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Sergio Ramos, ¿el amo del Madrid?: de Camas a la réplica de 'La última cena' con él como Jesucristo

Sergio Ramos ha convertido su posible salida del Real Madrid en una cuestión de Estado. ¿Actúa Sergio como un verdadero capitán?

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Sergio Ramos acapara estos días la actualidad futbolística del Real Madrid. El capitán merengue ha decidido echar un pulso al club y ha convertido una posible ampliación de contrato en una cuestión de Estado. ¿Debe el Real Madrid renovar al central? ¿Deben abrirle la puerta a cualquier precio? Preguntas que están en el aire.

Tras una temporada nefasta del Madrid, donde jugadores como Bale o Marco Asensio han sido acribillados públicamente, Sergio, con la habitual complacencia de una gran parte de la prensa deportiva, decide situarse en la pole mediática. Nadie por delante de mi.

La transformación de Sergio Ramos desde su llegada, allá por 2005, al Real Madrid ha sido brutal. Ramos ha pasado de ser un humilde chaval de Camas a dar la impresión de creerse el amo del Real Madrid. El central, hoy por hoy, intenta hacer y deshacer a su antojo.

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Con el brazalete bajo el brazo, es capaz de decidir que será él quien tire las faltas, decantar la balanza a favor del fichaje de Lopetegui como sucesor de Zidane, amedrentar a la directiva públicamente en el caso de que decidieran fichar a Conte, decirle a Florentino, a voz en grito en pleno vestuario tras la eliminación ante el Ajax, que su planificación para la temporada que termina de finalizar fue un desastre, filtrar información interesada a sus amigos de la prensa o pedir a Pérez que le dé la carta de libertad ya que tiene un ofertón irrechazable del fútbol chino. El famoso cuento chino.

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Ramos, que está terminando en la Moraleja una construcción de una mansión de una parcela de 15.000 metros cuadrados y 1.470 construidos, está desatado. ¿Dónde está el límite? ¿Hay que permitirle todo por ser una leyenda del Madrid? ¿Dónde queda el supuesto amor por unos colores que propaga a los cuatro vientos en las redes sociales?

Su pasión por el arte

Junto a su pareja, Pilar Rubio, Sergio Ramos comparte una afición. El arte. El de Camas ha creado a su propia colección 'Sergio Ramos Collection' y la ha hecho crecer a un ritmo vertiginoso adquiriendo numerosas obras entre las que se encuentran piezas de autores de renombre como un Manolo Valdés, un Juan Genovés, dos piezas de Alex Katz o un cuadro del afamado grafitero anónimo Bansky.

Su entusiasmo por el arte también va a tener cabida en la serie documental que está preparando para Amazon Prime Video, en la que el capitán del Real Madrid muestra cómo es su vida tanto dentro como fuera de los terrenos de juego a lo largo de ocho capítulos. En ese documental se va a descubrir la obra más peculiar de la inmensa colección de los Ramos-Rubio. Se trata de una réplica de 'La última cena' de Leonardo Da Vinci, la famosa pintura mural que realizó mítico artista italiano entre 1495 y 1498 sobre la pared del convento dominico de Santa Maria delle Grazie de Milán en la que se encuentra, que ha recreado entre sus personajes a tres personas reales: el propio Ramos, que aparece representado como Jesucristo, mientras que dos de sus apóstoles son nada menos que Pilar Rubio y Marcelo, su compañero y amigo del Real Madrid.

Sergio, con contrato hasta 2020, ha movido el árbol filtrando información interesada para conseguir un aumento de sueldo. Ya lo hizo hace cuatro años, en 2015, cuando amenazó públicamente con marcharse si no le renovaban con una importante mejora salarial ya que según él y su hermano y representante René Ramos, disponía de una oferta millonaria del United.

Dos años antes le dijo a la cara a Florentino "o Mourinho o nosotros". Sergio, que deportivamente ha sido, probablemente, el mejor central en la historia del Real Madrid, no está actuando como un capitán fuera del terreno de juego. Más bien todo lo contrario.

Ramos, que es el futbolista mejor pagado del Real Madrid con una ficha anual de unos 12,4 millones de euros libres de impuestos por temporada, quiere más y no parará hasta conseguirlo. Parece que no le gustó nada que el diario Marca asegurara que Bale cobraba 17 millones de euros, cinco más que él, información que Florentino Pérez negó. Le mosquea que los que lleguen, entre ellos Hazard, cobren más que él. Un Déjà vu de 2015. Pero esta vez, Sergio no tiene 28 años, tiene 33. Cuidado, nadie debe estar por encima del escudo. Ni siquiera el Jesucristo de Camas.

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