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El gol de Abdón, el gol del mallorquinismo

Desgranamos las claves que han permitido al Mallorca pasar en 12 meses de la Segunda División B a Primera División.

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El gol de Abdón, el gol del mallorquinismo
Abdón Prats, celebrando el ascenso del Mallorca sobre el césped de Son Moix. | Twitter

El Mallorca vuelve a ser de Primera División. Quién lo iba a decir hace justo dos años, cuando después de cuatro temporadas desastrosas en Segunda –en ninguna de las 168 jornadas disputadas estuvo siquiera en puestos de playoff– se consumaba su descenso a la Segunda División B.

Pero con el trabajo bien hecho –ahora sí–, un paso efímero por la categoría de bronce, y una maravillosa temporada en Segunda División, el club bermellón regresa a la elite del fútbol español de la que había salido por la puerta de atrás seis años antes.

Y lo hizo con un gol de Abdón Prats. Bueno, lo hizo por muchos más motivos que ahora desgranaremos, pero finalmente lo hizo con un gol de Abdón. Era el final perfecto para un guion soñado. Porque Abdón es un aficionado mallorquinista más que tiene el privilegio de poder saltar en el césped.

Él sabe lo que es este escudo. Él conoce mejor que nadie en el vestuario la historia de este club. Y cuando juega, Abdón hace lo que todo hincha bermellón querría hacer por su equipo: luchar, luchar y luchar. Después de jugar con regularidad la temporada pasada, se esperaba que en esta perdiera presencia. Pero sin hacer ruido, con el mono de trabajo, ha ido ganando en importancia. Su entrega en cada segundo de cada minuto de que dispone. Su carácter, que contagia al resto de compañeros. Su buen hacer cuando le ha tocado estar en el banquillo o incluso en la grada. Y su obsesión con la portería en los metros finales. Esas son las claves que han hecho de Abdón el ídolo del mallorquinismo. Por eso su gol ante el Deportivo, el gol definitivo, lo ha encumbrado a los altares.

Un ascenso que, por inesperado que haya sido, se ha cimentado en unas bases muy sólidas, que pasamos a detallar:

1. Renacer de cero

En 2013 el Mallorca bajaba a Segunda División. Atrás quedaban 16 años consecutivos en Primera. Y en 2017, el equipo bajaba a Segunda División B. Cuatro años durísimos para la afición mallorquinista, que observaba atónita cómo las peleas y las disputas en los despachos no se terminaban nunca. Y eso, claro, se reflejaba en el campo. Lo cierto es que pese a que durante esas cuatro temporadas en Segunda siempre se marcaba el objetivo del ascenso, el equipo siempre estuvo más cerca del descenso que de otra cosa. En dos ocasiones se salvó en la última jornada. A la tercera, fue la vencida…

Entonces se planteó la oportunidad para rehacer todo. Benditos aquellos optimistas, porque éramos muchos los que pensábamos que iba a ser muy difícil salir del pozo de la Segunda B. Pero lo cierto es que funcionó. La estabilidad –qué paradoja- llegó desde Estados Unidos. Un propietario desconocido a ojos de la mayoría y que estaba a kilómetros de distancia aportó aquello que el club requería desde hacía años, y que nadie –ni siquiera aquellos que pregonaban ser los que más amaban al Mallorca– habían sido capaces de otorgar.

Y en Segunda B se refundaron los cimientos. Se apostó por un entrenador que venía de luchar por subir a Primera División con el Nàstic, Vicente Moreno. Se contrataron jugadores veteranos con largos contratos, como Salva Sevilla o Manolo Reina. Se adquirieron, esta vez sí, jugadores que conocían la categoría. Y se permitieron el lujo de algunas apuestas… El tiempo, es evidente, ha dado la razón a toda aquella estrategia, muy criticada por muchos en su momento.

2. Un vestuario sano

Tras conseguir la estabilidad y la tranquilidad en los despachos, el siguiente objetivo era trasladarla al campo. Y cuando las cosas se hacen bien arriba, suelen funcionar abajo. Desde el primer momento quedó clara la línea a seguir: trabajo y humildad. Nada de recordar glorias pasadas. Nada de creer que sólo con la camiseta se gana.

