Menú

Rafa Pascual: "La selección es otra cosa; juegas por tu país, por tu deporte, por tu gente"

El mejor jugador español de voleibol de todos los tiempos repasa su carrera en una amplia entrevista a Libertad Digital.

15
Rafa Pascual. | D.A.

No podía ser otro. Estaba tocado con una varita mágica. Con unas cualidades innatas tanto físicas como técnicas, Rafael Pascual Cortés (Madrid, 16 de marzo de 1970), simplemente Rafa Pascual, se acabaría convirtiendo con el paso del tiempo en el mejor jugador de voleibol que ha dado la piel de toro.

Después de haber practicado todo tipo de deportes en el programa CITD, este joven madrileño se decantó por el voleibol -espectacular y bello a la par que exigente y sacrificado deporte- cuando era sólo un chaval, con apenas 15 años. Desde entonces, la carrera de Rafa en este deporte fue sencillamente meteórica: desde jugar con los Salesianos de Atocha y el ACD Bomberos de Barcelona hasta ser convocado con la selección española en apenas unos meses.

En el equipo nacional entró de la mano de Francisco Sánchez Jover, que fue su cicerone, con el cubano Gilberto Herrera como entrenador, para empezar a preparar los Juegos de Barcelona'92. Y allí, en la Ciudad Condal, en unas de las mejores Olimpiadas de la historia -sin duda las mejores para el deporte español-, Rafa y sus compañeros taparon unas cuantas bocas, llevando a la selección a cotas antes insospechadas.

Había nacido el mito de Rafa Pascual, quien un año después dio el salto a la mejor liga del mundo, la italiana -con un periplo total de 14 años en el país de la bota entre varias etapas-, y desde allí se convirtió en un auténtico trotamundos al jugar en países tan dispares como Francia, Grecia, Rusia, Puerto Rico o Japón.

Sin duda el gran éxito de este madrileño, uno de los grandes referentes de la historia del deporte español, fue la medalla de oro que conquistó con la selección española en el Campeonato de Europa de Moscú ante Rusia. Sólo unas horas antes de que España perdiera en Madrid el Eurobasket ante los rusos. Paradojas de la vida...

Desde su retirada en 2011, Rafa Pascual, el gran embajador del voleibol español en el mundo, ha trabajado en la candidatura olímpica de Madrid 2020 y actualmente se dedica a los negocios de la restauración.

En un céntrico local de Madrid, el deportista recibe a los dos redactores de Libertad Digital hasta allí desplazados. Impresionan de primeras sus 194 centímetros de estatura, pero enseguida te cautiva con su cercanía y su facilidad verbal. Sin duda todo un honor poder entrevistar a Rafa Pascual, una de las grandes leyendas de la historia del voleibol mundial.

Entrevista a Rafa Pascual

Pregunta: ¿A qué edad empezaste a jugar al voleibol? ¿Cómo es que te dio por este deporte y no por otros como, por ejemplo, el baloncesto? Con tu estatura...

Respuesta: Empecé con nueve años en un plan que hicieron en el Consejo Superior de Deportes que se llamaba CITD (Centro de Iniciación Técnico Deportiva). Hicieron una selección de niños en los colegios: en una primera fase pasaban 2.000 niños, mil niños y mil niñas, a los que luego hacían unas pruebas un poco más concretas, tanto físicas como técnicas, de capacidades... Al final quedaban 40 niños y 40 niñas en Madrid. De ahí luego saldrían deportistas. Sacar deportistas olímpicos de una generación no es fácil, y no digamos ya conseguir un medallista olímpico. Sin embargo, en este proyecto ya había medallistas olímpicos, como jugadores de hockey o atletas, y otros que aprovecharon su momento y ahora están en equipos de fútbol como preparadores físicos porque recibieron una gran base.

Yo estuve cinco años en ese plan y practicábamos todo tipo de deportes: hacíamos los deberes, nos recogían del cole y practicábamos educación física y después un deporte durante un tiempo. Practicábamos todos los deportes. Yo llegué a jugar a balonmano, hockey, atletismo... a nivel federado, participando en campeonatos de España. Eso me dio una base que a los 15 años me permitió elegir y elegí el voleibol. En el voley descubrí que me sentía bien, me veía con capacidades. Uno, cuando se encuentra bien en un sitio y destaca en una cosa, pues se queda ahí. Me dieron la posibilidad de seguir con los Salesianos de Atocha, en un club importante, y estudiando. Y así fue. Esos fueron mis inicios.

