Menú

1965: Los problemas de Luis Suárez con su antiguo público del Camp Nou

Vigésimo tercer artículo de Historias de Fútbol, de la mano de CIHEFE, recordando la figura de Luis Suárez Miramontes, recientemente fallecido.

Vigésimo tercer artículo de Historias de Fútbol, de la mano de CIHEFE, recordando la figura de Luis Suárez Miramontes, recientemente fallecido.
La polémica 'butifarra' de Luis Suárez en 1965 en el Camp Nou. | CIHEFE

El pasado día 9 de julio fallecía en su domicilio de Milán, a los 88 años de edad, Luis Suárez Miramontes, Luisito Suárez, o más bien Don Luis Suárez, posiblemente el mejor centrocampista ofensivo que haya dado nunca el fútbol español. Con motivo de su triste óbito han sido muchos los testimonios que han recordado su excelsa calidad como jugador, su posterior aportación en los banquillos, sobre todo al servicio de distintas categorías de nuestra selección, y su gran talla humana, pero tampoco esta de más subrayar que hubo quien en su día le negó el pan y la sal, demostrando una absoluta ceguera futbolística, algo que tuvo su momento culminante una cálida noche de agosto de 1965 en el Camp Nou barcelonés, escenario de tantas lecciones magistrales suyas, provocando una instintiva y airada reacción por parte del gran interior gallego.

Fue un gesto indudablemente grosero, muy comentado en su momento, y que vino a poner de manifiesto que el divorcio entre Luis Suárez —todavía a día de hoy el único futbolista masculino nacido en España galardonado con un Balón de Oro— y la que había sido su afición durante siete temporadas seguía aun vivito y coleando, cuatro años después de que abandonase el feudo azulgrana rumbo al Calcio. Y eso que el partido que enfrentaba al Barcelona y al Inter de Milán tenía carácter amistoso, pero las diferencias entre jugador y buena parte de los aficionados culés venían de antiguo, y todavía levantaban ronchas.

1407-onceinter.jpg

Nace una estrella

Luís Suárez Miramontes había nacido en La Coruña en mayo de 1935. Menudo de cuerpo, pero dotado de un talento para el fútbol y una elegancia excepcionales, a los 18 años ya era titular en el primer equipo del Deportivo, al lado de gente como Acuña, Zubieta, Corcuera, Oswaldo, Pahiño, Moll, Arsenio o Tino. Había debutado precisamente en Les Corts, con una abultada derrota deportivista, pero ya evidenciando unas maneras más que prometedoras, y un directivo azulgrana, el empresario textil vallesano con intereses en Galicia Antonio Tamburini, va a ser clave en su fichaje. En un principio, la pieza que el Barça pretendía cobrar era el interior uruguayo Dagoberto Moll, pero al final, por algo menos de medio millón de pesetas, se hará un pack con el charrúa y el jovencísimo Suárez, a quien todo el mundo llamaría Luisito durante bastante tiempo, incluso cuando ya comenzaba a ralearle el pelo en la coronilla.

1407-luissuarez-barca-1.jpg

Este Suárez todavía adolescente, del que Pep Samitier profetizaba que un día podría hacer olvidar a Kubala y a él mismo, se estrena con el Barça en la Copa del Generalísimo de1954, y se alinea en la final del torneo como interior derecho, en un partido disputado en el entonces habitual marco del Nuevo Chamartín —a punto de ser rebautizado como Santiago Bernabéu—, y en el que un Valencia sin su gran figura, el holandés Faas Wilkes, va a batir a un Barcelona sin Kubala —gravemente lesionado en la eliminatoria frente al Athletic de Bilbao en San Mamés— por un concluyente 3-0 (Fuertes (2) y Badenes), la tarde en la que Quique, el guardameta del cuadro ché, se encaramó al larguero para demostrar su alegría por el triunfo, quedando inmortalizado para la posteridad.

El muchacho irá entrando poco a poco en la dinámica del primer equipo azulgrana, aunque en la temporada siguiente se lo prestarán para varios partidos a la España industrial, de Segunda División, un curioso equipo de barrio barcelonés que hacía las veces de conjunto filial y nodriza, y a donde bajará de la mano del veterano César, un señor calvo que casi podía ser su padre. Pero la clase, sobre todo cuando es tan superlativa como la de Luís Suarez —conjugando elegancia, visión de juego y definición—, acaba imponiéndose finalmente, y el galleguiño, con sólo 21 años, se hará con un puesto en el once titular, dando el salto a la selección española a principios de 1957.

