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La noche infernal que pasaron los socios del Coruxo por culpa del terrorismo incendiario

El sur de Galicia vivió uno de los episodios más angustiosos que se recuerdan. La colaboración ciudadana y de entidades como el Coruxo, clave.

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La noche infernal que pasaron los socios del Coruxo por culpa del terrorismo incendiario

Desalmados, bárbaros, crueles, pérfidos, inhumanos son los adjetivos más suaves que se pueden utilizar para definir a los responsables de la noche más larga y tensa que se recuerda en Vigo como consecuencia de las llamas y el humo provocados por la ola de incendios que se produjeron en la negra jornada de este domingo.

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Las llamas devastaron el sur de Galicia

Los terroristas incendiarios eligieron a conciencia el día de su ataque. La sequía, las altas temperaturas, el fuerte viento provocado por los restos del huracán Ophelia y la pasividad del Gobierno con cualquier asunto que no tenga que ver con la partida de póker que se juega en Cataluña, eran los ingredientes perfectos para que la actividad incendiaria hiciera el máximo daño posible.

En total se contabilizaron 110 focos activos. Una salvajada que destruyó numerosas hectáreas, calcinó casas y se cobró cuatro victimas mortales.

Dentro del pánico generalizado que vivió Vigo, las parroquias y los concellos adyacentes, hubo una zona en la que, especialmente, el terror y la angustia estuvo presente a cada minuto.

Hablamos de Coruxo, un barrio de costa, salpicado de playas. Un paraíso que los romanos convirtieron en zona residencial. Su parque forestal ofrece unas vistas espectaculares de la ría de Vigo. Rodeado de monte, este domingo uno de los numerosos incendios que azotaron Galicia hizo que la noche se convirtiera en una película de terror.

A pesar de ser un barrio de apenas 5.000 habitantes, el extraordinario trabajo de su presidente, Gustavo Falqué y su gente, han hecho crecer a un equipo que ya se ha consolidado en Segunda B. Un equipo que este domingo habilitaba su propio estadio para dar cobijo a los vecinos e incluso sus jugadores, tras finalizar el partido ante el Guijuelo, se quedaron en el estadio para ayudar en todo lo que pudieran.

Tras el triunfo 1-0 ante el conjunto salmantino, un humo negro que recorría el campo de O Vao encendía las alarmas:

La directiva del Coruxo difundió a través de las redes sociales que habilitaba O Vao para auxiliar a todos los afectados. Los propios jugadores ayudaban en lo que podían. Aunque como reconoce el capitán Antón de Vicente, "poco podíamos hacer. Repartimos agua y recogimos varios perros que se quedaron abandonados".

Falqué cuenta la angustia que se vivió desde las 21h en O Vao: "A partir de las nueve de la noche empezó a llegar gente al campo y se vivieron momentos de pánico. Fue algo terrible, un sinvivir porque en un visto y no visto el fuego se acercó a las casas y empezamos a temernos lo peor".

Gustavo reconoce que la jornada de este domingo fue la más dura que vivió en su vida: "La gente no se puede imaginar lo que vivimos aquí este domingo. Nunca viví algo así. Llegamos a juntarnos 400 personas, que no podía estar en sus casas, algunos familiares de nuestros propios directivos, otros socios de nuestro equipo..."

El Coruxo se vio directamente afectado ya que su ciudad deportiva, O Fragoselo, se encuentra en pleno monte, en una de las zonas que resultó más afectadas del barrio vigués. Afortunadamente, las consecuencias no fueron tan graves como se temió en un prinicipio: "Sobre las nueve de la noche intentamos subir hasta allí, pero ya no pudimos porque a 200 metros la Policía nos cortó el paso. En ese momento pensamos que todo estaba perdido, que no quedaría nada. Y al final hemos podido salvar el terreno de juego y los vestuarios, que es lo más importante. Dentro de la gravedad, por decirlo de alguna manera, hemos tenido algo de suerte porque sólo hemos perdido un coche, la caseta de la cantina y nos hemos quedado sin luz".

Tras vivir momentos de pánico, esta mañana la angustia daba paso a la desolación. Este era el aspecto de la zona en la que se sitúa la ciudad deportiva del Coruxo.

Un desastre que podría haber sido mucho mayor si el pueblo no se hubiera unido y, en un ejercicio épico, lograra controlar las llamas en la mismísima puerta de varias viviendas o incluso en el propio monte del Castro –referencia del centro de Vigo–.

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