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Emérico Hirschl, el 'Mago' del fútbol argentino que salvó a centenares de judíos

Hirschl nació en Hungría, pero maravilló en Argentina y Uruguay. Por su fútbol revolucionario, por sus éxitos, y por su solidaria historia personal.

Hirschl nació en Hungría, pero maravilló en Argentina y Uruguay. Por su fútbol revolucionario, por sus éxitos, y por su solidaria historia personal.
Emérico Hirschl, durante su etapa como entrenador de Peñarol | Archivo

Tal día como hoy, de hace 50 años, se despedía de este mundo Emérico Hirschl. Un hombre para el que el fútbol nunca estará suficientemente agradecido. Su llegada a América, fruto de la crueldad de su época, supuso toda una revolución en el fútbol continental. Sus éxitos en Argentina y Uruguay le encumbraron. Su generosidad para ayudar a los demás, aun a riesgo de perder su vida, le convirtieron en eterna leyenda.

Un desembarco forzado

El 11 de junio de 1900 ve la luz en Budapest Imre Hirschl. Su gran pasión es el fútbol. Pero apenas tiene tiempo de disfrutarla, porque con 16 años es enviado al frente. A la Primera Guerra Mundial.

Consigue regresar. Pero con un estigma del que no podrá huir jamás: es judío. Poco importa que más del 20% de la población de Budapest en aquellos años 20 sea judía. El antisemitismo se ha instaurado en la ciudad, provocado sobre todo por la breve República Soviética húngara y la asociación mental entre comunismo y judíos. Aún no se alcanzan los niveles a los que se llegarán una década después, pero por ejemplo se limita el porcentaje de alumnos que puede estudiar en un centro de educación, o se obliga a muchos judíos a realizar los trabajos más pesados.

Por ese, Imre lo tiene claro: debe huir. Para desarrollarse, y para ayudar económicamente a su familia.

La oportunidad se produce en 1929. Hirschl juega en el Ferencvaros, y el equipo realiza una gira por América para recaudar fondos. Comienza por Estados Unidos, y se van desplazando hacia el Sur, pasando por Brasil, hasta llegar a Argentina.

Imre Hirschl, ante las noticias poco alentadoras que le llegan de su país y de toda Europa, decide quedarse finalmente en Brasil. No será el único. Lo hace para colaborar como como preparador físico y ayudante de campo, y poco después dirigirá al Palestra Italia (que terminaría derivando en el Palmeiras).

Su idea inicial es regresar a casa. Pero en 1932 observa desde la distancia cómo Gyula Gömbös, destacado antisemita, es nombrado primer ministro Húngaro. Está claro. No puede volver.

Es entonces cuando decide mudarse a Argentina. Recala en el Club de Gimnasia y Esgrima La Plata. Y todo cambia para siempre.

Primer Oriundo

Con su llegada a Gimnasia, Imre Hirschl, que desde entonces pasa a llamarse Emérico Hirschl -por aquello de españolizar su nombre- se convierte en el primer director técnico extranjero del fútbol profesional argentino. Y lleva con él sus conocimientos europeos. Entre otros, la preparación física. En unos tiempos en que en el continente aún se dejaba en un segundo –o tercer– plano, incluye en su equipo técnico a Alejandro Stirling, entrenador de corredores olímpicos como Juan Carlos Zabala, ganador de la medalla de oro en maratón en Los Ángeles 1932. Es, para muchos, el introductor del fútbol moderno en Argentina.

Los resultados también acompañan. Gimnasia realiza una campaña brillante, goleando a grandes rivales como Boca Juniors o San Lorenzo, y termina subcampeón. Un equipo que será siempre recordado como El Expreso.

El siguiente paso será River Plate. No sin antes cumplir otra hazaña: será el primer entrenador por el que se pague una cantidad económica por su contratación. Concretamente, $5.000 moneda nacional.

Y Emérico Hirschl cumple con las expectativas. Entre 1935 y 1937 conquista nada menos que seis títulos: 2 campeonatos nacionales, 2 copas nacionales, y 2 Copas Aldao, algo así como la precursora de la Libertadores.

