
La selección española femenina continúa acumulando éxitos y consolidándose como una de las grandes potencias del fútbol mundial. Sin embargo, ese brillante escaparate contrasta con la realidad de la Liga F, una competición que, cuatro años después de su profesionalización, sigue sin demostrar que pueda sostenerse por sí misma. La caída de espectadores, la ruptura anticipada del contrato audiovisual con DAZN, la dependencia del dinero público y la llegada de nuevos inversores privados dibujan un escenario muy distinto al que se prometió cuando nació el proyecto.
En medio de ese panorama aparecen dos nombres sobre los que recaen buena parte de las responsabilidades institucionales: José Manuel Rodríguez Uribes, presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), y la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón. Ambos han respaldado de forma continuada una competición presentada como un proyecto estratégico para el deporte español, pero que sigue acumulando dudas sobre su gestión y su viabilidad.
Un modelo que pierde fuerza
Los datos invitan al pesimismo. La Liga F cerró la temporada 2025/26 con una caída del 18,6% en la asistencia a los estadios respecto al curso anterior, mientras casi la mitad de todos los espectadores acudieron a partidos del Barcelona. Una dependencia que refleja hasta qué punto el campeonato continúa apoyándose en un único club para sostener sus cifras de público. A ello se suma la necesidad de buscar un nuevo operador audiovisual después de que el acuerdo firmado con DAZN en 2022 para cinco temporadas haya finalizado un año antes de lo previsto.
La ruptura del contrato, anunciado en su día como "histórico" por un importe de 35 millones de euros, ha abierto numerosos interrogantes que siguen sin respuesta: qué consecuencias económicas ha tenido la rescisión, si ha existido algún tipo de compensación entre las partes o cuáles fueron las razones reales que llevaron a poner fin anticipadamente a un acuerdo que debía extenderse hasta la campaña 2026/27.
Del dinero público al capital privado
La profesionalización de la Liga F nació bajo el paraguas de importantes ayudas públicas destinadas a impulsar la competición. Sin embargo, lejos de alcanzar la autosuficiencia económica, el campeonato continúa necesitando nuevas inyecciones de capital. A las subvenciones estatales y a los ingresos procedentes de La Quiniela se suma ahora el acuerdo con Gasol16 Ventures, que prevé una aportación de 55 millones de euros durante cuatro años.
La operación, sin embargo, tampoco está exenta de polémica. Athletic Club, Real Madrid y Real Sociedad se opusieron al acuerdo al considerar que podría hipotecar durante décadas una parte importante de los ingresos comerciales de la competición, mientras desde las instituciones no se han ofrecido explicaciones públicas sobre los informes que avalan una decisión con consecuencias a tan largo plazo.
Las dudas sobre el papel del CSD
Las críticas también alcanzan al Consejo Superior de Deportes. El organismo ha supervisado buena parte de las ayudas destinadas a la Liga F, aunque distintos informes del Tribunal de Cuentas han señalado deficiencias en los sistemas de control y fiscalización de fondos públicos, con cientos de justificantes fuera de plazo, gastos deficientemente acreditados y carencias en los mecanismos de supervisión.
En paralelo, el Gobierno ha mantenido su respaldo político y económico a la competición, defendiendo estas inversiones como una apuesta por la igualdad y el desarrollo del deporte femenino. Sin embargo, las voces críticas sostienen que ese apoyo institucional no puede convertirse en un argumento para eludir el debate sobre la gestión de una competición que sigue perdiendo público, cambia de operador audiovisual y necesita nuevas fórmulas de financiación apenas cuatro años después de su nacimiento.
Má que dinero, una cuestión de gestión
El problema de la Liga F, según este análisis, ya no parece ser la falta de recursos. Durante estos años ha contado con financiación pública, contratos audiovisuales millonarios, nuevos mecanismos de ingresos y el respaldo de inversores privados. Sin embargo, la competición continúa mostrando síntomas de debilidad estructural y alimentando la sensación de que sobrevive gracias a una sucesión de rescates y anuncios grandilocuentes más que por la fortaleza de su modelo de negocio.
Por eso, la gran pregunta ya no es cuánto dinero más necesita la Liga F, sino cuándo el Gobierno y los responsables del deporte español ofrecerán explicaciones sobre la gestión de un proyecto que fue presentado como un ejemplo de profesionalización y que, más de cien millones de euros después, sigue esperando demostrar que puede caminar por sí solo.




