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'La Verdad del caso Negreira': Gil Manzano confesó la farsa de los árbitros que como él votan en la Asamblea de la RFEF

Así se recoge en el libro ‘La verdad del caso Negreira’ escrito por el exárbitro Xavier Estrada Fernández y el periodista de LD Miguel Ángel Pérez.

Así se recoge en el libro ‘La verdad del caso Negreira’ escrito por el exárbitro Xavier Estrada Fernández y el periodista de LD Miguel Ángel Pérez.
El árbitro de Primera División, Jesús Gil Manzano. | Cordon Press

El árbitro extremeño de Primera División, Jesús Gil Manzano, confesó la farsa de los colegiados que como él votan en la Asamblea de la Real Federación Española de Futbol (RFEF) dirigidos por la propia RFEF o por el Comité Técnico de Árbitros (CTA): "Lo mío es puro trámite".

Así se recoge en un capítulo del libro ‘La verdad del caso Negreira’ escrito por el exárbitro Xavier Estrada Fernández y el periodista de tribunales del Grupo Libertad Digital Miguel Ángel Pérez, editado por La Esfera de los Libros.

El pasado mes de marzo, Gil Manzano protagonizó una gran polémica al final del encuentro Valencia-Real Madrid del campeonato de Liga. El colegiado pitó el final del partido justo cuando los blancos culminaban su ataque contra la portería valencianista con un gol de Jude Bellingham, que nunca llegó a subir al marcador por la decisión del colegiado extremeño y que habría supuesto la victoria de los merengues. El jugador blanco fue finalmente expulsado por espetar en inglés a Gil Manzano "It's a fucking goal!" ("¡Es un puto gol!").

Extracto del libro ‘La verdad del caso Negreira’:

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El libro 'La verdad del caso Negreira'.

Mi vida en el Comité Técnico de Árbitros tras presentar la querella solo podía ir a peor y, desgraciadamente, así fue. Sin quererlo, me vi obligado a emprender diferentes acciones legales con el objetivo de salvaguardar mis derechos laborales y mis derechos fundamentales. Aún seguía en activo como árbitro de VAR cuando tuve que presentar una demanda laboral.

Todo comenzó meses antes, cuando trascendió internamente que el CTA no tenía claro qué iba a hacer a partir de julio de 2023 con un grupo de árbitros VAR específicos que habíamos cumplido dos años en el cargo, entre los que me encontraba. Incluso había rumores de que se había celebrado una reunión de la Comisión Delegada de la Asamblea General de la Federación Española el 16 de noviembre en la que se certificó nuestro despido. Lo supe gracias a la llamada de un compañero: «¿Te has enterado de que han votado en la Comisión Delegada de la Federación que a los dos años os echan?».

La Comisión Delegada de la Asamblea General está compuesta por 12 miembros, de los cuales un tercio corresponde a los presidentes de Federaciones de Ámbito Autonómico, otro tercio a los clubes y otro tercio al resto de los estamentos, es decir, a los futbolistas, árbitros y entrenadores. Entre los colegiados, se encontraba mi compañero de Primera División, Jesús Gil Manzano.

A dicha Comisión le corresponde, principalmente, la modificación del calendario deportivo y de los presupuestos, así como la aprobación y modificación de los reglamentos. También le compete la elaboración de un informe previo a la aprobación de los presupuestos o el seguimiento de la gestión deportiva y económica de la RFEF mediante la elaboración de un informe anual a la Asamblea General sobre la Memoria de Actividades y la liquidación del presupuesto.

En mitad de este runrún sobre nuestro futuro, un grupo de colegiados viajamos en diciembre de 2022 a Arabia para arbitrar una nueva edición de la Supercopa de España. Cuando estábamos en la sala vip del aeropuerto, nuestra continuidad se convirtió en tema de debate. Hasta ese momento, ni el presidente del CTA, Luis Medina Cantalejo, ni el responsable del VAR, Carlos Clos Gómez, ni el presidente de la Federación, Luis Rubiales, nos habían comunicado nada oficialmente al respecto.

Al llegar al hotel en Arabia decidimos coger el toro por los cuernos. Ignacio Iglesias Villanueva, José Luis González González, Santiago Jaime Latre, David Medié Jiménez y yo nos reunimos en una sala reservada para el Comité con Medina Cantalejo, Clos Gómez, Marcos Álvarez del CTA y el jefe de prensa, Ladislao García, para abordar nuestro futuro.

Le dijimos a Medina Cantalejo que nos habían llegado rumores sobre nuestra continuidad y él nos confirmó que, efectivamente, era así, que su intención era crear un nuevo grupo específico de VAR y que, por tanto, el tema estaba muy complicado y que en julio nos tendríamos que marchar. A continuación, pronunció una frase que se me quedó grabada: «Yo creo que es mejor irse con una sonrisa que con una úlcera».