Tras el ascenso del año pasado se apostó por la continuidad. No hay que olvidar que del once tipo del Mallorca este curso, sólo había cuatro caras nuevas. Y la buena relación entre todos los futbolistas ha sido la tónica reinante. Ha habido algunos, caso de Álex López o el mismo Abdón, que han pasado de titulares a la grada. Ni un mal gesto. Ni una mala cara. Al contrario. No han sido pocos los puntos que han dado estos dos futbolistas después de pasar semanas sin pisar el césped. Fíjense en una imagen cuando vean algún gol del Mallorca este año: los suplentes celebran los goles como los titulares. Incluso más.

3. La comunión con la afición

Era difícil. Casi imposible. Después de tantos desengaños. Después de tantas decepciones. Después de tantos ridículos en los despachos y en el terreno de juego, la afición del Mallorca estaba decepcionada. Triste. Enfadada. Sin embargo, este año el equipo ha conseguido volver a enchufarla. Cierto, las victorias del año pasado ayudaron. Pero era en Segunda B...

¿Y cómo lo ha conseguido? Muy fácil: dejándose la piel en cada partido. El Mallorca ha peleado en los 46 encuentros de esta temporada. Y eso el aficionado lo ve. Las ovaciones han sido mayores tras partidos en los que no se ha ganado, pero no se le ha podido poner un reproche a su sacrificio. Algo que llevaba años sin ocurrir.

Y con pequeños gestos. La proximidad que permiten los estadios de Segunda B propició que los jugadores se acercaran más al aficionado. En Segunda se ha mantenido esa costumbre. Y eso el aficionado lo ve. Y lo agradece. También la línea de comunicación mantenida en el club ha sido positiva en ese sentido: con cautela, sin lanzar campanas al vuelo, sin entrar en ninguna polémica, y siempre poniendo al aficionado en el centro de atención. La invasión de campo tras consumar el ascenso significaba mucho más que la celebración por volver a Primera.

4. La solidez defensiva

Fruto de la línea marcada desde el descenso en Segunda B, y de la entrega a que hacíamos referencia en el apartado anterior, el Mallorca ha gozado de una solidez defensiva de la que hacía años que se adolecía. La pareja de centrales formada por Valjent y Raíllo ha sido de las mejores –si no la mejor– de la categoría. Los cuatro laterales –Sastre, Gámez, Salva Ruiz y Estupiñán–, con diferentes momentos para cada uno a lo largo de la temporada, han sido clave. Y la actuación de Reina durante todo el curso ha rallado la excelencia. Sirva como muestra la estratosférica parada que realizada en la recta final del partido ante el Deportivo, que fue tan importante con el gol de Abdón.

Pero quedarse sólo con la defensa sería caer en un error. Todo el equipo –centrocampistas, extremos e incluso delanteros centro– se ha desfondado en cada partido. A ello hay que añadir el gran rendimiento del conjunto en Son Moix. 17 victorias, cuatro empates y dos derrotas es el bagaje de la temporada. En los dos partidos del playoff de ascenso que ha disputado queda claro: 2-0 en la semifinal, y 3-0 en la final.

5. Vicente Moreno

Los tres apartados anteriores tienen un denominador común: la figura del entrenador, Vicente Moreno. Aceptó una apuesta arriesgada al firmar por un equipo de Segunda B después de estar a un paso de ascender a Primera, y le ha salido a la perfección. Él es el artífice de esa solidez defensiva a la que hacíamos referencia; él es el responsable de la confianza y continuidad de los jugadores durante estos dos años; y evidentemente él es el responsable del buen rollo dentro del vestuario.

Ha creado un estilo propio e innegociable, y ha predicado con el ejemplo: él era el que más trabajaba en Son Moix y en Son Bibiloni, haciendo más fácil que la idea de esfuerzo y sacrificio calara en sus jugadores. Esta consigna se podría hacer extensible a todo su equipo técnico.

