
La Liga F ha estrenado por fin presencia en La Quiniela, una incorporación que llega después de años de reivindicaciones. Ya en 2019, el sindicato de futbolistas AFE reclamaba que el fútbol femenino participase de los ingresos generados por las apuestas deportivas y denunciaba que quedase excluido de un sistema del que se beneficiaba el fútbol masculino. La posterior declaración de la máxima categoría femenina como competición profesional terminó de hacer insostenible aquella anomalía y abrió la puerta a su participación en estos recursos.
El estreno, sin embargo, no invita precisamente al optimismo: la Jornada 3 de la temporada 2026/27, con cuatro partidos de Liga F incluidos en el boleto, ha recaudado 2.585.853,75 euros, frente a los 3.689.111,25 euros de la misma Jornada 3 del curso pasado, cuando todavía no había partidos de Liga F. Son 1.103.257,50 euros menos: una caída exacta del 29,91%.

También retrocede en idéntica proporción el número de apuestas: de 4.918.815 a 3.447.805. Una sola jornada no permite sostener que la incorporación de la Liga F sea la causa de la caída, porque la recaudación depende de muchos factores. Sí permite constatar, sin embargo, que el estreno que debía aportar visibilidad y nuevos recursos llega acompañado de un desplome interanual cercano al 30%.
Las gradas tampoco acompañan
Y el dato no llega solo. La primera jornada de Liga F 2026/27 reunió 7.323 espectadores en sus ocho partidos, una media de 915 por encuentro. Esa media es un 32,6% inferior a los 1.358 espectadores por partido de la temporada 2025/26 y un 44,9% inferior a los 1.660 de 2024/25. Cuatro años después de la profesionalización, el arranque de la quinta temporada vuelve a dejar un indicador esencial en dirección contraria al crecimiento.

Más televisión pero por mucho menos dinero
Liga F sí puede exhibir otros indicadores. La propia patronal anunció que la audiencia audiovisual acumulada de 2025/26 alcanzó los 7,5 millones de espectadores, un 11,2% más, y esta temporada DAZN, RTVE y las autonómicas amplían las ventanas de exposición. Es un dato positivo. Pero tiene una cara económica mucho menos amable: los derechos nacionales se encaminan a ingresar menos de 3,5 millones de euros anuales entre los distintos operadores, menos de la mitad del valor del anterior ciclo. DAZN, que rompió anticipadamente el contrato que había sostenido la mayor parte de aquellos ingresos, ha regresado al nuevo reparto pagando aproximadamente una quinta parte de lo que venía aportando.
El contraste resulta difícil de esconder: más partidos en abierto y más audiencia potencial, pero menor valor audiovisual; más escaparate, pero menos público en las gradas; entrada en La Quiniela, pero una primera recaudación casi un 30% inferior a la jornada comparable del año anterior. La visibilidad es necesaria, pero una competición profesional no puede medir su éxito únicamente por cuántas pantallas la muestran.
Quinta temporada y la misma gestión
Todo sucede bajo la misma dirección política y ejecutiva. Beatriz Álvarez, reelegida para otros cuatro años, fue objeto este año de una amonestación pública del Tribunal Administrativo del Deporte por vulnerar los estatutos de la propia Liga F al presidir una asamblea que no le correspondía presidir. La presidenta y sus gestores mantienen, pese a los resultados, el respaldo de los clubes que los sostienen y el acompañamiento institucional del Gobierno y del Consejo Superior de Deportes.
La Liga F convirtió durante años el #VamosGanando en uno de los lemas de su relato institucional. Pero después de cuatro temporadas completas de profesionalización, y cuando la quinta comienza acumulando descensos en asistencia, valor audiovisual y ahora también en la primera comparación de La Quiniela, quizá haya llegado el momento de dejar de maquillar cada indicador incómodo y preguntarse por la gestión. Porque, al menos de momento, los números permiten una réplica bastante menos complaciente.


