
No fue Johannesburgo, sino Nueva York. No fue Andrés Iniesta, sino Ferran Torres. Pero la sensación ha sido exactamente la misma. Ese nudo en la garganta. Ese silencio antes del estallido. Ese grito que llevaba más de 100 minutos esperando salir. España, como en 2010, ha vuelto a conquistar el mundo dieciséis años después al derrotar por 1-0 a una marrullerísima Argentina en la final del Mundial 2026 y coser sobre su escudo una segunda estrella que ya nadie podrá borrar.
La historia, caprichosa, quiso repetirse. Si Iniesta convirtió el minuto 116 de la final de Sudáfrica en patrimonio sentimental de varias generaciones, Ferran hizo eterno el 106 de la Gran Manzana (Nueva Jersey, para ser precisos). Dos goles separados por más de tres lustros. Dos generaciones distintas: de los Iniesta, Xavi, Casillas, Villa, Torres, Sergio Ramos, Xabi Alonso y compañía (que me perdonen los que no cito), a los Lamine Yamal, Rodri, Pedri, Nico Williams, Mikel Merino, Dani Olmo, Oyarzabal… Eso sí, un mismo destino: colocar a España en la cima del fútbol mundial.
Pero sería injusto resumir el triunfo en un solo remate. España no ganó por un golpe de fortuna. Ni por un rebote. Ni porque Argentina regalara nada. En absoluto. Ganó porque fue mejor, mil veces mejor. Porque dominó la final de principio a fin, redujo a la hasta ahora campeona del mundo a un ejercicio permanente de resistencia y apenas concedió una ocasión en 120 minutos. La segunda estrella no cayó del cielo, sino que España fue a buscarla con fe para acabar alcanzándola con todo merecimiento.
El Mundial de Luis de la Fuente
Hubo un gol de Ferran, sí. Pero detrás de ese remate —a pase de Nico Williams con la cabeza hacia atrás— había tres años de trabajo y una idea convertida en dogma. Este Mundial lleva la firma de Luis de la Fuente, el entrenador que heredó una selección cuestionada y la ha transformado en un bloque prácticamente indestructible.
Campeón de la Nations League. Campeón de Europa. Campeón del Mundo. Pocos técnicos pueden presumir de un recorrido semejante en tan poco tiempo. Pero el mayor éxito del riojano va mucho más allá de los títulos. Ha construido un vestuario donde nadie se siente suplente, donde las estrellas trabajan como el último de la plantilla y donde la frase que tanto ha repetido —"nadie es mejor que nadie"— ha dejado de ser un lema para convertirse en una forma de competir.
¿Quién decidió la final? Precisamente un futbolista que empezó en el banquillo: Ferran Torres. No podía existir un mejor resumen de la filosofía de este equipo.
Porque esta selección no vive de un solo genio. Vive del grupo. Del compromiso, de la generosidad en el esfuerzo, de la solidaridad, de saber que hoy decide Ferran y mañana puede hacerlo Merino, Nico Williams, Pedri o cualquier otro. Todos se sienten importantes. Todos están enchufados. Y ése ha sido, probablemente, el gran triunfo de De la Fuente.
Argentina sobrevivió... hasta que dejó de hacerlo
España monopolizó el balón desde el primer minuto. Rodri gobernó el centro del campo con la autoridad del mejor mediocentro del planeta. Dani Olmo encontraba espacios entre líneas. Lamine Yamal, pese a no estar al cien por cien tras el golpe sufrido en semifinales, seguía atrayendo a dos y tres rivales cada vez que recibía. Y Cubarsí y Laporte defendían veinte metros por delante del área como si aquello fuera un entrenamiento. Mientras tanto, Argentina sobrevivía a duras penas.
Messi apenas encontró espacios —muy decepcionante el partido del astro de Rosario—, pues Rodri le persiguió por dentro con inteligencia, obligándole a recibir lejos de las zonas donde suele decidir partidos. Cuando intentó girarse, siempre aparecía una camiseta roja. Cuando quiso acelerar, allí estaban Cubarsí, Laporte o Unai Simón, impecable durante todo el campeonato.
La Albiceleste acabó jugando el papel que quizá no está acostumbrada a asumir: el de equipo pequeño, refugiado cerca de su portería y esperando un error español que nunca llegó. Los campeones de Europa insistían una y otra vez. Lamine Yamal, Oyarzabal y Cucurella rozaron el gol antes del descanso, mientras Argentina se encontraba con la complicidad del colegiado esloveno Slavko Vincic, que dio barra libre a los sudamericanos para que repartieran estopa a diestro y siniestro.
