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El Atlético ya cuenta con la sangre y los goles de Diego Costa (0-4)

Debutó ante el Lleida, marcó a los cinco minutos de su entrada y dio el susto de la noche con un golpe en la rodilla. Vitolo también se estrenó.

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Diego Costa ruge de nuevo en el Atlético. | EFE

No se llama Rodrigo Díaz de Vivar ni tiene un caballo llamado Babieca al que subirse para atemorizar a los rivales mientras domina y dirige a su ejército. Tampoco tiene un romancero que acreciente su leyenda. Por supuesto, no está muerto sino todo lo contrario, está muy vivo.

A Diego Costa no le hace falta nada de lo anterior para que la totalidad de miembros que componen a día de hoy el Atlético de Madrid le consideren su particular Cid Campeador. Con su sangre y sus goles al servicio de Simeone, Costa demostró en sólo cinco minutos por qué se le ha echado de menos tanto, primero en el Vicente Calderón y hasta enero en el Wanda Metropolitano. Metáfora mediante y salvando las distancias históricas, a Diego sí se le puede considerar el Cid del Atlético porque infunde con su sola presencia fuerzas a los suyos y temor en el equipo que tiene delante de él. El Lleida ha sido el primero en volver a tener esa sensación.

Fue salir el delantero y todo cambió. El fútbol del partido se revolucionó y el pulso de los atléticos se disparó. Diego Costa ofreció en apenas cinco minutos su ADN de ‘9’ con su primer gol tras su retorno y en la misma jugada ya empezó a sangrar por la camiseta rojiblanca. A muchos les sobró la segunda parte ya que hubo un momento en el que se pensó en lo peor cuando el ariete se echó las manos a la rodilla. Por suerte y como ya pasó en Getafe en 2014, Costa está bien y sólo tendrá otra cicatriz más que mostrar en su hoja de servicio. "Cualquiera le saca del campo hoy", pensaron algunos.

Tan potente fue la influencia del debut de Costa que eclipsó de forma clara el estreno de Vitolo, los goles de Godín y Torres para encarrilar el choque y el último tanto de Griezmann. No está nada mal para empezar el 2018.

Simeone ya tiene lo que quería y no ha tenido que esperar al día 6 para lucirlo. Por fin hay ‘9’ y menuda carta de re-presentación.

La vieja guardia golpeó primero

No salió nada bien el Atlético de Madrid ante el Lleida y sorprendió este hecho porque no era día para dormirse en los laureles ni a nivel global ni tampoco en el plano individual. Primero porque el cuadro de Simeone tiene en la Copa del Rey uno de sus objetivos prioritarios por el formato del torneo, por su importancia a nivel histórico para el club y porque la final puede ser en el Wanda Metropolitano. Y en segundo lugar porque Vitolo y Diego Costa ya han empezado a acechar desde el banquillo a jugadores como Torres, Gameiro o Carrasco, que ya no tendrán ni un ápice de margen para ganarse la titularidad. Es la guerra por los minutos. La buena guerra, pensará Simeone.

Pese a todas las razones citadas en el párrafo anterior, el Lleida estuvo muy cerca de darse la primera alegría de 2018 y mereció dársela. El conjunto local tuvo una primera media hora de matrícula de honor empezando por no tener miedo al partido cuando la pelota echó a rodar y posteriormente por el derroche de fútbol e intensidad que ofrecieron los hombres de Albadalejo. Tuvieron el balón, lo quisieron en todo momento y de las tres primeras ocasiones del partido, ellos tuvieron dos y bastante claras. Iván Agudo no estuvo preciso en el primer intento y Moyá desbarató el segundo.

En la banda, Simeone, Vitolo y Diego Costa. El argentino sabía que tenía detrás a sus dos nuevos fichajes, pero viendo la mala primera media hora de los suyos sólo se dedicó a corregir una y otra vez los errores de posicionamiento. El Cholo no estaba nada contento y cuando esto ocurre, los veteranos dentro del campo toman las riendas y claro, si de generales hablamos hay que tomar como ejemplo a Godín. El uruguayo puso cabeza al asunto por partida doble. Metafóricamente mandando un mensaje de calma y textualmente poniendo su testa para materializar el 0-1 merced a una falta botada por Carrasco. Poco después y en fuera de juego, 0-2 de Torres y terreno llano para Costa y Vitolo. Los veteranos ya habían hecho lo más complicado.

Ciclón Diego Costa

Toda la segunda parte fue suya y eso que no salió hasta el minuto 64. A pocos atléticos les importó que Vitolo hubiese entrado antes por Carrasco en un claro síntoma de lo que puede ocurrir con el once titular del Atlético. Tampoco se echó nadie las manos a la cabeza cuando se fue Torres al banquillo pese a marcar. Poco importaba, si Diego Costa estaba ya de vuelta cuatro años después. De 2014 a 2018, no estuvo el delantero de Lagarto y Simeone quiso dejar claras sus intenciones en la nueva era cuando al lado de Costa puso a Griezmann.

El doble cambio del Cholo, eso sí, tuvo un matiz. Antoine no jugó como pareja de Costa sino por detrás de él y de Gameiro. Vitolo se posicionó a la izquierda. Ese es el plan de Simeone y en cinco minutos ya tuvo premio con el gol del ‘18’. Diego se lanzó al suelo para rematar un pase atrás y así, jugándose la rodilla por el camino, estrenarse de nuevo con el Atlético. Una vez superados los minutos de pánico por el golpe del hispano-brasileño y con la sangre en su pierna como reflejo de lo que Simeone ha recuperado para la causa, el resto fue un spoiler de lo que será el nuevo Atlético: Griezmann al servicio de Diego Costa y Vitolo rondando por todo el frente de ataque para sumarse a la fiesta.

De momento, 0-4 copero con último gol de Antoine y estreno de bandera, sangre y goles para el Cid colchonero. El Metropolitano espera ya el 6 de enero a su nuevo general.

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