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Dimitri de Fauw, el suicidio más trágico en la historia del ciclismo

El leve golpe que provocó la caída y muerte de Isaac Gálvez nunca se le quitaría de la cabeza al ciclista belga. Tres años después se quitaba la vida.

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Dimitri de Fauw.

El 26 de noviembre de 2006 se vivió uno de los golpes más duros que recuerda el ciclismo. Estamos en la penúltima jornada de los Seis Días de Gante, en el Velódromo de la ciudad flamenca. Puro espectáculo para todos los amantes del ciclismo. De repente, un descuido, y un pequeño golpe fortuito que termina con todo. Isaac Gálvez, nacido en Vilanova i la Geltrú 31 años antes y campeón del mundo en pista, en madison, formando pareja con Joan Llaneras, recibía un leve toque que le hacía perder el control de su bicicleta. Se fue al suelo, a una velocidad de unos 50 kilómetros por hora, y se empotró con una barandilla, lo que le produjo la rotura de varias costillas, que le alcanzaron el corazón. De camino al hospital, dejó de respirar.

Fue un duro golpe para el ciclismo, pero aún mayor para la persona que, aún sin querer, había provocado su caída. "¿Cómo voy a superar esto? Emocionalmente, soy una ruina", afirmaba De Fauw poco después. No lo iba a superar. Iba a terminar suicidándose

Los sueños truncados

Dimitri de Fauw había nacido en Gante, Bélgica, el 13 de julio de 1981. Su vida era el ciclismo. Desde pequeñito se había formado tanto en la carretera como en la pista, en un país de sobrada tradición de bicicleta. En 2004, con tan solo 23 años, le había llegado la oportunidad de convertirse en profesional, al firmar por el Quick Step. En 2006, su trayectoria iba claramente en línea ascendente. Estaba llamado a hacer cosas importantes, en pista, donde ya había conseguido varios triunfos, y en carretera. Pero en cuestión de segundos, todo cambió.

Desde el momento en que se vio el golpe, se sabía que aquello no iba a terminar bien. Poco después, la tragedia se confirmaba. La carrera se suspendía, se emplazaba al público a abandonar el velódromo, y se anulaba la última jornada. Pero nada de eso le importaba a De Fauw. En su cabeza sólo estaba el leve toque que había provocado la caída de Gálvez. El leve toque que había provocado su muerte.

"Emocionalmente soy una ruina. Todo el mundo habla de un accidente, pero las consecuencias son dramáticas y mi nombre sale en todas partes", confesaba el belga al día siguiente. Estaba hundido. Poco después, el mensaje se recrudecía. "¿Cómo voy a superar esto? Lo voy a cargar conmigo para el resto de mi vida. Espero que el tiempo pueda suavizar las heridas".

"Fue una caída más, como tantos cientos que se producen a lo largo del año", afirmaba Joan Llaneras, el mejor ciclista en pista español de la historia, y siempre pareja de Isaac Gálvez. También estaba aquella noche en Gante. La investigación penal concluyó que no se podía considerar a nadie responsable del accidente, puesto que se trató de algo "involuntario". Nadie podía culparle. Salvo él mismo. Por eso, entró en depresión.

Desde ese momento, Dimitri de Fauw nunca fue el mismo. Así lo afirman todos los ciclistas que le rodeaban. Seguía pedaleando, pero su cabeza no estaba ahí. Estaba siempre en otro lado. En el velódromo de Gante. "Todos sabíamos que tenía problemas, por eso todos nos propusimos ayudarlo. La norma era que siempre que estuviéramos con él debíamos animarlo, no dejarle aislarse en su culpa. Yo mismo le dije varias veces que no había tenido ninguna culpa...", comentaba Joan Llaneras.

Tres largos años de sufrimiento

De Fauw abandonó durante un tiempo el ciclismo. Quería tratar de desconectar con todo. Al menos una temporada. Pero se sentía incapaz. No duró demasiado. Poco después volvía a montar, pero muy por debajo de su nivel. Aún así, poco a poco fue alzando el vuelo, y regresó a las pistas, a las competiciones importantes. A finales de octubre de 2009 disputó los Seis Días de Grenoble. Iba a ser su última carrera.

Tras la disputa de la prueba, regresó a casa con su amigo y compañero de equipo Iljo Keisse. "Regresamos a casa junto a Gianni Meersman. Dejé a Dimitri en su puerta, y todavía estábamos riendo de lo bien que lo habíamos pasado en Grenoble. Nos despedimos, y no lo encontré diferente de en otras ocasiones. Te llamo para ir a entrenar, me dijo". Pero ya no iba a recibir esa llamada.

En la mañana del seis de noviembre, Dimitri de Fauw era encontrado muerto en su casa. Sin ningún síntoma evidente de violencia. No había ninguna nota. No había ningún mensaje. No hacía falta. Todos sabían qué había pasado. Aquella fatídica noche del 26 de noviembre de 2006, el Velódromo de Gante se había cobrado dos víctimas. Isaac Gálvez, en cuestión de minutos; y Dimitri de Fauw, en una larga y dolorosa travesía de casi tres años.

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