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Las cloacas del deporte español: las injerencias de Miguel Cardenal (II)

En Libertad Digital repasamos el origen del conflicto en el fútbol español y nos fijamos en las injerencias del presidente del CSD.

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Miguel Cardenal, secretario de Estado para el Deporte. | EFE/Archivo

Todas las guerras tienen un origen, un por qué. Y el caso de la que se está librando en el deporte español, con varios frentes abiertos, no iba a ser menos.

Una de las más llamativas es la que se vive en el fútbol, con un enconado y largo enfrentamiento entre el presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF), Ángel María Villar, y el de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), Javier Tebas.

Todo se remonta al año 2003, cuando Tebas, entonces vicepresidente de la Liga -el presidente era Pedro Tomás, quien a su vez fuera directivo del RCD Espanyol en varias épocas-, presentó una denuncia contra Villar y varios directivos de la RFEF -José María Castillón, Juan Padrón, Antonio Borrás y Juan Espino- por presuntos casos de corrupción en el ente federativo que no prosperaron judicialmente.

Siete años después, cuando llegó a la presidencia de la Liga de Fútbol -abril de 2013-, Tebas decidió retirar la denuncia contra los dirigentes de la Federación Española. Un gesto con el que trataba de sellar la paz. Pero Villar no olvida.

La traición de Cardenal

Antes de asumir el cargo de secretario de Estado para el Deporte y presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD) en enero de 2012, Miguel Cardenal fue uno de los peones de Villar como miembro del Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol (desde la temporada 2004/2005 hasta mitad de la 2011/2012).

Cuando accedió a la presidencia del CSD, Cardenal llegó a alabar a la Federación Española de Fútbol y a Ángel María Villar por su renuncia a la subvención estatal, en tiempos de crisis para el deporte federado. Pero esta sintonía se rompió cuando el CSD pactó con Javier Tebas el control económico de los clubes (pagos a Hacienda, presupuestos condicionados...). Villar entendió el movimiento de Cardenal como una traición, que jamás olvidaría. Desde ese día, Cardenal pasó a engrosar la lista negra del presidente de la RFEF.

Desenmascarando a Miguel Cardenal

Impulsado por la Ley de Trasparencia Ley 19/2013 que entra en vigor el 10 de diciembre de 2014–, el que fuera peón de Villar en el Comité de Competición se empezó a poner duro. En cuanto detecta alguna anomalía en los presupuestos de las distintas federaciones deportivas, estudia con lupa cada movimiento del dinero desfasado.

Además de las auditorías trimestrales a las que se tienen que someter las federaciones, si en el análisis económico aparece un movimiento extraño que pudiera deberse a una acción en la que un presidente ha utilizado el dinero público para su propio beneficio, el caso pasa por el filtro de una nueva auditoría, denominada de procedimientos, mucho más minuciosa.

Sin duda una actuación noble y loable con todos los ciudadanos españoles, de cuyo dinero salen las subvenciones de las que se amamantan buena parte de los presupuestos federativos.

Sin embargo, el problema de Miguel Cardenal es que no muestra el mismo rigor con todas las federaciones. Como ya desveló Libertad Digital en el primero de los reportajes sobre Las cloacas del deporte español, con sus amigos la manga ancha es lo habitual. Ni filtra los escándalos a la prensa, ni toma las mismas medidas.

Dos casos muy concretos: natación e hípica

Cuando Fernando Carpena, presidente de la Federación Española de Natación (RFEN), tuvo que afrontar la auditoría de rigor el pasado mes de enero, las cuentas no cuadraban. A pesar de haber cerrado el ejercicio de 2014 con unos beneficios de 242.454 euros y presentar unos presupuestos positivos de 94.000 para 2015, el pasado enero, cuando rindió cuentas al Gobierno a través del CSD, los números se habían disparado. Entonces, la Federación de Natación presentó un déficit de 603.547 euros.

La única actuación de Cardenal fue camuflar el escándalo y pedir a Carpena que se rebajase el suelo. No es de extrañar, pues, que varias federaciones consideren a Fernando Carpena como la niña bonita de Miguel Cardenal. La versión oficial del Gobierno es que la institución que administra los deportes acuáticos se encuentra bajo la misma fiscalización que las demás federaciones. Pero esta no es la opinión más extendida en el mundo federativo, en donde se considera que Carpena es un privilegiado.

