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Otto 'Tull' Harder, el SS que amaba el fútbol

Uno de los mejores goleadores de la historia del fútbol alemán, durante su época de SS procuró que los prisioneros tuvieran siempre un balón a mano.

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Walter Tull, durante un partido con el Hamburgo. | Wikipedia

No son pocas las historias que hemos relatado en esta sección de ‘Historia del Deporte’ sobre deportistas que fueron enviados a campos de concentración nazis en los años 40. Algunos conseguían sobrevivir, como el español Saturnino Navazo o el italiano Ferdinando Valletti, gracias en buena medida -como relataron ellos mismo- al fútbol. Otros, la mayor parte de ellos, no corrieron tanta suerte, perdiendo la vida en el campo de concentración.

Pero la historia de Otto Harder se podría decir que es todo lo contrario. Es la historia de un futbolista que termina trabajando como soldado en un campo de concentración alemán, y ayudando a los demás a través del fútbol.

Un brillante goleador

Nacido en Braunschweig, en la Baja Sajonia, el 25 de noviembre de 1892, Otto Fritz Harder se crió en una ciudad aristocrática, rodeado de familias burguesas como la suya. A pesar de la oposición de sus padres, no tardó en demostrar que estaba hecho para jugar al fútbol.

A los 16 años se enroló en el Eintracht de Braunschweig, donde se ganó el apodo de Tull, en honor delantero del Tottenham Hotspur Walter Tull. Un futbolista negro, uno de los mejores delanteros de la época, que rompió todas las barreras del racismo de su época.

Con tan solo 20 años Harder dio el salto al Hamburgo, una de las grandes potencias del fútbol alemán. El estallido de la Primera Guerra Mundial provocó, como a todos, un parón en su carrera deportiva. Harder, que se había alistado voluntariamente en el Ejército alemán, fue enviado al frente occidental, del que regresó con la Gran Cruz de Hierro de Primera y Segunda clase del Reino de Prusia.

Tras volver como un héroe de guerra Harder volvió al fútbol, al Hamburgo, dispuesto a seguir marcando goles. De hecho, según apuntan algunos registros (hay que señalar que entonces no se entendían las estadísticas ni registros oficiales en el fútbol como hoy) llegó a anotar 387 goles en 211 partidos. Especialmente histórico fue el duelo ante el Wandsbeker en enero de 1928, en el que el delantero alemán anotó 12 goles en la victoria de su equipo por 18 a 5.

Es evidente pues que estamos hablando de uno de los mejores delanteros de Europa durante los años 20, estrella de un buen equipo como era el Hamburgo, y una pieza importante en la selección alemana.

Era, como recogen las crónicas de la época, un delantero de enorme físico, con un metro noventa centímetros de altura, gran potencia y velocidad, no exento de técnica, y con una abrumadora facilidad para marcar goles. Anotaba desde cualquier posición y cualquier distancia. No es de extrañar que los aficionados del Hamburgo le dedicaran una canción que decía ‘si juega Harder Tull, entonces tres a cero’.

Durante las 14 temporadas que vistió la camiseta del Hamburgo conquistó dos campeonatos nacionales y diez campeonatos de Alemania del Norte.

También goleó con la selección alemana, con la que jugó 15 encuentros sumando un total de 14 goles. Aunque en su haber queda el hecho de que, por distintos motivos, jamás disputó ninguna cita internacional de relieve.

Estrella del Reich

Su importancia como futbolista era tan grande, que el nacionalsocialismo alemán no dudó en usar su figura. A pesar de que Hitler nunca fue muy admirador del fútbol, sí sabía de la importancia de éste y de sus estrellas para con el pueblo. Así que decidieron utilizar la imagen de uno de los futbolistas más reconocidos del momento.

Además, Harder era el modelo perfecto de la raza aria: rubio, alto, excelente deportista, con buena presencia, educado, con éxito entre la juventud… Participó en diversos anuncios y carteles, y protagonizó la película Der König der Mittelstürmer (El Rey de la Delantera), que ensalzaba las bonanzas del nazismo a través del fútbol. El papel de Harder lo interpretó el célebre Paul Richter.

