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El dopaje de estado en la Alemania de la Guerra Fría

Un estudio de la Universidad Humboldt de Berlín revela el dopaje sistemático en la República Federal Alemana desde la década de los 70.

Libertad Digital
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La atleta Heide Rosendahl es una de las sopechosas de dopaje en Múnich 1972. | EFE

Poco a poco, los documentos que revelan el dopaje en Alemania durante los años de la Guerra Fría continúan saliendo a la luz. Un dopaje sistemático que iba más allá de los resultados deportivos, tenía el objetivo de consolidar ideas y regímenes políticos y dotarles de un éxito internacional a través de sus deportistas.

Según revela el diario alemán Süddeutsche Zeitung, la Universidad Humboldt de Berlín (HU) ha elaborado un estudio de más de 800 páginas, en el que se relata la existencia de un sistema de dopaje organizado en la Alemania del Oeste (RFA) desde la década de los años 70. Testosterona, estrógenos, EPO y anabolizantes fueron algunas de las sustancias que se emplearon en mejorar el rendimiento de los deportistas, bajo la promoción y financiación del estado.

La República Federal Alemana destinó millones de marcos para llevar a cabo un sistema de dopaje que no sólo infería en sus deportistas profesionales sino que también se dedicaba a los más jóvenes, con quienes se ensayaba con distintas sustancias. Según relata el diario, esta medida no se llevó a cabo como respuesta al sistema de dopaje desarrollado por la República Democrática Alemana (RDA). Como el resto de países del este de Europa, había desarrollado un complejo entramado de dopaje, que transcurrió paralelo al de la otra Alemania.

Las autoridades políticas de la RFA tomaron la iniciativa de establecer esta política, con el claro objetivo de beneficiarse del rédito político que ofrecían las victorias de sus deportistas en los eventos internacionales. Por ello, aunque se conocían los riesgos que estas prácticas entrañaban para la salud, el estado puso en marcha toda su maquinaria financiera para lograr unos deportistas de elite y burlar cualquier control antidopaje.

La ambición por conseguir los mejores resultados posibles, llevó a destinar todos los recursos posibles al dopaje. De hecho, el informe llega a revelar una frase de un alto cargo del estado antes de los Juegos Olímpicos de Munich de 1972: "Sólo queremos una cosa, medalla en Munich". En esta cita, la RFA logró 40 medallas y se quedó en el cuarto puesto del medallero, mientras que la RDA alcanzó la tercera plaza con 66 metales. La Unión Soviética ocupó el primer puesto con 99 medallas y Estados Unidos fue segundo con 94. Sólo en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 se inyectaron 1.200 dosis de una sustancia denominada ‘Kolbe’ (por el remero Peter-Michael Kolbe, que en 1994 fue nombrado presidente de su federación) de la que aún se desconoce la composición.

El fútbol también se vio salpicado por estas prácticas y en el estudio se describe el empleo de los futbolistas metanfetaminas y después anfetaminas sobre los futbolistas en los partidos. Los tres mundiales obtenidos por la selección alemana de fútbol (1954, 1974 y 1990) son señalados por el informe como sospechosos de estar influidos por prácticas dopantes.

Tras años de investigación, ahora la duda se cierne sobre si hacer público o no el estudio. La cantidad de nombres que aparecen, muchos de ellos con cargos de relevancia en el deporte y algunos estamentos políticos de Alemania, ha dado lugar a un sentimiento de temor por parte de sus autores. El miedo a las millonarias demandas a las que se podrían enfrentar frenan sus pretensiones.

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