Tres cuartos de lo mismo se puede decir de la hípica. El presidente de la Real Federación Española de Hípica (RFHE), Javier Revuelta, fue denunciado por un tema de licencias federativas -al parecer, tanto Revuelta como personas con representación en la Asamblea General y en la Comisión Delegada de la Federación carecieron en la temporada 2012 de licencia deportiva nacional-, además de tener que afrontar una querella por un turbio asunto de derechos de imagen del Hipódromo de la Zarzuela, siendo acusado de delitos de estafa, falsedad documental y coacciones.

Y aquí, como en el caso de Carpena, Cardenal siempre ha apoyado en público a un Revuelta al que no sólo no se le filtran los escándalos, sino que también se le premian sus denuncias con la concesión del órgano regulador del Turf -carreras de caballos-, gracias al acuerdo que alcanzaron el Hipódromo de la Zarzuela, la SEPI, la propia Federación de Hípica y... el Consejo Superior de Deportes que preside Miguel Cardenal. Javier Revuelta, además de ser presidente de la Federación de Hípica, es abogado del Estado.

El caso Neymar

Una de las principales quejas que tienen las distintas federaciones contra Cardenal es su excesiva injerencia. El hecho de no respetar el ámbito que le compete y extralimitarse en sus funciones como presidente del Consejo Superior de Deportes. Es verdad que muchas de las federaciones que ponen el grito en el cielo ante el excesivo intervencionismo del CSD, es porque tienen mucho que ocultar. Cuentas que no cuadran, dinero público desviado para uso personal... Pero no es menos cierto que Cardenal, en algunas ocasiones, se extralimita en sus funciones. Un ejemplo claro es su actuación en el caso Neymar.

El 4 de marzo de 2014, en plena instrucción del juez Pablo Ruz por las irregularidades cometidas en el fichaje del brasileño, el diario El País publicó un sorprendente artículo de Miguel Cardenal, en el que el secretario de Estado defendía a ultranza al FC Barcelona, entidad a la que definía como "escudo y patrimonio" del deporte español y de la que dijo estar "orgulloso". Incluso, Cardenal llegó a mostrar su seguridad de que el Barça había actuado limpiamente y de forma legal en el fichaje de Neymar, llegando a poner en entredicho la actuación del juez Ruz.

En este delirante artículo de opinión, titulado 'Orgullosos del Barça', se podía leer lo siguiente:

Me rebelo ante la desmesura a la que asisto estos días No haría honor a la responsabilidad que me han confiado si callara mientras un escudo que ha aportado a nuestro deporte tanto como el que más es acosado y acusado. Lo que sí tengo claro es que en este momento nadie piensa que alguien vinculado al Barcelona se haya apropiado de cantidad alguna, y también me consta la voluntad de sus directivos de cumplir con la ley, como es la tradición en ese club, lo que implica, si se hubieran equivocado en algo, la rectificación.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional remitió un escrito al fiscal general del Estado, calificando de "inadmisible" el artículo de Cardenal. "Cuestiona directamente la actuación judicial", sostuvo, por su parte, el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, que denunció ante el fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, la "injerencia ilegítima" del presidente del CSD en la actuación judicial.

Sorprende, pues, que Miguel Cardenal pase a defender con tanta vehemencia a una institución deportiva, sin importarle que ello suponga injerir en las actuaciones judiciales, mientras pase por alto injusticias que, curiosamente, suelen afectar a los más modestos.

Golpe mortal al fútbol aficionado

Y uno de esos modestos es el fútbol aficionado, donde el Gobierno ha decidido recortar un 26% de las ayudas derivadas de los ingresos de las quinielas, que tradicionalmente servían para subvencionar la construcción de infraestructuras, y a través de la Ley de Emprendedores, fiscaliza a trabajadores voluntarios.