A todo ello hay que añadir que Otto Harder nunca escondió su simpatía por el nuevo partido nazi. Como tantos otros alemanes creía, al menos en un principio, en aquello que promulgaba Hitler y el nazismo. Y por eso ingresó en el partido, sin pensar jamás en lo que llegaría más tarde.

Prueba de ello es que jamás le molestó que le apodaran Tull –recordemos, un futbolista negro-, ni negó nunca la amistad a su compañero de equipo Absjorn Halvorsen, futbolista noruego de ascendencia judía. Una relación, por cierto, que el régimen siempre trató de ocultar.

De futbolista a SS

Con 42 años, en 1934, Harder pasó a ser miembro de las SS, algo muy habitual entre los soldados que habían combatido en la Primera Guerra Mundial. Tras el comienzo de la Segunda Guerra Mundial fue enviado a vigilar el campo de concentración de Sachsenhausen. Muy a su pesar, pues su intención era la de volver a participar en la contienda.

De Sachsenhausen pasó a Neuengamme Wache, en su Hamburgo; de ahí a Verwaltung, después a Hannover-Stöcken, y finalmente a Hannover-Ahlem. Seis años de campo de concentración en campo de concentración, pero siempre con un denominador común: un balón de fútbol.

Pese a que su trabajo como SS en los campos de concentración era otro –y evidentemente, muy reprobable-, no es menos cierto que Harder siempre se preocupó de que los presos tuvieran un balón para poder distraerse mínimamente de su triste realidad diaria. Y cuando llegaba el domingo, los presos que gozaban de buena salud (es decir, aquellos que tenían, por decirlo de alguna manera, la suerte de trabajar en la cocina, la lavandería o el hospital de campo) disputaban partidos organizados por el propio Harder.

Porque Harder siempre confió en la esencia que el fútbol podía aportar a aquellos prisioneros demacrados que no podían hacer nada juntos: la unión que les podía conferir el jugar con el balón; el recobrar la esperanza de que eran personas que juntas podían formar parte de algo: de un equipo, de un partido... Muy poco comparado con la barbarie de la que Harder era cómplice como SS de un campo de concentración, cierto. Pero por poco que sea, permitía algo de ilusión y distracción entre unos prisioneros al borde del abismo.

Condenado a prisión

En 1945, Tull Harder fue detenido por los británicos y encarcelado en Iserbrook, cerca de Hamburgo. En 1947 se inició el proceso militar contra el exfutbolista y otros cuatro altos cargos de las SS, a los que se acusaba de crímenes de guerra en Hannover-Ahlem.

"Nunca noté que sucediera nada fuera de lo normal. No niego que hubiese incidentes menores y castigos para los infractores que no cumplían con las normas de limpieza, orden y disciplina que se aplican en este tipo de campos, pero esto sucedió siempre en el contexto de la decencia humana", declararía Harder en su juicio, añadiendo que "tengo que reconocer que los testimonios que he podido escuchar en este juicio acerca de lo que sucedía en mi campo me han dejado casi sin palabras. Esas cosas, de ser ciertas, habrían sucedido sin mi consentimiento".

El tribunal consideró que a pesar de formar parte del engranaje y saber que se cometían abusos, no fue responsable directo ni consciente de las atrocidades descubiertas durante los juicios. Fue condenado a quince años de cárcel, que pronto se reducirían a diez. Finalmente, fue indultado por las autoridades británicas en 1951, tras haber cumplido cuatro años de condena.

Poco tiempo después acudió al estadio del Hamburgo, siendo aclamado por los aficionados. Su relación con el nacionalsocialismo cayó pronto en el olvido. Todos veían en él únicamente al futbolista que había sido, al ídolo del Hamburgo y a uno de los mejores goleadores alemanes de todos los tiempos. Y así se marchó del mundo, el 4 de marzo de 1956, a la edad de 63 años.

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