Luego, con la llegada de Helenio Herrera al banquillo azulgrana, el técnico trotamundos confiará ciegamente en él y le entregará la manija del equipo, en detrimento de Ladislao Kubala, el gran ídolo de la afición pero ya veterano y muy minado por las lesiones. Buena parte del publico del Camp Nou no quiso entender este lógico y natural relevo generacional, y la tomó con Suárez, abroncándole al menor fallo. De ese modo la grada se dividió entre kubalistas y suaristas, remedando aquellas rivalidades taurinas de antaño entre Joselito y Belmonte u otros matadores, aunque ambos jugadores, en lugar de reproducir dicho enfrentamiento, se llevaban muy bien, y colaboraban, cada uno en su medida, en los grandes éxitos del bienio herreriano (1958-60)

En Milán sí supieron apreciar su fútbol

Finalmente el Mago va a abandonar el Camp Nou, rumbo al Inter de Mián, en 1960, tras una semifinal de la Copa de Europa perdida frente al Real Madrid, y un año más tarde será el propio futbolista —ya con el Balón de Oro concedido por la revista France Football en su maleta— quien siga sus pasos después de un sensacional traspaso que dejó en las exhaustas arcas del Barça, endeudado hasta las cejas por la escalofriante factura de su nuevo campo, la entonces fabulosa cantidad de 25 millones de pesetas, en una decisión que se revelará como estratégicamente desastrosa, pues no contribuirá a enjugar su ingente deuda, pero privará al equipo del jugador que estaba llamado a ser su líder y referencia para toda la década de los años 60, que por el contrario va a convertirse en un decenio completamente estéril para los azulgranas..

Sin embargo serán los negriazules milaneses quienes aprovechen y saquen todo el partido a su gran talento. Nueve temporadas permanecerá Luis Suárez en San Siro con los tifossi paladeando sus virtudes, que se materializaron en un glorioso balance de tres scudettos, dos Copas de Europa y otras dos Intercontinentales. Siempre a las ordenes de HH, irá retrasando paulatinamente su posición en el campo, jugará dos Mundiales con España —Chile’62 e Inglaterra’66—, y en 1964, tal vez su mejor año, en plena madurez, va a proclamarse campeón de Europa con nuestro combinado nacional, al derrotar a la URSS por 2-1 en Madrid.

En 1970, con Herrera ya fuera del Inter, abandonará también al conjunto lombardo para ir a apurar sus tres últimas temporadas como futbolista en activo en la Sampdoria genovesa, donde colgará las botas en 1973, tras veinte años como profesional. Luego vendrían los banquillos, la secretaría técnica interista, y después los micrófonos, donde también iba a sentar cátedra con sus amplios conocimientos y su particular ironía.

La noche de autos

El día 25 de agosto de 1965 vuelve el fútbol al Camp Nou, levantando el telón de la temporada 65-66. Esa noche se va a presentar ante su afición el Barça, con sus nuevos fichajes (Gallego, Muller y Serafín), dirigido por su flamante entrenador Roque Olsen, y ante un rival de excepción, nada menos que el Inter de Milán, vigente campeón de la Copa de Europa y de la Intercontinental, o lo que venía a ser lo mismo, el mejor equipo del mundo en ese preciso momento. Y con el morbo añadido de tener en sus filas a Luis Suárez, un futbolista al que la parroquia culé no había sabido apreciar en todo su valor —que era mucho—, y sentado en el banquillo al inefable Helenio Herrera, el famosísimo HH, el último técnico que le había hecho ganar la Liga al Barça, cinco temporadas atrás, y desde entonces confeso objeto de deseo del club catalán, aunque en Milán estaba tan a gustito. Se pone en juego el II Trofeo Danone, un enorme copazo bastante horterilla, valorado en 50.000 pesetas de la época —todo un dineral— y cedido por la conocida marca de yogures.

1407-cartel-barcainter-danone.jpg

A las órdenes del colegiado catalán señor Pintado Viu, don Gaspar, ambos equipos forman de la siguiente manera: por el Barça, Sadurní; Benítez, Olivella, Eladio; Muller, Gallego; Serafín, Pereda, Re, Seminario y Vicente, y por los milaneses, Sarti; Burgnich, Guarneri, Facchetti; Bedim, Picchi; Jair, Mazzola, Peiró, Suárez y Corso, es decir, su equipo de gala, con la presencia de los dos cracks españoles, Joaquín Peiró y Luis Suárez.

1407-barcainter-65.jpg

No era la primera vez tras su marcha a Italia que Luis Suárez jugaba en el Camp Nou con la camiseta del Inter (o mejor dicho, con su segunda equipación, por similitud de colores). Lo había hecho ya en otro amistoso en enero de 1962, que se saldó con victoria azulgrana por 2-1 (Evaristo y Zaballa marcaron por los locales, y Corso por el conjunto lombardo). En aquella ocasión Suárez no lució, férreamente marcado por Ramón Marañón, un futbolista cántabro que no cuajó en el Barça, pero que triunfaría años más tarde, ya veterano, en las filas del Sabadell dirigido por Pasieguito, un equipo confeccionado a base de retales, y que acostumbraba a servir de cementerio de elefantes para antiguos barcelonistas (a veces se reunían en la plantilla arlequinada hasta siete u ocho ex).