Un golpe casi mortal al amateurismo en el fútbol español que el presidente del Coruxo y vicepresidente de la Federación Gallega, Gustavo Falqué, se encargó de denunciar en su día en los micrófonos de esRadio. "Esta ley obliga a darse de alta en la Seguridad Social a monitores, jardineros y demás voluntarios que perciban 200 euros o más para gastos. Y son instituciones sin ánimo de lucro. El fútbol base se fundamenta en personas altruistas. Los directivos no cobran. La ley es inviable. El Gobierno desconoce totalmente el fútbol modesto, que ya está malherido por la saturación de retransmisiones de partidos de Primera. Hoy la media de espectadores en los campos de Segunda B es de 300 personas. Si no se aplica una ley especial, gran parte del deporte aficionado se verá abocado a la desaparición", denunció Falqué.

Así, varias federaciones territoriales decidieron acudir a la huelga el pasado mes de marzo y paralizar la competición, mostrando su queja al Gobierno, entendiendo que el fútbol aficionado quedaba herido de muerte con estas medidas. Reprochan a Cardenal su desmesurado intervencionismo, siempre en detrimento de la parte más débil del fútbol, mientras lamentan la supresión de las subvenciones de ayuda al fútbol base.

Ante las huelgas convocadas en el fútbol base por algunas federaciones territoriales, Cardenal respondió con un lacónico "se han asentado sobre un falso problema", señalando también que "la regularización laboral de las personas que trabajan en el ámbito de deporte es una falsa polémica". Es decir, miraba para otro lado para dejar desamparados a los más modestos.

Y este problema, derivado de la Ley de Transparencia, no sólo afecta al fútbol, sino que temporada, afectaría a todo el deporte amateur en España.

El selecto club privado de la ACB

La situación en el baloncesto profesional español también tiene su miga. Para ser miembro de la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB) hay que abonar un canon. Cualquier equipo que ascienda a la máxima categoría y no haya estado en ella antes, deberá hacer frente a la Cuota de Entrada: 3.126.272 euros más 656.517 de IVA; es decir, un total de 3.782.789 euros.

Pero aquí no acaban las exigencias. Si quieres unirte a la élite del baloncesto español, además de abonar la Cuota de Entrada, los equipos que ascienden desde LEB Oro deben pagar un Fondo de Ascensos y Descensos: 1.563.134 euros más 328.258 de IVA, lo que hace un total de 1.891.392 euros. Y a ello hay que sumarle otra cuota de participación en el valor patrimonial, que asciende a 111.350 euros.

En definitiva, un equipo que ascienda a la ACB sin haber estado antes en esta categoría, tendría que abonar un total de 5.785.531 euros. Una auténtica barbaridad para clubes modestos del baloncesto español.

Así, vemos cómo la ACB es una liga selecta en la que juegan los 18 mejores equipos de baloncesto de España y los que tengan cerca de seis millones de euros. Para formar parte de una de las competiciones de mayor nivel mundial hay que recorrer dos trayectos: el deportivo y el económico.

Además de este dinero, los equipos que ascienden y que se han ganado en el terreno deportivo el derecho a jugar en ACB, deberán contar con un presupuesto adecuado para competir con ciertas garantías -al menos 3 millones-, y someterse a una auditoría para conocer el estado de sus finanzas.

Los casos de Burgos y Orense

La temporada recién terminada en la LEB Oro contó con los ascensos del Tizona Burgos, como líder de la competición, y del Club Ourense Baloncesto, que se impuso en la final de los playoff al Ribeira Sacra Breogán de Lugo. A pesar de ganarse el derecho a formar parte del selecto club ACB en la pista, faltaba subir el Everest: conseguir el dinero exigido para que el ascenso se hiciera efectivo.

¿Se imagina que su equipo favorito logra el ascenso en tres años consecutivos, pero en ninguno de los casos llega a producirse ese salto de categoría por las peculiaridades económicas de una determinada competición?

Pues eso es lo que le ha ocurrido al Burgos. Tres temporadas consecutivas en las que no le permiten jugar en la Liga Endesa tras subir deportivamente, por las exigencias económicas de la que presume ser la mejor competición de baloncesto de Europa. Unos requisitos desorbitados y totalmente inviables para el momento que vivimos.

Esta temporada, buscando alternativas para cumplir el sueño de toda una ciudad, la directiva del Tizona -los burgaleses llevan demasiado tiempo sin disfrutar de un equipo deportivo de primer nivel- han intentado ser creativos. Ya que no podían permitirse económicamente pagar la cuota de entrada, compró el canon de otro equipo: León, un histórico que ya jugó en ACB, por lo que el dinero a pagar era mucho menor. Sin embargo, en vez de dar facilidades, la Asociación se ha negado en rotundo a dar validez a la operación.