6. El sueño innombrable

La temporada comenzó ganando. A Osasuna y Cádiz, casi nada. Con el paso de las jornadas, un equipo a priori hecho para no descender conseguía por primera vez en seis años colocarse en las seis primeras plazas. Y casi desde octubre, la posibilidad del ascenso aparecía en la mente de todo el mallorquinismo.

Y nadie se atrevía a pronunciarlo. ¿Cómo iba nadie a atreverse a soñar con la Primera División, con un equipo recién ascendido, y después de lo se había vivido en los cuatro años anteriores? Pero a cada partido que jugaba el equipo, se veía que aquello no era una quimera… Siempre con los pies en el suelo, casi sin darse cuenta, el Mallorca fue poniendo velocidad de crucero hacia el ascenso…

7. Los 10 últimos partidos

…y llegó al tramo final con opciones a todo. Una vez dijo el sabio, don Luis Aragonés, que los 10 últimos partidos de la temporada son los que de verdad cuentan. Y en los 10 últimos partidos de la temporada fue cuando se vio la mejor versión del Mallorca. Alcanzó los playoff de ascenso, aunque hasta casi la última jornada tuvo opciones de ascenso directo.

Una vez arrancado el playoff, dos mantras se repetían incansablemente: "Aquí puede pasar de todo", y "para el Mallorca estar aquí ya es un premio". Las dos tienen su parte de razón, pero lo cierto es que escondía una realidad latente: el Mallorca llegaba de maravillas a este playoff. Físicamente y anímicamente. Sólo así se entiende la exhibición del conjunto mallorquinista en el partido de ida de la semifinal ante el Albacete, que le permitió pasar aun cayendo en su visita al Carlos Belmonte. En Coruña el Deportivo fue superior, sí. Pero a pesar de que todo se tornó en contra del Mallorca –expulsión de Pedraza en el minuto 40 incluida–, se regresó de Riazor con un resultado salvable.

8. La rabia de Riazor

Aquel 2 a 0 en Coruña fue la chispa que encendió al equipo, si es que hacía falta. Porque la sensación de todos los miembros del Mallorca era que el Deportivo no era mejor. Que la expulsión de Pedraza –tan justo como fortuita– había condicionado el partido. Y que aquellas burlas de la afición deportivista tras el encuentro iban a ser contestadas en el partido de vuelta.

Ya lo dijo Abdón Prats a su afición en Riazor: en Mallorca meteremos tres. Y todo aquello provocó que el domingo el equipo saliera con más furia aun si cabe. Con un llenazo en Son Moix como pocas veces se ha visto, el conjunto bermellón salió a morder desde el minuto 1. Sabían que la empresa era posible. Que dos goles bastaban para cumplir el sueño. Y que con todo lo conseguido en los meses anteriores y espoleados por una afición entregada se iba a conseguir…

9. El gol de Abdón

Por todo ello, desde el pitido inicial el Mallorca fue superior a su rival. Se vació en el campo, como había hecho en tantas ocasiones, consciente de que era la última. Era el momento de alcanzar la gloria. De cumplir el sueño. Y todo se puso más de cara cuando Budimir –su fichaje en diciembre fue un acierto que demostraba que el club confiaba en el ascenso- adelantó al Mallorca en el minuto 20.

Ya en la segunda parte Salva Sevilla marcó el 2-0. El mismo Salva Sevilla al que muchos no comprendieron cuando decidió cambiar la Primera División por la Segunda B. Y en el tramo final… la locura.

Lo cierto es que cuando Abdón agarró el balón en el centro del campo –tras el enésimo robo de un Babá que estuvo soberbio– la sensación de peligro era más bien escasa. Pero el de Artá creyó, y toda la afición creyó. Cuando soltó el disparo con la zurda, las 21.000 almas que abarrotaban Son Moix empujaron el balón. Y cuando éste besó las redes, el estadio enloqueció. Porque el gol de Abdón fue el gol de todos los mallorquinistas. Atrás quedaban todos los sinsabores de los últimos años. El Mallorca vuelve a ser de Primera División.

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