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El 'paraguas' de Oblak salva al Atlético en Villarreal (1-1)

Los rojiblancos se adelantaron con gol de Filipe, pero el empate de Mario cambió el partido. Sólo Oblak evitó una nueva derrota en La Cerámica.

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Partido muy táctico en el Nuevo Estadio de la Cerámica | EFE

La Liga 2018/2019 está llevando al límite la valentía y el aplomo de todos los aspirantes que quieren conquistarla a final de año que, por suerte, son muchos a día de hoy. Viendo los precedentes en este inicio de campeonato, los partidos se están decidiendo siempre en favor del conjunto que no sólo impone su fútbol sino que también sabe lidiar con los nervios y el vértigo de las victorias. Visto lo visto en esos momentos de tensión, si el Atlético de Madrid tuviese que elegir escenario para jugarse la Liga seguro que no elegiría visitar Castellón.

La siempre complicada y envenenada batalla de Villarreal llevó a los rojiblancos a padecer otra vez ese tembleque de piernas que le acaba costando puntos en territorio amarillo. Con el liderato en la mano merced al gol de Filipe en la segunda parte, el cuadro de Simeone tuvo todo de cara para coger el avión de vuelta a Madrid como líder a la espera de lo que pasase en el Camp Nou. Lo tuvo, pero no lo logró ya que una vez más el submarino recuperó la desventaja y rozó el "tocado y hundido" en el Estadio de La Cerámica.

Si Oblak no hubiese estado bajo palos seguramente a esta hora todos los seguidores colchoneros estarían maldiciendo a las alturas por volver a caer en Villarreal como ya lo hicieron el año pasado. El curso pasado, 0-1, partido controlado y dos goles locales para noquear a los atléticos. Este año, 0-1, choque nuevamente dormido, empate y San Oblak al rescate para evitar la derrota.El Atlético se libró de la gota fría en Castellón porque el paraguas de Oblak ocupa el doble que el de cualquier otro portero.

Por fortuna para los hombres de Simeone, la Liga ya no volverá a citarle en uno de sus estadios malditos.

Demasiado respeto visitante

Se nota muchísimo el respeto que le tiene el Atlético de Madrid al Estadio de La Cerámica y al Villarreal. Los rojiblancos sabían antes de empezar el partido que perder el control del mismo ante un equipo que siempre que ha dominado los choques les ha ganado era tentar a la suerte y por ello Simeone colocó su famoso cuatrivote para no tener sustos. Hay una parte positiva en ese plan y es que minimizas tus errores, pero en la negativa también está la ausencia de chispa y desborde cuando aparte de salvaguardar el 0-0 quieres marcar el 0-1.

La primera parte en Castellón tuvo bastante movimiento en ambos lados del campo y no estuvo tampoco exenta de polémica. Oportunidades hubo y más o menos divididas entre ambos conjuntos. Sin embargo, la jugada más determinante se marchó al limbo porque el colegiado Estrada Fernández y el VAR decidieron dejar en involuntaria una clara mano de Álvaro. Después de la polémica del pasado derbi madrileño, el Atlético vivió otra jugada parecida. En este caso fue remate, toque en el muslo y manos arriba del central del Villarreal para cortar el disparo.

El Atlético ya se quejó en el derbi porque el colegiado ni siquiera fue a revisar la acción. Pues bien, en Villarreal la jugada fue aún más clara y tampoco se revisó. Sólo por la manera de saltar del central se podía intuir que ahí había pasado algo raro, pero nada de nada. Dos de dos en contra para los rojiblancos que sólo se olvidaron del asunto cuando empezada la segunda parte marcó Filipe Luis. Aún así es otra mano que queda apuntada.

Gol, empate y tembleque

La idea del cuatrivote le duró a Simeone 45 minutos porque su estrategia no funcionó. Ni se minimizaron errores ni se controló el partido y eso obligó al Cholo a mover ficha. Correa y Lemar salieron al terreno de juego por Rodrigo y Kalinic mientras que el Villarreal siguió a lo suyo teniendo el balón y ofreciendo los mejores momentos a nivel de asociación y ataque.

Apenas hubo tiempo para ver si el movimiento de Simeone golpeaba la línea de flotación de la nave de Calleja porque a los 51 minutos de partido llegó el 0-1 tras un falta botada por Griezmann y un remate posterior de Filipe. Asenjo no pudo hacer nada con el remate en propia de su compañero y tampoco con el testarazo final del brasileño. El Atlético ya estaba por delante y el Villarreal, que aún no ha ganado este año en casa, se temía lo peor yendo por detrás en el marcador.

¿Se encerró el Atlético tras el 0-1? Sí. ¿Se tambaleó el Villarreal víctima de sus prisas por remontar? No. Esas dos respuestas fueron la clave de lo que pasó justo después del gol de Filipe porque a los madrileños sí les temblaron las piernas y a los locales se les terminaron de soltar. El Villarreal lejos de amilanarse decidió que si había que caer lo iban a hacer arriesgándose y vaya que sí lo hicieron. Se jugaron pases, fueron valientes, no dudaron en ir con todo hacia el ataque y asumieron todos los riesgos que había que asumir en defensa en busca del empate.

Con el paso de los minutos, Simeone se fue acordando de lo bien que le hubiese venido el cuatrivote inicial con 0-1 y lo tuvo aún más claro con el 1-1 en una jugada de parsimonia visitante y fe local. Jugada de Bacca, espectadores como defensas y gol de Mario. Justo en ese momento se deshizo el Atlético. Griezmann desapareció, Lemar y Correa salieron sin chispa como variantes y Thomas demostró por qué en caso de tener que elegir entre Rodrigo y él para equilibrar es mejor no tocar al '14'.

El Villarreal mereció llevarse el partido, pero se topó siempre con Oblak. Mano a mano con Gerard, parada de Jan. Mano a mano con Bacca, parada de Jan. Balones al área y pelotas divididas, el paraguas de Jan mantuvo secos a los suyos. Tal fue la magnitud del papel de Oblak que si Lemar llega a rematar bien una ocasión clara en los minutos finales, el Atlético habría sumado 3 puntos cuando por momentos mereció quedarse a cero.

No hubo gota fría en Villarreal, pero más de una se pasó por la frente de Simeone. Oblak evitó que todo acabase en fiebre amarilla.

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