¿La justificación? Dicen desde la Asociación de Clubes de Baloncesto que el canon de León no se puede comprar ni comercializar. Que es simplemente un valor. Lo curioso es que la propia ACB sí comercializó en su día con un canon, el de Alicante. Asfixiado económicamente, el Lucentum renunció a su plaza en el selecto club y la ACB ofreció su canon al Tenerife, que lo compró en unas condiciones muy ventajosas para entrar de lleno en la élite del baloncesto nacional.

El caso de Orense es todavía más sangrante. El equipo gallego, un clásico de la ACB, ha transitado a la deriva durante catorce años. Después de navegar sin rumbo por la LEB Oro -e incluso por la LEB plata, rozando la desaparición-, esta temporada logró el ansiado ascenso deportivo. Pero todavía quedaba la parte económica. Al haber participado ya en ACB, los orensanos debían abonar una Cuota de Entrada mucho menor que la del Tizona Burgos. Aún así, no fue fácil reunir los cerca de tres millones de euros necesarios que le exigían para pagar todos los requisitos de entrada en la ACB.

Tras muchas reuniones, favores y un tremendo esfuerzo, la entidad que preside Antonio Gavilanes consiguió el dinero necesario. Cuando todo el mundo en Orense festejaba ya el ascenso, la ACB cortó de raíz las ilusiones de miles de personas mediante una auditoría que ha arrojado un resultado desfavorable. Demasiadas deudas y la sanción de la FIBA, son esgrimidas como razones suficientes por la ACB para echar al traste el ascenso de este histórico del baloncesto español.

Gavilanes se sintió entonces traicionado, como reconoció en el programa Tirando a Fallar. "La ACB nos la ha jugado. Nos dijeron que nos centrásemos en conseguir el ascenso en el campo y en reunir el dinero necesario para hacer frente al canon, y que de la auditoria se encargaban ellos. Nos dieron garantías e ilusiones y luego han incumplido con su palabra", dijo el presidente del club orensano en los micrófonos de esRadio.

Lo peor de todo es que, a día de hoy, si se realizase una exhaustiva auditoría a los 18 equipos de la ACB, seguramente ocho no la pasasen. Así está la que presume ser mejor competición de baloncesto de Europa. Equipos que firman temporadas deportivamente desastrosas, pero que no se ven castigadas con el descenso. Este año Fuenlabrada y Guipuzkoa, los equipos que descendieron en la pista, tendrán una vida extra en la élite del baloncesto español.

Además del aspecto deportivo, varios clubes sufren situaciones económicas desfavorables -Bilbao, Manresa, Estudiantes o en su día Valladolid, han tenido o tienen graves problemas de liquidez-. Mientras tanto, los clubes de LEB Oro no pueden ascender porque la ACB es inflexible en sus exigencias.

Un club selecto, cerrado, en el que no hay emoción deportiva en lo más profundo de la clasificación. ¿Dónde queda el espíritu deportivo?

¿No debería el Consejo Superior de Deportes, con Miguel Cardenal a la cabeza, intervenir en este caso, buscando un punto de acuerdo? ¿Exigiendo cambiar unas normas que atentan contra el espíritu del deporte? ¿No decidió apoyar de forma vehemente Cardenal a una institución, el Barcelona, en un caso –Neymar- por el que estaba imputada? ¿Por qué aquí no se injiere?

Es una clara muestra de que Cardenal sólo realiza injerencias, donde y cuando le interesa, siempre en perjuicio del débil.

El deporte, entendido como tal, debería protegerse de este tipo de injusticias. Cardenal, ni siquiera ha sido capaz, ya no de mediar entre el club burgalés y la propia ACB, de reunirse con la directiva del Burgos, negándoles el encuentro hasta en tres ocasiones diferentes. Aún esperan en la capital burgalesa que el presidente del CSD se digne a responder a la petición de audiencia que le hicieron llegar por carta el pasado 30 de abril.

Pero, como el resto de modestos, el Tizona Burgos también parece invisible para Miguel Cardenal.

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