Nada más ponerse en juego el balón, en el minuto 2, Chus Pereda abre el marcador para los catalanes. Seguidamente Suárez va a intervenir con peligro, mediante un disparo que saldrá alto y una pelota franca que le quitará Benítez en última instancia. Y ya iba un tanto calentito cuando en el minuto 38 le hace una dura entrada al debutante Gallego, un futbolista joven pero ya suficientemente cuajado, que el Barça acababa de fichar procedente del Sevilla a cambio de una elevada cantidad de dinero. El señor Pintado —que por lo demás va a barrer bastante para casa, obviando un posible penalti cometido sobre Peiró— sanciona la falta entre las protestas del publico hacía su antiguo jugador, el cual reaccionará de forma airada, dedicándole un corte de manga (obsceno gesto conocido como ‘butifarra’ en Cataluña), seguramente recordando pasados agravios.

1407-luissuarez-barca-inter.jpg

Lógicamente la bronca va a arreciar, y es entonces cuando el propio Suárez abandona el terreno de juego y se dirige hacia el vestuario visitante, siendo sustituido por un entonces principiante Angelo Domenghini. Luego el Barça —que reemplazará al también debutante Serafín por Quimet Rifé— marcará otros tres goles por obra de Pereda, nuevamente, Seminario y Re, y el encuentro finalizará con un claro 4-1 favorable a los locales, conquistando así el aparatoso trofeo en disputa frente a un rival del máximo nivel pero que actuó a medio gas. Y, por supuesto, el feo gesto de Suarez será la comidilla de los aficionados, junto a cierta prematura euforia, algo muy típico por aquel entonces en Can Barça.

Justo un año más tarde, el presidente Enric Llaudet crearía un trofeo cuadrangular para honrar la memoria de Hans Gamper, el hombre que 67 años antes había echado a rodar el balón blaugrana, muy en la liínea de los torneos veraniegos que estaban comenzando a proliferar a todo lo largo y ancho de la geografía española, siguiendo la estela de los clásicos Teresa Herrera coruñés y Ramón de de Carranza gaditano. En esa primera edición de 1966, junto al anfitrión barcelonista intervinieron el Nantes francés, el Anderlecht belga y el Colonia alemán, alzándose con el triunfo el cuadro local. Y ya desde entonces, y durante mucho tiempo, el Gamper va a servir de presentación del Barça ante sus incondicionales y no pocos turistas, en un par de noches mágicas en las que se recargaban las baterías del sentimiento barcelonista, y que en tiempos de vacas flacas cumplían la función de que el socio y el seguidor culé renovasen sus esperanzas de todas las temporadas, resumidas en las consabidas frases "Ja tenim equip" y "Aquest any sí".

1407-luissuarez-barca-2.jpg

Jugador y público liman sus diferencias

¿Y Luis Suarez? Pues en esta ocasión el enfado del publico barcelonista con el coruñés no tardó demasiado tiempo en disiparse, y sólo tres años más tarde, en octubre de 1968, el único Balón de Oro masculino español hasta la fecha retornaba al Camp Nou, ahora con motivo el partido de homenaje que se le brindó a su antiguo compañero Sandor Kocsis, retirado del fútbol dos años antes. El rival del Barcelona en esta ocasión fue el Hamburgo alemán, equipo con el que se había visto las caras en dos reñidas eliminatorias continentales (Copa de Europa 60-61 y Recopa 63-64, que habían necesitado de sendos encuentros de desempate), y Suárez formó con el conjunto azulgrana, reforzado con el sabadellense Arnal, el valencianista Waldo, el pontevedrés Roldán y el infortunado y gran jugador de la Unión Deportiva Las Palmas Juanito Guedes), siendo sus evoluciones muy aplaudidas por un público que quiso cerrar así viejas heridas.

1407-luissuarez-barca-3.jpg

Aun volvería en otra oportunidad como futbolista al Camp Nou, en enero de 1970, para disputar una eliminatoria de la Copa de Ferias en la cual un Inter ya venido a menos, y dirigido por Heriberto Herrera, HH II, dejaría en la cuneta al Barça. Poco después pasaría a la Sampdoria, donde se despediría del fútbol activo para iniciar una carrera como técnico, dirigiendo a varios equipos en Italia y España, y llevando las riendas de la selección nacional, desde las categorías inferiores a la absoluta, aunque su trayectoria sería más exitosa con las segundas que con los primeros.

Todo un fenómeno Don Luis Suarez. Que la tierra te sea leve, Maestro, y un millón de gracias por todo lo que nos hiciste disfrutar por esos campos del Señor.

Temas

En Deportes

    0
    comentarios