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Bronca en el vestuario culé: del "no jugaremos" de Piqué al "sí que jugaremos" de Messi

La división en el vestuario fue evidente. Las llamadas se sucedieron a lo largo de la jornada entre los pesos pesados del equipo y la directiva. 

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La división en el vestuario fue evidente. Las llamadas se sucedieron a lo largo de la jornada entre los pesos pesados del equipo y la directiva. 
Tiempos mejores para los tres | Cordon Press

Jornada larga para los jugadores del Barcelona. El partido comenzaba a primera hora de la mañana con los rumores de suspensión del encuentro frente a Las Palmas. Gerard Piqué, crecido tras su participación en el referéndum ilegal, empezó a decir a sus compañeros que no se iba a jugar.

Josep María Bartomeu tenía conversaciones avanzadas con su junta directiva para decidir la posición del Barcelona ante el encuentro que debía disputarse a las 16:15 del 1 de octubre. Tenían claro que el Barça debía representar fielmente lo que estaba ocurriendo en la calle.

El primer intento fue fallido. La directiva blaugrana solicitó a la Junta de Seguridad y a los Mossos informes para suspender el partido argumentando falta de seguridad. La respuesta fue tajante: los Mossos la garantizaban. Los contactos entre el club, Federación y Liga evidenciaban un interés desmesurado por la suspensión. Las dos instituciones organizadoras dejaron claro que si el Barcelona decidía unilateralmente no jugar el encuentro las consecuencias supondrían como mínimo la pérdida de seis puntos. La junta directiva blaugrana comenzó a ver cómo la factura se encarecía.

A partir de ese momento entraban en juego otras posibilidades: jugar el partido de forma normal y utilizar a la mayoría del público para seguir lanzando proclamas independentistas o jugar a puerta cerrada y exponer al mundo que algo estaba pasando. Pero la directiva volvió a encontrarse con escollos.

El grupo de animación del conjunto catalán también presionaba y emitía un comunicado en el que aclaraba que el partido no debía jugarse y que en caso de disputarse ellos se encargarían de suspenderlo como fuera:

Bartomeu tomó la decisión de utilizar la grada vacía del Camp Nou como exponente de lo que ocurría. De esta forma, al Barcelona no le quitaban puntos, no le echaban de la competición y como mucho se expondrá a sanciones económicas o indemnizaciones a los que se quedaron fuera. Bueno, y a la dimisión de un vicepresidente.

Pero la guerra estaba montada en el vestuario. Piqué, que tras el encuentro apareció llorando y desolado ante los medios de comunicación, decidió que el partido no debía disputarse. Su afán independentista le hizo tratar de convencer a sus compañeros de que debían liderar el mensaje del 'oprimido' pueblo catalán no saliendo a jugar. Pero se encontró con un muro enfrente: según pudo saber Libertad Digital Leo Messi se negó de forma absolutamente tajante a no disputar el partido. Quedaba poco más de una hora para la disputa del encuentro y con los jugadores recién llegados al Camp Nou, la bronca arrancaba. Piqué trató de convencer al argentino de que no podían perder esta oportunidad pero Messi encontró apoyó en otros compañeros como Luis Suárez o Sergio Busquets. Lo deportivo imperaba sobre lo político.

Piqué estaba totalmente fuera de sitio ante la gente que entraba y salía del vestuario. No comprendía la decisión del grueso de sus compañeros. Mientras, el entrenador blaugrana, Ernesto Valverde y el capitán Andrés Iniesta, contemplaban atónitos esta situación. Ninguno se pronunció más allá de un "lo que el club diga".

Media hora antes de arrancar el partido y con los porteros ya calentando sobre el terreno de juego, el Barcelona emitió un comunicado: jugaban a puerta cerrada.

Y todo esto ocurrió sin que el Barcelona hiciera una sola consulta oficial a Las Palmas.

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