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Premier League

Justin Fashanu, la trágica historia del primer futbolista gay

Sufrió la homofobia y el racismo del fútbol inglés, y la confesión de su homosexualidad, lejos de la salvación, supuso su condena.

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Justin Fashanu, durante su etapa en el Norwich City. | Archivo

Es difícil de entender, pero aun a día de hoy, terminando el año 2017, son muy pocos, casi ninguno, los deportistas que han confesado abiertamente su homosexualidad. Casos esporádicos, como el del patinador olímpico español Javier Raya, el futbolista Thomas Hitzlsperger, el jugador de rugby Gareth Thomas, el nadador Ian Thorpe (ya una vez retirado) o el NBA John Amaechi.

No parece sencillo poder reconocer abiertamente una orientación sexual que podría no terminar de encajar en un mundo aún muy masculino. Son muchos los deportistas que han sufrido depresiones durante su carrera, por tratar de esconderlo o, en los pocos casos, por confesarlo. Amaechi, por ejemplo, fue felicitado personalmente por Barack Obama por su "valentía", pero fue blanco de continuas críticas y mofas en todos los pabellones de baloncesto que visitaba.

Mucho más complicado tuvo que ser para Justin Fashanu reconocer su homosexualidad en los años 80 en Inglaterra. Pero en su caso, además, se juntaron otros factores que terminaron de la peor manera posible para el futbolista británico.

Una infancia ya complicada

Justinus Soni "Justin" Fashanu nace el 19 de febrero de 1961 en Londres, hijo de padres africanos. Tras el divorcio de éstos, Justin es abandonado –junto a su hermano, un año menor- en un orfanato caritativo. Ambos tienen muchos problemas para adaptarse, hasta que son adoptados por una familia de clase media del barrio de Norfolk.

Es entonces cuando Justin descubrirá el fútbol, y desde los comienzos llama la atención por su velocidad y su facilidad para marcar. Es el Norwich City quien lo incorpora en sus categorías inferiores, y con apenas 17 años alcanza el primer equipo. A pesar de su juventud, no tardará en ganarse un sitio como titular a base de goles.

Su carrera estaba en meteórica ascendencia, sobre todo cuando en 1980, con 19 años, ganó el premio al mejor gol de la temporada como reconocimiento a su espectacular tanto ante el Liverpool. Aquel gol, y los otros 39 que había sumado con los Canaries en 103 partidos, fueron bagaje suficiente para que los más grandes se lanzaran a por su fichaje.

Fue el Nottingham Forest -que venía de conquistar dos Copas de Europa consecutivas, una Supercopa de Europa, y una Intercontinental- quien se hacía con sus servicios, convirtiéndose en el primer futbolista negro por el que se pagaba un millón de libras. Llegaba para sustituir a Trevor Francis, quien sólo dos años antes era el primer futbolista por el que se pagaba el millón.

Expulsado por ser gay

Su rendimiento inicial en el Nottingham no fue el esperado. Como el propio Fashanu confesaría más tarde, el coste de su fichaje y las expectativas creadas con apenas 20 años le sometieron a una gran presión. Pero todo se complicó sobremanera cuando la prensa descubrió que visitaba con frecuencia locales nocturnos homosexuales.

Todo eso provocó una situación muy complicada para el futbolista, que lejos de encontrar apoyo en su vestuario, terminó por vivir todo lo contrario. El entrenador del Nottingham Forest era nada menos que Brian Clough. Genio y figura. Un técnico tan reconocido por sus cualidades y títulos conquistados, como por sus excentricidades y mal carácter.

Cuando Clough conoció que su futbolista visitaba locales homosexuales, la emprendió con él. Su proyección y el hecho de haber costado un millón de libras no le salvó de los prejuicios de su entrenador. Como relataría el propio Clough en su autobiografía, en un entrenamiento se encaró con él: «"¿Dónde vas si quieres una rebanada de pan?" le pregunté. "Al panadero, supongo". "¿Dónde vas si quieres una pata de cordero?" "Al carnicero." "Entonces porque sigues yendo a ese maldito club de maricones".

Por si todo esto fuera poco, Fashanu también vivió el racismo de su propia afición. Enfadada con él por su rendimiento –tres goles en 32 encuentros- y su vida privada, en más de una ocasión tuvo que observar cómo le lanzaban plátanos desde la grada.

La Iglesia como mal refugio

A la primera oportunidad que tuvo, es decir, el verano siguiente, Clough se deshace de Fashanu, que recala en el Southampton. Juega poco, pero marca tres goles en nueve partidos, lo que hace que el Notts County decida hacerse con sus servicios ya en el mercado invernal. Su precio ha bajado a 150.000 libras, pero no su capacidad goleadora: en año y medio logrará 20 tantos.

Es en esa época cuando Fashanu reconoce su homosexualidad, pero tan solo ante algunos de sus compañeros. El temor a cómo será tratado le impide admitir públicamente la realidad, pese a que la prensa británica ya hacía tiempo que especulaba con ello. Busca consolación en la Iglesia Evangélica, pero ahí tampoco termina de encajar. Antes al contrario, le empuja a rechazar su orientación sexual y Fashanu trata en vano de iniciar relaciones con mujeres. "Éstaba atormentado por una fe que le decía que ser gay era pecado. Él mismo fue su peor enemigo", afirmaría su biógrafo.

