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Asbjorn Halvorsen, la resistencia del fútbol a la invasión nazi

Su firme oposición al III Reich le valió cuatro años de campos de concentración, pero el recuerdo como uno de los mayores símbolos del fútbol noruego.

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Halvorsen, durante un partido en Alemania. | Archivo

La historia del deporte nos ha dejado diversos y diferentes relatos que lo relacionan con el nazismo. Ya sean enfrentamientos con Hitler, como el que protagonizó Sindelar; historias de superación en campos de concentración, como el del español Saturnino Navazo; las atrocidades que cometían con sus deportistas, como el caso de Dora Ratjen; o el relato quizá más conocido, el de Jesse Owens.

Pero la de Halvorsen es sin duda una de las más curiosas y emotivas de todas esas historias. Por lo que sucedió y, también, por dónde sucedió: Noruega.

Ahí fue donde nació Asbjorn Halvorsen el 3 de diciembre de 1898. Concretamente en Sarpsborg, una pequeña ciudad al sur del país, que limita con Suecia. De pequeño compaginaba sus estudios con la ayuda obligada en la panadería de sus padres, pero lo que realmente le gustaba era el fútbol. A través de los barcos que llegaban a los aserraderos de Sarpsborg –principal actividad de la ciudad- oía hablar de las peripecias de los futbolistas ingleses, y más crecía su ilusión por convertirse en uno de ellos.

No tardó en pasar a formar parte del equipo de su ciudad, el Sarpsborg FK, llegando al primer equipo con tan solo 18 años. Su gran inteligencia a la hora de mover el balón le convirtieron en uno de los mejores centrocampistas del país, y ya en su segundo año fue nombrado capitán. Fue ese mismo año cuando el Sarpsborg FK conquistó su primer título: la Copa de Noruega. Se impuso en la final al Brann por 4-1.

Halvorsen se convirtió también en un fijo de la selección noruega, disputando los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920.

Desembarco en Alemania

Pero como el fútbol no era como el de ahora, Halvorsen decidió aplazar momentáneamente el deporte para desplazarse hasta Alemania, donde le habían ofrecido la magnífica oportunidad de trabajar como comerciante marítimo en la naviera Sloman. Albergaba la posibilidad de que algún equipo se fijara en él, y pronto lo consiguió. Y no fue un equipo cualquiera: el Hamburgo.

Con su llegada, y con la presencia del goleador Otto Fritz Harder (387 goles en 211 partidos), los rothosen (como eran conocidos por sus pantalones rojos) se convertirán en uno de los equipos más fuertes del país. No en vano, conquistó diez campeonatos casi consecutivos (de 1921 a 1933) de Alemania del Norte, y dos campeonatos de Alemania, los cosechados en 1923 y 1928, este último con Halvorsen como capitán. (ndr: hay que recordar que hasta 1963, fecha en que se creó la Bundesliga, los equipos disputaban campeonatos por zonas, y los campeones de cada uno se enfrentaban en la lucha por el título nacional).

1933 fue el año en el que Asbjorn Halvorsen había decidido colgar las botas. Lo hizo consiguiendo un nuevo campeonato de Alemania del Norte. Pero lo hizo también observando de cerca el crecimiento de Adolf Hitler y del III Reich. Y Halvorsen era contrario a todo aquello. Muy contrario.

En su último partido, en el que el Hamburgo se impuso por 14 a 0 al Schwerin, todos los jugadores realizaron el saludo nazi con el brazo derecho en alto. Todos menos él. Quizá porque sabía que no iba a volver, pero desde luego aquel gesto le señaló e hizo que le invitaran a marcharse de Alemania y volver a Noruega.

Lleva el crecimiento del fútbol a Noruega

A su regreso a casa, Halvorsen fue recibido con los brazos abiertos por la Federación de Fútbol Noruega, que le ofreció casi de inmediato el puesto de secretario general. Entre sus principales cometidos, preparar el equipo para los Juegos Olímpicos de 1936. Juegos Olímpicos que iban a disputarse en Berlín…

Lo cierto es que Halvorsen configuró un buen conjunto para la cita, uno de los mejores que jamás ha tenido el conjunto vikingo. Y lo constató cuando se enfrentó a la anfitriona en cuartos de final en el Poststadion de Berlín, ante la mirada de Goering, Goebbels y Hess, entre otras autoridades nazis. Noruega se impuso por 2-0, con dos goles del judío Magnar Isaksen, provocando el enfado y la frustración de las autoridades nazis.

Noruega terminaría llevándose el bronce, tras caer por 2 a 1 ante Italia en la prórroga en semifinales, e imponerse a Polonia en la lucha por la medalla. Probablemente fue uno de los momentos más felices en la vida de Halvorsen. Seguramente fue el último.

Nuevo gesto de repulsa...

El 9 de abril de 1940 las tropas del III Reich entraron en Noruega, y en pocas semanas tenían todo el país bajo su posesión, estableciendo una administración militar. Justo el 13 de octubre de aquel mismo año se disputaba la final de Copa, entre el Fredrikstad FK y el Skeid Oslo.

La organización de la final, que corría a cargo de la Federación de Fútbol Noruega, presidida por Halvorsen, rechazó las recomendaciones de la administración militar nazi de colocar los símbolos del III Reich en el Ullevaal Stadion. Aquello volvió a provocar el enfado de los nazis hacia la persona de Halvorsen, que incluso había amenazado con cancelar el partido si finalmente se llevaba a cabo la colocación de las esvásticas, y había prohibido la entrada al palco presidencial de Josef Tervoben, el enviado de Hitler.

Poco después, Asbjorn Halvorsen era detenido por la Gestapo. Fue llevado a la cárcel de Mollergata para, al día siguiente, ingresar en el campo de concentración de Grini, en Noruega. De ahí fue trasladado a Vaihingen an der Enz, ya en Alemania, y finalmente en el campo de concentración de Struzhof-Natzweiler en Alsacia (Francia).

Cuatro años pasaría Halvorsen detenido entre campos de concentración, donde perdió su nombre para ser el prisionero 4796. Pero nunca dejó de ser el gran futbolista y entrenador que fue, lo que le permitió ser reconocido en diferentes ocasiones, ofreciéndole un cierto mejor trato, si es que se puede decir así en un campo de concentración.

Los pocos supervivientes que quedaban en Struzhof-Natzweiler fueron liberados el 23 de noviembre de 1944, tras la entrada de la División Cactus del ejército estadounidense en el campo de concentración. Entre ellos se encontraba Halvorsen. Estaba en un estado deplorable, no pesaba más de cuarenta kilos, pero vivo al fin y al cabo.

A su regreso a Noruega fue de nuevo repuesto al frente de la federación de fúbol, cargo que ocuparía durante diez años, hasta su muerte el 16 de enero de 1955, a causa de las secuelas que le dejaron sus años en los campos de concentración. Tenía 57 años.

De manera póstuma fue reconocido como caballero de la Orden de Vasa, orden caballeresca instituida en Suecia en 1772, que reconoce los servicios civiles al país. Pero para el recuerdo ha quedado como uno de los mayores símbolos del deporte noruego, no sólo por su brillantez como futbolista, entrenador y directivo, sino por su firme y manifiesta oposición al régimen nazi.

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