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El Madrid declara la guerra a LaLiga y la Federación por los derechos audiovisuales de la Copa

El club blanco impugna la comercialización conjunta de los derechos audiovisuales del torneo, alejándose de nuevo del consenso del fútbol español.

El club blanco impugna la comercialización conjunta de los derechos audiovisuales del torneo, alejándose de nuevo del consenso del fútbol español.
El presidente del Real Madrid, Florentino Perez. | Cordon Press

El Real Madrid ha decidido volver a desmarcarse del consenso del fútbol español y ha denunciado el acuerdo alcanzado entre LaLiga y la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) para la producción y comercialización conjunta de los derechos audiovisuales de la Copa del Rey para los próximos siete años. Así lo ha desvelado El Confidencial, que sitúa el último movimiento del club blanco en la línea de confrontación institucional que viene marcando su hoja de ruta en los últimos tiempos.

El acuerdo en cuestión abarca desde la edición recientemente disputada (temporada 2025/26) hasta la 2031/32 y fue presentado por sus impulsores como una herramienta para modernizar, profesionalizar y, sobre todo, maximizar el valor del torneo del KO. Una apuesta estratégica que, en teoría, beneficia al conjunto del ecosistema futbolístico español. Pero el Real Madrid no lo ve así.

Un modelo que busca "maximizar el valor"

Cuando Javier Tebas y Rafael Louzán —presidentes de LaLiga y la RFEF, respectivamente— sellaron el acuerdo, el mensaje fue claro: centralización para crecer. Según defendieron entonces, la producción y comercialización conjunta permite ofrecer un producto homogéneo, con estándares internacionales, capaz de competir en un mercado audiovisual cada vez más exigente.

La idea no es nueva, ni mucho menos. El modelo centralizado ya rige en LaLiga desde hace años y ha sido, de hecho, uno de los pilares de su crecimiento económico. La lógica es sencilla: vender juntos para repartir mejor. Evitar desigualdades extremas y construir una marca global más sólida.

Sin embargo, en los despachos de Valdebebas no comparten ese diagnóstico. El club que preside Florentino Pérez vuelve a cuestionar un sistema colectivo que, paradójicamente, también le beneficia. Y lo hace en un momento en el que su discurso insiste en la necesidad de reformular las estructuras del fútbol europeo.

La soledad del gigante

No es la primera vez —ni parece que será la última— que el Real Madrid se queda solo en una batalla institucional. La denuncia de este acuerdo refuerza la imagen de un club que actúa por libre, incluso cuando el resto de actores implicados caminan en la misma dirección.

Desde LaLiga no han tardado en reaccionar, recordando que la producción audiovisual centralizada ya ha sido validada judicialmente; es decir, no invade competencias ni supone una extralimitación, sino que responde a una necesidad operativa y estratégica: garantizar calidad, coherencia y protección del producto.

La patronal va más allá al subrayar que la comercialización conjunta es el mecanismo clave para evitar desequilibrios económicos entre clubes. Un argumento difícil de rebatir en un campeonato históricamente marcado por las diferencias presupuestarias.

Ahí es donde la postura del Real Madrid quizá sea menos comprensible. Porque, si bien es cierto que el club blanco genera por sí solo una enorme parte del valor mediático del fútbol español, también lo es que el modelo colectivo ha permitido elevar el listón global de la competición.

Un conflicto que va más allá de la Copa

La impugnación no puede entenderse como un hecho aislado. Forma parte de un pulso más amplio entre el Real Madrid y los organismos que gobiernan el fútbol nacional. Un enfrentamiento que ha tenido múltiples episodios en los últimos años y que apunta a cuestiones de fondo: control, poder e influencia.

De hecho, en LaLiga interpretan este movimiento como "una nueva acción que cuestiona un sistema diseñado para el crecimiento sostenible del fútbol español". La frase resume la confrontación entre dos puntos de vista: el del interés colectivo frente al del liderazgo individual.

El contexto no ayuda a rebajar la tensión. Hace apenas unos días, el Real Madrid fue el único club que se quedó fuera de una iniciativa institucional impulsada por LaLiga en colaboración con la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Aunque este detalle pueda parecer simbólico, refleja el nivel de distanciamiento del 15 veces campeón de Europa con el resto de clubes españoles, incluyendo un FC Barcelona que se ha desmarcado definitivamente de los blancos tras el fiasco de la Superliga.

Confianza en los tribunales

Pese al órdago del Madrid, en LaLiga transmiten tranquilidad. Consideran que el acuerdo es sólido desde el punto de vista jurídico y aseguran que defenderán su validez en los tribunales. Lo harán, dicen, en beneficio del conjunto de los clubes y del desarrollo del fútbol español. La batalla legal está servida. Y no será corta. Este tipo de procedimientos suelen alargarse en el tiempo, lo que añade un nuevo elemento de incertidumbre al ya de por sí zozobrante panorama en el fútbol español.

La Copa del Rey, ese torneo que pretende reinventarse para ganar peso en el escaparate internacional, se convierte de esta manera en el último escenario de una guerra que trasciende lo deportivo. Una más en la larga lista de conflictos que definen la política del fútbol moderno.

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