
Brasil es un país que destaca por ser la cuna de grandes talentos futbolísticos, pero en esta ocasión, Bryan Pereira ha llamado la atención no solo por su habilidad sino también por su respeto a las raíces culturales. El joven de la selección Sub-11 de Brasil se pinta el cuerpo antes de cada partido para rendir homenaje a la cultura indígena de su familia.
Bryan nació en Aracruz y pertenece a la etnia tupinikim. Sus pinturas corporales, que no son tatuajes, se inspiran en elementos de la naturaleza y pueden expresar sentimientos, historia de su tribu o incluso servir como una forma de protección. Por ejemplo, las líneas largas rinden homenaje al caparazón del armadillo; sirve de escudo y protección. Su equipo, Craques do Futuro, apoya la iniciativa del joven brasileño.
A pesar de su corta edad, Bryan tiene las ideas claras: "Cuando voy a una competición, la pintura es una forma de protección y una forma de mostrar la identidad de mi pueblo tupiniquim", aseguró en A Gazeta. Además, ya tiene un sueño definido: "Siempre me ha gustado jugar a la pelota. Desde pequeño jugaba con amigos y primos. Hoy en día, entreno al menos cuatro veces a la semana. Mi sueño es ser jugador profesional", expresó el delantero.
La tierra natal
Los Tupinikim son un pueblo indígena del sudeste de Brasil, principalmente en el estado de Espírito Santo. Forman parte del grupo más amplio de los pueblos tupí-guaraníes, conocidos por su lengua tupí y sus tradiciones culturales y espirituales.
Fueron un grupo indígena encontrado por la escuadra portuguesa de Pedro Álvares Cabral el 23 de abril de 1500. A lo largo de su historia, los Tupinikim han vivido por la costa del Océano Atlántico, especialmente en la región de Vila Velha y áreas cercanas a Vitória, capital de Espírito Santo.
Aracruz, lugar de nacimiento de Bryan Pereira, es una de esas tierras indígenas que se sitúa en el estado brasileño de Espírito Santo, concretamente en el litoral norte a unos 70 kilómetros de Vitória.