Laporte estuvo a centímetros de evitar la prórroga con un cabezazo en el minuto 81. Lamine acarició la gloria con una falta directa en el descuento. Después llegó el tanto de Nico Williams... anulado por un ajustadísimo fuera de juego. Parecía una de esas noches en las que el balón se niega a entrar.
Ferran escribe una página para la eternidad
Pero el fútbol siempre guarda un premio para quien más lo merece. La expulsión de Enzo Fernández, en el descuento del tiempo reglamentario, terminó por inclinar definitivamente el campo hacia la portería del Dibu Martínez, que cada vez tenía más trabajo ante un asedio español que fue in crescendo. Argentina ya solo resistía como podía. Los de Luis de la Fuente olían la sangre y no querían llegar a los penaltis. Hubiera sido de una crueldad extrema, pero ya se sabe que el fútbol no entiende de justicias poéticas.
Entonces apareció Ferran. Ya había avisado dos veces durante el partido. A la tercera no perdonó. En el minuto 106, el de Foios encontró el espacio, atacó el área con la fe de los grandes delanteros y batió al Dibu para desatar una explosión imposible de describir con palabras.
No era un gol cualquiera. Era el gol de una segunda estrella. Era el tanto que llevaba esperando un país entero desde aquella noche de Johannesburgo. Era la diana que convertía a Ferran Torres en inmortal.
Hay goles que valen títulos. Y luego están los que cambian la historia. El de Ferran pertenece para siempre a esa segunda categoría.
Una selección para la historia
Cuando el errático Vincic (mejor no sospechar, pero ya se sabe que 'piensa mal'…) señaló el final ya no quedaban fuerzas para correr, pero sí para abrazarse. Luis de la Fuente levantó los brazos hacia el cielo. Ferran rompió a llorar. Rodri se desplomó sobre el césped, con más de un argentino metido en la pelea, como un siempre marrullero Leandro Paredes que incomprensiblemente se fue de rositas.
Lamine sonreía con la felicidad de quien sabe que, con apenas 19 años, ya forma parte de una generación legendaria. Dieciséis años después, España volvía a mirar al mundo desde arriba.
Ya no estaban Casillas, Puyol, Xavi, Villa o Iniesta.Ahora celebraban Cubarsí, Pedri, Nico Williams, Rodri, Lamine, Ferran o Unai Simón. Cambiaron los nombres, pero no la esencia. Porque esta selección ha recuperado algo que parecía reservado para aquella generación irrepetible: la certeza de que puede mirar de frente a cualquiera y salir vencedora.
Durante semanas hubo quien dijo que Argentina tenía más garra y oficio. Que Francia acumulaba más talento. Que Inglaterra… pues ya se sabe lo que dice Gary Lineker. Pero España respondió como mejor sabe hacerlo: jugando al fútbol. Jugando a un deporte en el que, como mandan los cánones, manda lo colectivo y no las individualidades, te llames Kylian Mbappé, Erling Haaland, Leo Messi, Vinícius Junior o Harry Kane.
Desde este 19 de julio de 2026 habrá que añadir un nuevo nombre a la memoria sentimental del fútbol español. Junto a Zarra, Marcelino, Arconada, Casillas o Iniesta ya puede escribirse otro. Ferran Torres. El hombre que devolvió a España a la cima del mundo.
Ficha técnica
España, 1: Unai Simón; Pedro Porro, Pau Cubarsí, Aymeric Laporte (Eric García,m.99), Marc Cucurella; Fabián Ruiz (Pedri,m.62), Rodrigo Hernández (Martín Zubimendi, m.99), Dani Olmo (Mikel Merino,m.75); Lamine Yamal, Mikel Oyarzabal (Ferran, m.62) y Alex Baena (Nico Williams, m.75)
Argentina, 0: Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel (Nahuel Molina, m.58), Lisandro Martínez (Nicolás Otamendi, m.45), Cristian Romero (Facundo Medina, m.71), Nicolás Tagliafico; Enzo Fernández, Alexis McAllister, Rodrigo de Paul (Giuliano Simeone, m.71), Nico González (Leandro Paredes, m.46); Leo Messi y Julián Álvarez (Marcos Senesi, m.102)
Gol: 1-0: m.106: Ferran Torres
Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Expulsó a Enzo Fernández por doble amarilla (ms 82 y.93+). Amonestó a los argentinos Lisandro Martínez, Leandro Paredes, Alexis McAllister
Incidencias: Final de la Copa del Mundo disputada en el Estadio Metlife de East Rutherford ante 80.663 espectadores

