
Cuando España ganó el Mundial en Sudáfrica, el 11 de julio de 2010, nos quedó una sensación a todos de entusiasmo máximo. Nada podía igualar aquella gesta. Nunca pensé, aunque en mis adentros lo deseaba, que iba a ver a mi selección ganar un Mundial. Menos, ganar dos.
Dieciséis años después la segunda estrella llegaba a nuestro pecho tras un partido de infarto ante Argentina donde jugamos mejor, fuimos muy superiores, pero tuvimos que esperar al minuto 106 de partido para llevarnos la gloria. Entre esas dos selecciones, entre esas dos sensaciones, no hay apenas diferencias, aunque sí matices. Sin embargo se está estableciendo el debate estos días sobre quién es mejor. O más bien el asunto se centra en quién es más vistosa, con quién te lo pasas mejor.
El otro día Sergio Valentín puso el tema sobre la mesa en Futbol es Radio. Es un debate muy interesante, con opiniones para todos los gustos. La selección de Sudáfrica era imponente en nombres, dos jugadores por puesto. Una constelación de estrellas que, sin embargo, no encontraron un juego muy brillante en aquel Mundial. Lo ganaron pero se pasaron muchos apuros en muchos encuentros. Nada que objetar porque fueron los primeros en llevarnos al cielo y venían de hacernos felices en Austria en 2008 y luego se reinventaron en Ucrania y Polonia en 2012. Aquella selección era inmejorable en nombres propios, nunca hubo nada igual.
Esta de ahora es más joven y, por eso, más prometedora. Han empezado antes que la otra a ganar títulos. La Eurocopa de 2024 cogió a multitud de jugadores con veinte años o menos. En este Mundial siguen siendo jóvenes y la cosa ya va en serio. Nunca se vio a una selección ganando dos competiciones consecutivas con tan poca media de edad.
En 2028 llegaremos a la Eurocopa de Inglaterra e Irlanda como favoritos claros. De eso no hay que huir. Siempre es bueno ser la mejor, ser la probabilidad más concluyente para ser campeón. Creernos que somos los mejores y esta selección ya lo piensa. No hay más que verla jugar, ver cómo se desenvuelve en el campo, ver cómo afronta dos partidos, el de Inglaterra y Croacia, como fieras después de haber sido campeones del mundo, momento en el que te puedes permitir el lujo de salir más relajado. Nada más lejos de la realidad. Dos goles en el primer minuto en los dos partidos.
Luego el debate puede llegar hasta la sensibilidad de cada uno, que es de lo que se trata. De divertirse delante de la televisión. De no aburrirse, algo fundamental para ver fútbol. En ese terreno esta selección de Luis de la Fuente ha ganado a la otra. Hay más transiciones, más ritmo, más movimiento, más rapidez en todas las acciones. Esta selección tiene jugadores que no tenía la otra. No estamos hablando de calidad, que la otra podía ser mejor. Hablamos de algunas posiciones que casi no existen en el mundo del futbol. Por ejemplo, los extremos. Lamine y Nico son dos jugadores que no existían en la selección de Sudáfrica. Esa es la diferencia.
Sin dudar, por supuesto, de la planta de la otra selección. La de Del Bosque juntó a Casillas, Puyol, Ramos y Piqué en una defensa, algo inigualable. El centro del campo aquel lo formaban Xabi Alonso, Busquets, Xavi e Iniesta, que entre los cuatro tenían una calidad que nunca se volvió a ver en el medio. Y estaba David Villa, por méritos propios dentro de la historia de la selección, máximo goleador del combinado nacional. Pero qué quieren que les diga. Esta me llena más.
La opinión sé que es impopular. Yo mismo decía antes de la Eurocopa de 2024 que no me parecía una selección para estar arriba. Quizá desconfié demasiado de la juventud aunque me dí cuenta de que, en el fútbol de ahora, resulta intrascendente. Me han ido convenciendo. Y en este Mundial me han llenado del todo. No veo ahora una selección que nos pueda meter mano. La habrá y, lo que es peor, saldrá en el momento más inoportuno. Pero yo me volveré a sentar de nuevo a ver a esta selección en los partidos del sábado y del martes. Y no soy nostálgico del pasado. No me riñan por ello.