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Ángeles y demonios en un Atlético que sigue creyendo en la Liga (1-0)

Correa, el héroe. Simeone acabó expulsado por un balón lanzado desde su banquillo por orden suya para cortar una contra del Málaga.

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Ángeles y demonios en un Atlético que sigue creyendo en la Liga (1-0)
Alegría rojiblanca tras el gol de Correa | EFE

Por suerte para el Atlético de Madrid y para el fútbol en general, el Ángel rojiblanco se impuso al Demonio. Correa fue la cara positiva de un partido que el Atlético sufrió para ganar y seguir peleando por la Liga. La entrega atlética fue encomiable, lo que sucedió en su banquillo ruin, antideportivo e indigno.

El Cholo Simeone acabó el partido en la grada por un balón que nunca debió entrar al campo. Una contra del Málaga estuvo cerca de ser cortada por el lanzamiento de un balón por parte de un recogepelotas situado cerca del banquillo. ¿Lo peor? Que las imágenes parecen indicar, salvo prueba que demuestre lo contrario, que la orden vendría del propio Simeone. Si es así, el mensajero, es decir el niño, no tiene culpa de nada.

Lo más importante es que no se logró el objetivo de cortar el ataque y el verdadero Atlético, el que gana peleando cada balón y no ensuciándolo, sigue creyendo en el título liguero.

Presión por los tres puntos

La ansiedad en las últimas jornadas es ya un clásico en cualquier competición. En el Calderón, el Atlético notó la presión de tener que ganar sí o sí y en la primera parte hubo más nervios y tensión de la habitual.

El Málaga jugó con una intensidad digna de un equipo que se estaba jugando algo parecido o lo mismo que su rival. Los hombres de Javi Gracia eran conscientes de las necesidades locales y de lo poco que tenían que perder ellos mismos lo que provocó que un equipo jugara muy suelto y el otro más atenazado. Los andaluces querían jugar con los miedos de su oponente y lo lograron.

Pese a la ansiedad, el Atlético de Madrid no hizo una mala primera parte. Tuvo la intensidad necesaria, buscó el gol por ambas bandas con la profundidad de Juanfran y Filipe y generó peligro alrededor del área de Ochoa. El gol rondaba, pero no llegaba y cuando más a favor lo tuvo el Atlético falló. Fue Griezmann el que tuvo la portería para él en un balón al área de Saúl y acabó cruzando demasiado el esférico. Puede que en la jornada 12, 20 o 22 ese balón fuese manso a la red, pero en las últimas, cada balón se golpea con una presión añadida rondando tu mente.

Las intervenciones aisladas de Oblak y Ochoa, las protestas del Málaga por una posible mano y penalti de Juanfran y el final de la primera parte terminaron por encender el ambiente.

Sería en los minutos finales cuando tuvo lugar el momento más bochornoso de la tarde. En plena contra malagueña, el desafortunado incidente con el recogepelotas tuvo lugar. No logró su objetivo, pero eso no borra el hecho de haber cometido una acción ruin. El Málaga continuó atacando y no aprovechó su ocasión. Simeone, en las imágenes, se gira al banquillo y hace una indicación. Cada uno que interprete lo que quiera, pero si la orden es del Cholo, que lo parece, el escudo que tanto ama estuvo cerca de ser manchado por él mismo.

Al finalizar la primera parte y como manda la norma, Mateu Lahoz, al no saber quién había sido el responsable del lanzamiento del balón, mandó a la grada a Simeone, jefe y señor de ese banquillo. Si el balón viniese de la grada, el responsable sería el delegado. Si viene del banquillo es el entrenador.

Fue el segundo balón que entró en el campo cuando no debía ya que Javi Gracia cortó un saque rápido del Atlético anteriormente metiendo otro esférico en el terreno de juego. No le vale de excusa a nadie, pero los hechos son los hechos.

El Ángel aparece

En la segunda parte, el Atlético mantuvo la presión sobre el Málaga y ya con Simeone en el palco buscó el 1-0 con todo su arsenal. El problema rojiblanco era que su mejor arma tendría que salir desde el banquillo y ese fue Ángel Correa.

Simeone se dio cuenta de que la defensa andaluza no daba tregua por el aire y quitó a un tocado Carrasco para buscar la calidad a ras de césped de Correa. Fue salir el terreno de juego y el argentino se hizo con los mandos. Sus capacidad de desborde es única y difícil de encontrar y con esas cualidades generó el 1-0 a la hora de partido. Balón en sus pies, búsqueda del espacio y disparo a portería que desvió lo justo Albentosa para despistar a Ochoa. El Ángel había bajado al Calderón.

El estadio rojiblanco gritó de rabia con el tanto y el equipo se quitó 20 kilos de presión de encima. El Atlético se soltó y siempre conducido por Correa pudo sentenciar en varias jugadas. Augusto entró al campo por Griezmann y terminó de dar solidez al centro para evitar sustos del Málaga.

El pitido final dio vida a un Atlético que sigue peleando la Liga con lo que hace en el terreno de juego. No debería cambiar esa seña de identidad de los rojiblancos si quieren seguir siendo un equipo conocido por su coraje y corazón, como reza su himno.

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