corazón en vilo. Resuelve Ortigoza.

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Le sucede un tsunami de cantos y vítores de alegría, visibles todos ellos en las vidrieras de los bares de la Avenida Boedo. Pero aún los bonaerenses no podían dar el grito de la victoria. Uñas mordidas y rechinar de dientes fueron la constante hasta el minuto 90 del partido. Finalmente, el árbitro pita el final y el estruendo vuelve a ensordecer Boedo. "Aún no me lo creo, dame tiempo para que después te conteste, nos responde Ariel.

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Los aficionados salen de los bares, las cervezas se agitan a modo de cava –mejor que el champán- y se empiezan a formar los primeros grupos de cuervos en torno a "la Cruz" tal y como llaman al cruce. Bombos, tambores y platillos convierten el centro de Buenos Aires en un auténtico carnaval. La fiesta corre sin incidentes para festejar la ansiada conquista en el lugar donde nació San Lorenzo, un club de barrio. "¿Vos también vivís en Boedo?" nos preguntan. "Entonces sos también del San Lorenzo". Pues eso, ¡aúpa Ciclón!

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