LD / David Alonso Rincón.

P: Así que, no empezaste estudiando en los Salesianos de Atocha...

R: No. Mucha gente da mis inicios con los Salesianos de Atocha porque fue mi primer club un poco serio a nivel nacional. Ellos venían de ser finalistas o campeones de liga cuando yo entré allí con 15 ó 16 años. Aproveché para seguir estudiando y encontrar una escuela donde el voleibol tuviera un nivel alto. Y Salesianos en ese momento lo tenía. Tanto Salesianos de Atocha, como los de Estrecho o Nuestra Señora del Recuerdo... tenían una gran historia de voleibol. Siempre han compaginado los estudios con el deporte y el voleibol estaba allí muy arraigado.

P: ¿Y después?

R: Con 17 años tomé la decisión de irme. Se lo dije a mis padres y no fue fácil. Tenía muy claro lo que estaba haciendo y adónde quería llegar. Quería seguir haciendo deporte. Quería cumplir mis metas. Yo entonces era un chaval muy joven y no pensaba en qué iba a pasar con la familia. Luego te das cuenta que los echas de menos. Mi madre sufrió más, pero mi padre me animó. Me decía: 'Si es lo que quieres hacer, hazlo; pero lo que hagas, hazlo para ser el mejor'. Así que me fui a jugar a Bomberos ONCE en Barcelona, que fue mi primer club como "profesional" entre comillas.

Vivíamos en la Blume (residencia Joaquín Blume) en Esplugues de Llobregat con otro medallista olímpico que es Javier Bosma, el de voley playa. En aquella época (1987-88) vivíamos con todas las estrellas que luego participamos en Barcelona'92. Además de los del voley, también estaban preparando los Juegos los del waterpolo, la gente de vela, atletas, jugadores de balonmano... Había muchos deportistas entrenando en Barcelona. Por aquel entonces no había Centro de Alto Rendimiento ni en Madrid, ni Barcelona ni en Sierra Nevada.

P: ¿Cómo fue tu experiencia en Bomberos?

R: Fantástica. El primer año llegamos a las finales de copa y de liga, pero sobre todo fui convocado por primera vez para el equipo nacional. El seleccionador era Miguel Ocón y de segundo estaba Pedro Pintado. Era una selección de veteranos y yo entré como un pipiolo al que había que enseñarle todo. Tuve la surte de encontrarme hombres hechos y derechos que me enseñaron muchísimas cosas.

P: ¿Estaba Sánchez Jover, no?

R: Paco Sánchez Jover era el capitán y estrella de un equipo en el que también estaban su hermano Jesús, Paco Hervás, Ángel Alonso, Joaquín Maroto... Para mí Paco (Sánchez Jover) sigue siendo una referencia hoy en día. Me ayudó muchísimo. En él encontré la humildad de un deportista que quiere ver crecer su deporte. Él nunca tuvo un problema en verme destacar, aunque yo luego terminara por jugar en su posición y quitarle protagonismo, cosa que otros deportistas a lo mejor no llevan tan bien. Lo asumió perfectamente porque lo único que quería es que yo llegara lo más arriba posible. Para eso tuvieron que enseñarme muchas cosas, pero sobre todo disciplina. Yo era un niño con mucho carácter.

P: ¿Tal vez rebelde?

R: Más que rebelde tenía mucho carácter. Lo quería hacer todo y tuve que aprender esa disciplina de grupo que uno no tiene hasta que no va creciendo y madurando. Yo llegué a la selección con 18 años, ya con un nuevo nuevo entrenador como era el cubano Gilberto Herrera, un entrenador de primer nivel. En aquel momento estábamos preparando los Juegos de Barcelona, con ayudas que hasta entonces el voleibol nunca había tenido y con una clasificación automática para el torneo olímpico al ser los anfitriones. Herrera me convoca y me dice que dentro de unos años iba a participar en unos Juegos Olímpicos. No podía creérmelo: entré en una selección que iba a participar en unos Juegos. Eso ayudó al crecimiento tanto del equipo como a mí personalmente.

