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La triste transformación de los estadios de fútbol: de la originalidad a la homogeneidad

El nuevo fútbol ha dejado atrás los viejos estadios repletos de singularidades y originalidad para dar lugar a recintos homogéneos y «globales».

El nuevo fútbol ha dejado atrás los viejos estadios repletos de singularidades y originalidad para dar lugar a recintos homogéneos y «globales».
El antiguo Wembley en 2002 | EPA

En plena remodelación de algunos de los estadios más emblemáticos del fútbol mundial, muchos aficionados se preguntan lo siguiente: ¿por qué todos los nuevos estadios de fútbol parecen iguales? Las mismas constructoras, los mismos arquitectos, estructuras similares y recintos simétricos. Repasamos lo que ha pasado estos últimos años y recordamos algunos de los estadios más emblemáticos de la historia de este deporte.

El mundo del los estadios de fútbol está repleto de simbolismos, peculiaridades e historias. Los viejos campos ingleses estrechos, el viejo arco de San Mamés, la Bombonera de Buenos Aires, la mítica vieja araña del Estadio Azteca que hacía sombra o las dos torres del antiguo Wembley. Todos ellos diferentes y con una esencia que se está perdiendo.

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El arco de San Mamés y la araña del viejo Azteca

Algunos sobreviven al paso del tiempo y siguen siendo motivo de peregrinaje para aficionados al fútbol, mayores y jóvenes. La inconfundible torre neoclásica del Estadio Renato Dall’Ara de Bolonia perdura como la joya de la corona del fútbol italiano: el club quiere remodelar el estadio pero esa torre es intocable. Y los aficionados lo agradecen: la reliquia que tiene casi cien años de historia (se construyó en 1927) no se puede perder.

Como en el caso del Bolonia, en ocasiones sólo una particular estructura es la que destaca. Si viajamos al otro lado del charco, nos encontramos con la mítica Bombonera de Boca Juniors en la capital de Argentina, con una grada lateral inexistente, donde sólo hay palcos y boxes para periodistas. También es muy original el Monumental de Lima en Perú, con unas gradas verticales en la parte superior que rodean el campo. Reliquias que perviven frente al nuevo mundo del fútbol.

En el país de la cuna del deporte rey se está viviendo también un proceso de transformación. Algunos ya son historia, como el viejo Wembley y sus emblemáticas torres, el alma de Highbury (Arsenal), Maine Road (del Manchester City) , Boleyn Ground (del West Ham) o incluso White Hart Lane (del Tottenham).

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Villa Park (sup. izq.), Craven Cottage (sup. dch.), viejo Wembley (inf. izq.) y Maine Road (inf. dch.)

Algunos clubes se han visto obligados a remodelar sus estadios, conservando la esencia de los mismos como en el caso de Old Trafford, Anfield, Villa Park. Y también están los que han resistido al paso del tiempo: algunos clubes se han negado a tocar lo que sus aficionados consideran, y con razón, patrimonio histórico del fútbol. Hablamos de Craven Cottage, el inigualable recinto del Fulham, Elland Road del Leeds o por supuesto Hillsborough, el estadio del Sheffield Wednesday y que es conocido por la muerte de los 96 aficionados del Liverpool en un partido en 1989.

Si en el siglo XX había un patrón de estadio: cada país tenía el suyo. Las tendencias arquitectónicas eran distintas en cada país. Por ejemplo, en el norte de Europa como en Inglaterra o Alemania, se buscaban estadios con tejados bajos, geometría cuadriculada y por lo general, gradas separadas en cuatro.

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Highbury (arriba), Goodison Park (izquierda) y Westfalenstadion (derecha)

Cabe destacar que en el país germano, por una razón u otra, han intentado conservar el aroma de originalidad en sus reformas y construcciones nuevas. El Estadio Olímpico de Berlín sigue siendo para muchos el campo de fútbol con pista de atletismo más bonito de todos, con sus dos torreones y su particular apertura en uno de sus fondos. Y si viajamos a Múnich, el nuevo Allianz Arena de 2005 es un estadio totalmente original y único en su especie por su curiosa fachada circular LED que cambia de colores.

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Estadio Olímpico de Berlín (izq.) y Allianz Arena (dcha.)

En el sur de Europa fue distinto. Con mejores temperaturas y condiciones climatológicas, los estadios acostumbraban a ser abiertos, con gradas conectadas por los lados y con un tejado situado sólo en una de las gradas laterales del estadio, como en el Camp Nou, Mestalla o el Vicente Calderón.

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Vicente Calderón (superior izq.), Mestalla (superior dch.) y Camp Nou (inferior)

En Sudamérica predominaban los estadios circulares: el Monumental de River Plate, el Maracaná, el Morumbi de Sao Paulo o el Perón de Racing Avellaneda, popularmente conocido como el Cilindro.

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Monumental de River (sup. izq.), Maracaná (sup. dch.), Morumbi (inf. izq.) y el Cilindro (inf. dch.)

En el siglo XXI, todo ha cambiado con las cantidades ingentes de dinero que manejan los grandes clubes; y todo ello también se ha reflejado en la construcción de los estadios. Algunos por necesidad y seguridad, y otros por la codicia de sus propietarios, los viejos estadios han ido desapareciendo o evolucionando con remodelaciones.

Algunos de los primeros ejemplos fueron el Estadio Da Luz de Lisboa y el Emirates del Arsenal: diseñados en 2003 y 2006 por la misma empresa de arquitectura. Apenas hay diferencias entre ambos recintos. De hecho, el Milan y el Inter han llegado a un acuerdo para demoler San Siro y construir un estadio que llevará la firma de los mismos arquitectos que los del Benfica y Arsenal.

Es verdad que no todos los estadios se ven igual: nada tiene que ver el nuevo Bernabéu con el nuevo Camp Nou, por poner un ejemplo, pero parece evidente que la tendencia general es de unificar estructuras y diseños. Una unificación que hace que los templos del fútbol pierdan su esencia y sean simples campos de fútbol en los que uno no podría saber si está en Lisboa, Milán, Londres o Doha. El nuevo fútbol.

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