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Harvey Esajas y la grandeza de los amigos en el fútbol

En unos meses, pasó de ser descartado por el Zamora de Segunda B a jugar con el Milan. Todo, gracias a su buen amigo Clarence Seedorf.

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Harvey Esajas, durante su etapa en el Milan. | EFE

No hay nada como tener buenos amigos. En eso debe estar totalmente de acuerdo Harvey Esajas. Un futbolista holandés que en el verano de 2001 era descartado por el Zamora de la Segunda División B, y unos meses después pasaba a formar parte del Milan. "Mi historia es la de un hombre que hizo posible lo imposible", declararía Harvey Esajas, nuestro protagonista de hoy. Vayamos a entender un poco más por qué tuvo lugar todo lo imposible que fue posible durante su carrera…

Una amistad de por vida

Nacido en Rotterdam en 1974, el sueño de Harvey Delano Esajas siempre fue el de ser futbolista. A temprana edad probó en la escuela del Ajax, donde entablaría una magnífica amistad con Clarence Seedorf. Eran de la misma edad, residían en el mismo barrio de Amsterdam, y los dos tenían sus orígenes en Surinam.

Junto a Seedorf fue escalando posiciones hasta llegar al primer equipo. Un primer equipo que se nutrió de una magnífica generación de jóvenes talentos, y que se consagró con la Copa de Europa de 1995.

Sin embargo, Esajas no fue partícipe de aquel título. Unos meses antes, Van Gaal le había cerrado las puertas del primer equipo, al no ver en él las condiciones adecuadas para formar parte de la plantilla profesional.

Decepcionado, Esajas se marchó al Feyenoord, donde jamás le perdonarían su pasado ajacied. Apenas llegaría a disputar ocho encuentros de la Eredivisie en las tres campañas en las que estuvo en Rotterdam.

Groningen, Cambuur y Dordrecht’90 fueron sus siguientes destinos, cada uno de ellos bajando una categoría en el fútbol holandés, y apenas contando con minutos en ninguno de ellos. Todo parecía indicar que sus días de fútbol estaban tocando a su fin… hasta que llegó una llamada muy especial: Clarence Seedorf le comunicaba que tenía sitio en el Real Madrid.

Lo cierto es que Seedorf, que entonces gozaba de una enorme reputación en el Real Madrid reciente campeón de Europa, había convencido al club blanco para que le hiciera una prueba a su amigo. Nada más llegar fue cedido al Móstoles hasta final de temporada, y en el verano de 1999 se concretó su fichaje por el Real Madrid. En apenas unos meses pasaba de plantearse su retirada del fútbol a entrenar con los Raúl, Hierro, Redondo, Roberto Carlos…

En cualquier caso, y como era de esperar, Esajas nunca llegó a debutar con el Real Madrid, y de hecho al poco de empezar la temporada sería enviado al equipo filial. Donde, por cierto, tampoco disputaría ningún partido. La marcha de Clarense Seedorf en diciembre de aquel año tampoco ayudó.

Pero el halo de formar parte de la cantera blanca permitió que el Zamora, que estaba formando un equipo para buscar el ascenso a la Segunda División, se interesara por sus servicios. Se hizo con su fichaje, pero antes incluso de terminar la temporada, y después de sufrir una grave lesión en el tendón de Aquiles, se le comunicó que no contaban con él.

Ahora sí, tras este último periplo por la categoría de bronce del fútbol español había llegado el momento de abandonar. Al fin y al cabo, había conseguido lo que muchos no se atreven ni a soñar: formar parte de la plantilla del Real Madrid. Consciente de ello, se mantuvo en Madrid desempeñando diferentes trabajos, como fregaplatos e incluso en un circo.

Hasta que en 2004 volvió a sonar el teléfono: era de nuevo Clarence Seedorf, que entonces estaba en el Milan. Esajas le confesó a su gran amigo la ilusión que tenía por volver al fútbol, y Seedorf convenció a Ancelotti para que le hiciera un hueco en la plantilla, aunque fuera para completar los entrenamientos.

Dicho y hecho, en enero de 2004 Esajas llegó a Milanello –obviamente, a coste cero- pese a que rondaba los 100 kilos y hacía tres años que no tocaba el balón. Nuevamente, pasaba de la nada a entrenar con los más grandes: Shevchenko, Kaká, Maldini, Pirlo…

Tal fue su trabajo y esfuerzo durante aquellos meses que, a comienzos de la temporada 2004, Ancelotti decidió hacerle ficha para el primer equipo. No gozaría de minutos, y cada convocatoria era todo un premio para él. Hasta que, en enero de 2005, y con 30 años, disputó los últimos tres minutos del encuentro de Coppa que el Milan tenía ya resuelto ante el Palermo.

"Es un gran chico e hizo mucho esfuerzo todo el año", comentaría Ancelotti tras el encuentro al ser preguntado por Esajas. Incluso el holandés llegó a viajar con la expedición del Milan a Estambul, donde se disputaría la fatídica final de Champions para los rossoneri, que perderían en los penaltis ante el Liverpool.

Concluida la temporada, Esajas no renovó contrato con el Milan, pero siguió jugando al fútbol en Italia: primero en el Legnano y después en el Calcio Lecco, ambos de la C2 Italiana (lo que vendría a ser la Tercera División Española). En dos temporadas disputaría cuatro encuentros.

Esta vez sí, con 32 años, había llegado el momento de colgar las botas para el "hombre que hizo posible lo imposible", como él mismo declararía. Ya no volvería a recibir la llamada de su gran amigo Clarence Seedorf. Al menos de momento…

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