Además, en ese tiempo lleva al primer equipo a varios futbolistas que terminarían por consagrarse en leyendas de River Plate, como Adolfo Pedernera o José Manuel el Charro Moreno, el futbolista que inspiró a Di Stéfano. Puede decirse, por tanto, que Emérico Hirschl puso los cimientos de lo que años más tarde sería conocido como La Máquina, uno de los mejores equipos de la historia del fútbol mundial.

No es de extrañar que se le apodara como ‘El Mago’. Para siempre.

En 1938 Emérico Hirschl es designado seleccionador argentino. Debía dirigir a la albiceleste en el Mundial de Francia. Pero finalmente Argentina no participa. Decide entonces regresar a Gimnasia y Esgrima, y al año siguiente recalará en el Club Rosario Central.

Tras un escándalo de sobornos a comienzos de la temporada 42-43, Hirschl, que pasó a ser tan repudiado como amado en Argentina, decide marcharse a Uruguay. Ahí dirige a Peñarol, y logrará el Campeonato Uruguayo de Primera División 1949. Lo hace con futbolistas como Alcides Ghiggia, Juan Alberto Schiaffino, Obdulio Varela o Roque Máspoli. Puede decirse, también, que Hirschl conformó la base del equipo uruguayo que se proclamará campeón del mundo en 1950.

Héroe judío

Pero paralelamente a toda aquella brillante carrera como entrenador, Emérico Hirschl llevará a cabo la que sería su mayor proeza: salvar la vida a centenares de judíos. Y lo hizo a través del fútbol.

Tras la llegada de Hitler al poder, los judíos son expulsados de manera progresiva del país. Aún no ha puesto en marcha su 'solución final'. Y uno de los destinos más buscados por los judíos expulsados es Argentina. Pero el ministro de Relaciones Exteriores
José María Cantilo firma una orden mediante la cual se prohíbe el visado a quiénes hubieran sido expulsados de su tierra de origen o fueran considerados indeseables.

Es entonces cuando, en colaboración con las organizaciones judías del país, Emérico Hirschl entra en acción. Se desplazaba hasta el puerto, y ahí hablaba con los empleados. Aprovechando su fama, y la pasión de todos por el fútbol, convencía a los portuarios para que aquellos judíos que llegaban sin visado pudieran desembarcar. En ocasiones, anunciándoles que se trataba de futuros futbolistas. En otras, simplemente distrayendo a los trabajadores con sus historias futbolísticas, mientras otros colaboradores conseguían esconder a los huidos. Posteriormente, les ayudaba a refugiarse en el país.

Su labor era "secreta, oculta e ilegal", destaca Germán Roitbarg, periodista e investigador del proyecto museológico y educativo 'No fue un juego'. "Conformaba junto a un grupo de personas una organización que se dedicaba a dar ayuda humanitaria a los refugiados. Por las tardes, y en una actividad totalmente fuera de la ley, se acercaba a los empleados portuarios y utilizando su fama y su influencia como director técnico de River Plate, lograba hacerse con las bitácoras de los barcos para identificar a los refugiados, hacerlos descender de las naves y darles un primer destino en nuestro país".

Entre ellas, la que poco más tarde sería su mujer. "Mi papá ayudó a mi mamá a bajar del barco que venía con varias personas que huían del nazismo", relata Gabriela Hirschl en esta magnífica pieza de Infobae. "Lo hacía con gusto. Era una forma de estar más cerca de su familia. Salvar a los judíos de ser exiliados obligatorios es lo que para nosotros es un mitzvá, un mandamiento, una obra de bien, hacer algo justo, algo que corresponde hacer. Lo hacía porque sentía que debía contribuir a sus orígenes", añade.

Obviamente, se desconoce a cuántos judíos exiliados, expulsados, 'indeseables', pudo ayudar Emérico Hirschl. No existe ningún registro que lo recoja. Pero se afirma que fueron varios centenares. Centenares de personas que pudieron encontrar cobijo cuando lo tenían prohibido.

Emérico Hirschl fallecería de una insuficiencia cardíaca el 23 de septiembre de 1973 en Buenos Aires. 50 años ya de la marcha del primer técnico extranjero en dirigir en el fútbol argentino, de un entrenador leyenda en Argentina y en Uruguay, y sobre todo, de un perseverante rescatador de vidas judías que huían del nazismo.

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