P: Un equipo que, además, tapó alguna que otra boca en los JJOO al acabar octavo, consiguiendo diploma olímpico cuando apenas nadie daba un duro por vosotros...

R: Estuvimos incluso a punto de llegar más arriba: jugamos de tú a tú con Estados Unidos y jugamos de tú a tú con Rusia, contra la que perdimos el partido por el séptimo puesto por 3-2. Pero lo importante es que aquel equipo, que había crecido casi de la noche a la mañana, se presentó en la fase final del torneo, metiéndose entre los diez mejores del mundo. Para nosotros fue todo un sueño. ¡Y encima en casa! Ahí empezó a despegar el voleibol en España, que fuera otro deporte más al que seguir. Hubo un fuerte cambio generacional: muchos jugadores veteranos apostaron por los Juegos. Yo me presentaba con veintipocos años y ellos ya tenían 30. Ninguno era profesional. En aquella época, en el deporte pasar de los 30 años no era fácil, sobre todo cuando no te dedicabas a ello.

El caso es que se hizo un trabajo muy bueno con la selección juvenil y salieron jugadores jóvenes muy buenos que luego surtieron a ese equipo. De los veteranos se quedaron tres o cuatro. Entre ellos Paco (Sánchez Jover), guiándonos a los jóvenes al principio y luego dejándonos un poco más sueltos. Y después tuvimos esa suerte de entrar en la Liga Mundial (1995, séptimo puesto). La Federación hizo un gran trabajo en promoción. Había un buen momento con el apoyo de televisiones y empezamos a conseguir resultados. Eso ayudó a tener un poco más de imagen a nivel internacional.

P: Después de Barcelona'92 fue cuando diste el salto a la Liga italiana, ¿no?

R: Me fui a Italia con 23 años, en 1993. Entonces la normativa sólo permitía a los equipos tener a un solo jugador extranjero. Con 14 equipos que había, había que elegir a los 14 mejores extranjeros. Y en Italia jugaban los 14 mejores del mundo. Entre la primera y la segunda liga había entre 20 y 25 jugadores que eran los más importantes y estaban ahí. Cerdeña (Banca Di SS - FOSS Antioco) apostó por mí como jugador extranjero y el primer año fue fenomenal porque ganamos la liga con un balance de 28 victorias en 35 partidos. Fue fantástico. Llegué con muchísimas ganas de demostrar en un equipo que tenía muy buenos jugadores: había jugadores muy importantes, que habían tenido lesiones y venían de la Serie A1 dispuestos a recuperarse en la A2, un hermano que quería jugar con otro (los argentinos Juan Manuel y Esteban de Palma)... El caso es que juntamos un equipo muy bueno. Y teníamos también a un entrenador brasileño (Radamés Lattari) que luego fue entrenador de su selección. Nos sonrió la suerte. Allí fui máximo realizador de la liga y fue la primera vez que convocaron a un jugador de la serie inferior a un All Star. Fui a un All Star con todas las estrellas y dije: 'Yo tengo que estar aquí con toda esta gente'. Así que seguí un año más en Cerdeña antes de dar el salto a un gran equipo...

P: El Alpitour Cuneo, ¿no?

R: Sí, venía de quedar segundo el año anterior, luchando por el Scudetto. Era un equipo muy bueno que tenía unas condiciones perfectas, un gran pabellón en una ciudad pequeña y económicamente estaba bien. Me hicieron un contrato de tres años. Cuando llegué allí estaba aturdido totalmente. Ese primer año llegamos a jugar el Scudetto, pero perdimos en el último partido contra el Asis-Benetton Treviso. Y fuimos campeones de Copa y de la Recopa de Europa. Esa fue mi presentación en la serie máxima de Italia. Se empezó a escuchar entonces el nombre de Rafa en las grandes ligas. Y de ahí me fui a Japón y luego empecé a dar vueltas por el mundo: otra vez Italia, Francia, Grecia, Rusia, Grecia, Bulgaria, Puerto Rico, otra vez Francia en los últimos años...

LD / David Alonso Rincón.

P: Pero centrándonos en tu experiencia en Italia, ¿cómo fue? Porque has pasado allí un montón años, ¿no?

R: Imagínate: catorce años entre varias etapas. Estuve en el norte norte, casi en la frontera con Francia, al sur en Reggio-Calabria. He probado todas las culturas y he estado en todos los equipos, pero en Italia tengo mi alma y mi corazón.