Todo esto se resiente, como no puede ser de otra manera, en el campo, y en 1985 ficha por el Brighton & Hove Albion. Pero entonces se añade un problema más para truncar su carrera, ya en descenso: una grave lesión de rodilla, que le hará plantearse incluso la retirada.

Tras una estancia de tres años en Estados Unidos, donde es operado en varias ocasiones, en 1988 regresa a los terrenos de juego. En Los Angeles Heat primero, y en el Edmonton Brickmen después, recuperando poco a poco las sensaciones de cara al gol. Tanto es así, que al año siguiente decide regresar a Inglaterra, donde hay v arios equipos interesados en darle una nueva oportunidad.

Fichará por el Manchester City –que nada tenía que ver con el de ahora-, pero ahí comenzará un periplo sin fortuna por diferentes equipos. Tras un mes con los citizens recala en el West Ham United. En diciembre probará en el Ipswich Town, y en marzo se enrola en el Leyton Orient. Terminará la temporada en el Southall, de la segunda división, como jugador entrenador.

La declaración, la libertad, la condena…

Es entonces cuando, consciente de quizá su carrera no se recuperará jamás, Justin Fashanu declarará abiertamienta su homosexualidad. Lo hace mediante una entrevista exclusiva para The Sun. El titular fue "Estrella futbolística de 1 millón de libras: SOY GAY".

Entre muchas otras cosas, afirma que espera ser un ejemplo para el resto de futbolistas homosexuales –afirma conocer varios de ellos- y servir para abrir las puertas a sus confesiones. Pero ninguno le seguirá, y Fashanu se quedará como el único futbolista profesional que se declara abiertamente homosexual.

Aquella declaración, lejos de suponerle una liberación, se transforma en una condena. Son muchas las críticas que recibe. Por periodistas, aficionados, futbolistas y, lo que más le duele, su familia. "Mi hermano gay es un paria", diría John Fashanu en una entrevista exclusiva a The Voice. Por si fuera poco, la comunidad negra británica, olvidando lo que significa la ‘discriminación’, le define como "un patético e imperdonable desaire para toda la comunidad".

Trató de regresar a lo que mejor sabía hacer: jugar al fútbol. Pero su cabeza –ni su forma física tras su grave lesión- estaban ya capacitados para ello. Acabó jugando en casi 20 equipos a lo largo de su carrera, pasando por países Estados Unidos, Canadá, Escocia o Suecia.

La acusación final

Fashanu decide regresar a Estados Unidos una vez ha colgado las botas, para entrenar al Maryland Mania y comenzar una nueva vida. Pero entonces sufrirá el último capítulo que le abocará al abismo. El 25 de marzo de 1998 un joven de diecisiete años denuncia ante la Policía que había sido agredido sexualmente por Fashanu. Pese a que no existen pruebas incriminatorias, y que ni siquiera le detienen, al exfutbolista le entra el pánico: es homosexual, y es negro. Tiene todas las de perder. Así que decide huir.

De nuevo en Inglaterra, la situación no mejora. Fashanu pide ayuda, pero todos le dan la espalda. Incluido su hermano. Hasta que el 3 de mayo decide terminar con todo, ahorcándose en un almacén de un callejón sin salida del este de Londres. Tenía 38 años. Cuando encontraron su cuerpo, hallaron también una nota:

"Me he dado cuenta de que ya he sido condenado como culpable antes de comenzar el juicio. Yo no he abusado nunca de aquel joven. Sí, tuvimos sexo, pero basado en el consentimiento mutuo. A la mañana siguiente él me pidió dinero, y cuando le dije que no me respondió ‘espera y verás’. Ya no quiero ser más una vergüenza para mis amigos y mi familia. Espero que el Jesús que amo me acoja. Finalmente encontraré la paz".

La paz que no pudo encontrar durante su carrera futbolística, durante su vida. Cuando tuvo que enfrentarse al racismo y a la homofobia. Cuando tuvo que enfrentarse a las inmensas expectativas que se pusieron sobre él, o a las lesiones graves. Cuando tuvo que enfrentarse a las falsas acusaciones, y al desprecio de sus compañeros, de sus amigos, y de su familia.

"Pienso que creamos todos una situación en la que fue marginado. Nosotros no aceptamos el hecho de que fuera gay. Y cuando digo ‘nosotros’, probablemente estoy buscando defenderme de decir ‘yo’", diría su hermano John, después del suicidio.

La trágica historia de Justin Fashanu, lejos de servir a los futbolistas homosexuales como él pretendía, probablemente contribuyó a que deportistas que en algún momento han valorado dar el paso de confesar su condición sexual, se hayan echado para atrás. Hoy siguen temiendo las burlas de los compañeros y rivales, las pérdidas de contratos, los insultos de los aficionados, o incluso acabar como Fashanu. Que hoy siga siendo noticia que un deportista salga del armario demuestra que, pese a que la sociedad ha avanzado en este sector, el mundo del deporte sigue estancado.

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