Después de la reunión, les comenté a mis compañeros que Medina Cantalejo no empatizaba con nosotros, que no se ponía en nuestro sitio y que no iba a hacer absolutamente nada por ayudarnos, sino todo lo contrario, nos fastidiaría más si podía. Posteriormente, mi compañero José Luis González González pilló por banda a Rubiales para recriminarle su postura y este no supo dónde meterse.

Pasaron las Navidades y el 23 de enero de 2023, aprovechando que iba a arbitrar como VAR un encuentro con Jesús Gil Manzano en Valencia, le llamé por teléfono por la mañana. Durante la conversación que duró unos diez minutos, le recriminé que con su voto como miembro de la Comisión Delegada de la Asamblea General de la RFEF nos iban a echar a la calle a final de temporada. Para colmo, ni él ni la colegiada murciana, María Dolores Martínez Madrona, que también era miembro de la Comisión, nos habían informado sobre esta decisión ni habían defendido nuestros intereses como colegiados.

Gil Manzano me aseguró que su voto como miembro de la Comisión Delegada era únicamente un trámite, porque era una decisión ya adoptada por el Comité Nacional o por la Federación. Además, señaló que no podía saltarse los canales de comunicación establecidos para contárnoslo directamente a los afectados:

"La Comisión Delegada lo que lleva son las propuestas de la propia Federación, yo no sé si movidos por el Comité o por la propia Federación. Entonces, los motivos ya no los sé yo, ¿sabes? Los canales que tienen que comunicarlo son Luis (Luis Medina Cantalejo) o Rubi (Luis Rubiales), que son los responsables de que se dé ese cambio. Cuando llega a la Comisión Delegada es porque el Comité ya tiene decidido lo que va a hacer, porque la Comisión Delegada no deja de ser un trámite ya burocrático, un trámite burocrático propio de que ya se va a aprobar. Ese cambio, ya desde el propio Comité tendrían ellos la idea de hacerlo".

A continuación, le expliqué que el grupo de árbitros VAR estaba preocupado porque detrás de cada colegiado había una familia. También le transmití que dicha decisión se tenía que haber comunicado a los árbitros al final de la anterior temporada y no a mitad de año, sin posibilidad de podernos buscar una alternativa laboral. Gil Manzano se mantuvo en su línea excusándose:

"Lo mío es puro trámite. Eso se iba a aprobar igualmente, que no era algo que yo quisiera aprobar, sino que era algo federativo y era la propia Federación la que lo aprobó. Es verdad que soy el representante de los árbitros, pero es que allí vota todo el mundo. Las propuestas cuando se llevan a la Comisión Delegada es porque ya están más que… o sea que es solamente el trámite del sí o del no o de la abstención. Y dentro de todo eso, pues se aportaron muchísimos más reglamentos, que entraba dentro del cómputo global, por así llamarlo. O sea, que lo mío no era, no fue, no era más que un trámite".

Mi llamada a Gil Manzano no le sentó muy bien de cara al partido de ese día y le acabó pasando factura. En ese encuentro disputado en Valencia, tuve que intervenir varias veces desde el VAR para rectificar dos jugadas polémicas de penaltis que él había pitado. Se quedó nervioso y desconcentrado.

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José María Enríquez Negreira.

Negreira elegía a los árbitros del Joan Gamper en el Camp Nou

El problema era que el vicepresidente del CTA no quería que yo fuera árbitro internacional. En mi lugar, quería colocar al también colegiado catalán Alfonso Álvarez Izquierdo, que incluso contrató los servicios de coaching de su hijo Javier Enríquez. Sin embargo, el año que iba a ser promocionado, Álvarez Izquierdo protagonizó un escándalo al expulsar al jugador Sergio Ramos en un partido que enfrentó al Sevilla y al Real Madrid y sus aspiraciones se vieron truncadas.

Aun así, Enríquez Negreira lo aguantó y lo salvó del descenso, estaba en deuda con él. En esa misma temporada, protagonizó otro incidente en el estadio Santiago Bernabéu en un Real Madrid-Athletic de Bilbao con el jugador vasco Aritz Aduriz. Por todo ello, decidieron no ascenderlo a internacional. El alemán Bernd Schuster era el entrenador del equipo blanco y en la rueda de prensa, tras el partido, hizo un comentario sobre Álvarez Izquierdo, en plan «el árbitro es catalán, no hace falta decir más».

Álvarez Izquierdo era una apuesta personal del propio Enríquez Negreira. Yo en doce años solo pité dos ediciones del trofeo Joan Gamper que el Fútbol Club Barcelona disputa cada inicio de temporada en el Camp Nou. Un año, iba a ser yo el elegido para arbitrar y me pidió personalmente que el encuentro se lo dejase a Álvarez Izquierdo. Decidí cedérselo, tampoco tenía opción a negarme, en realidad. Es importante destacar que los árbitros nos podíamos embolsar entre 4.000 o 5.000 euros por un partido amistoso. En cualquier caso, el que decidía qué colegiado era el elegido para arbitrar cada año el trofeo Joan Gamper en el estadio del Barça era simple y llanamente el vicepresidente del CTA, el que «no pintaba nada».

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