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Entre Sierra Morena y el Camp Nou, el Tempranillo y el Atleti

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José María Hinojosa, alias "El Tempranillo", decía de sí mismo que, antes que un valiente, él era un hombre que, en las peores circunstancias, lograba embridar los nervios. "Yo no me aturdo", confesó al general con el que llegó a un acuerdo para cerrar en tablas un duelo interminable en las escarpaduras de Sierra Morena. Si le aplicásemos el cuento del legendario bandolero, el Atleti -que es una escuela de valor, de coraje, de orgullo, de entrega, de decencia- se perdió al aturdirse en un momento clave, en un partido clave y ante un rival que nunca le venció en la pelea.

El Atleti fue superior con once, pero se fue al descanso demediado y perdiendo. El Atleti fue superior con diez, pero, cuando apareció Griezmann, a un Bravo, ya batido, se le apareció la Moreneta. Y el Atleti, con nueve, hizo que el mito de Leónidas y los trescientos espartanos que avergonzaron a los persas volviera a conjugarse en Las Termópilas del césped. Ver como un estadio colosal (abarrotado hasta la náusea -¡¡¡criminales!!!- de victimistas con "senyera") pide la hora acongojado por el arrojo de los supervivientes es algo "per llogar-hi cadires", para alquilar las sillas, vamos, que la ocasión la pintan calva y la pela es la pela.

Y todo porque Filipe -¡¡¡Criminal!!!- se aturdió gravemente y, en el fragor de la reyerta, no reparó en que Messi es un bien cultural blindado por la Unesco. Y Godín, por su parte, consolidó el aturdimiento al no tener en cuenta que su compatriota Suarez, amén de ser un delantero excepcional, se ha doctorado en piruetas y, también en su caso, "tot el camp" es orégano.

Corramos, aun así, un estúpido velo sobre la arbitrariedad con que los árbitros reparten credenciales de culpabilidad y de inocencia, honremos a los héroes, honrémonos con ellos y, en sintonía con las tesis del amigo Gar Ebb, pasemos a ocuparnos de esa Champions que el destino y la historia todavía nos deben.

Si los culés son, hoy por hoy, la pesadilla de cualquiera que aspire a conquistar el continente, el Atleti ayer sábado apuntaló sus sueños. Hay equipo, hay talento, hay industria, hay ingenio, hay un entrenador doblado de alquimista que sabe mudar en oro el plomo del esfuerzo.

La clave es no aturdirse si el zafarrancho arrecia, si los trabucos braman, si las facas sisean. "El tempranillo", ¿quién si no?, nos madrugó el consejo.

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