P: La Liga italiana es la máxima aspiración de todo jugador de voleibol, ¿no?

R: Desde luego. Sobre todo en aquellos primeros años. Además, pude dar la oportunidad a otros compañeros para que tuvieran esa experiencia. Aunque no tuvieran el nivel, al menos tener esa experiencia y disfrutar la Liga italiana es importante, aunque sea sólo un año. Es como si te llaman de la NBA y te planteas si estás o no preparado. Puedes tener tus miedos, pero al final vas, te la juegas y si no, que te quiten lo bailao que has estado en la NBA. Pues en aquella época en voleibol casi lo mismo, sobre todo a raíz de que abrieran el mercado con la Comunidad Europea porque antes era prácticamente imposible. En aquellos años había que trabajárselo muy duro para estar en aquella liga. Yo tuve la suerte de comenzar y acabar bien en Italia.

Allí tengo mi vida. Hace dos años que no voy a Italia y estoy todos los días diciendo que quiero volver. Cada vez que veo a los jóvenes de aquella época se me cae la baba. La situación está muy complicada, también allí con el voleibol. Con esta crisis, estamos en una época en la que la gente es muy individualista y piensa más en sus problemas personales. Ahora hay menos pasión en lo que se hace, es más, por así decirlo, una elección obligada.

P: Y después de Italia te fuiste a Japón. ¿Qué te encontraste allí?

R: Fue una experiencia fantástica: Japón es, como yo digo, el caos mejor organizado del mundo. Es alucinante la cantidad de movimiento de gente que hay allí, pero todo muy ordenado y muy relajado. Y si encima vas de estrella... ¡para qué contarte! La gente allí es educada, servicial, comprometida... Como puede ir una estrella de cine, pues casi igual. Me sentí admirado y seguido, me encantó. Lo único que coincidió con una época complicada a nivel personal como fue la separación de mi primera mujer. Entonces me vi obligado a volver para estar también con mis hijos, que son mi eterna y única pasión. La familia. Si no, me hubiera encantado seguir allí porque estaba comodísimo, tranquilo y muy cuidado.

P: Entonces, ¿se puede decir que no te acostó adaptarte a un país tan distinto como Japón?

R: Si algo me ha regalado el voleibol es aprender de las diferentes culturas. Rafa Pascual era el jugador al que podíamos llamar desde cualquier sitio del mundo, que él iba a venir y no iba a causar desastres.

P: ¿Causar desastres?

R: Con ello me refiero a que podía adaptarme rápidamente y sin problemas a un equipo en cualquier parte del mundo. Había veces en las que jugaba en tres sitios distintos a la vez y he vivido en tres casas distintas. Pero yo nunca me iba solo a ningún lado, mi mujer y mis hijos estaban siempre conmigo. Me iba a Puerto Rico con la familia, montaba mi casa en Puerto Rico y me tiraba allí cuatro meses. Luego desmontaba mi casa, volvía a Barcelona o a Madrid y seguía con la selección. O jugaba en Italia o en Francia. En Francia, por ejemplo, jugué los playoffs de Liga y la Copa (con el Poitiers), me iba a Puerto Rico (Playeros) y volvía con la selección española. En definitiva, toda esa experiencia me ha enriquecido mucho y me ha dado un gran poder de adaptación, también a mis hijos. Decían: 'Hay un torneo de una semana, ¿a quién llamamos?' Y al primero que llamaban era a mí. 'Este viene y se adapta rápido'. Y yo me metía dentro del equipo y me involucraba con la gente, sabían a lo que venía y que iba a dar el máximo. He rendido muy bien.

He ganado la Copa en Bulgaria, Italia, Francia... En España me vine a jugar con el Almería y gané la Copa del Rey. La Liga es muy larga, pero luego los playoffs, las finales o la Copa son períodos cortos. Yo era el hombre a contratar. Me contrataban y la cosa funcionaba. Yo siempre que tuviera fuerzas iba a estar ahí. Si no me paro mejor, porque los parones requieren luego de una preparación y una vuelta a adaptarte. Mira a Rafa Nadal, por ejemplo. Está cansado, saturadísimo, reventado... pero mientras el cuerpo le aguante y tenga valor y fuerza, seguirá ahí. Yo muchas veces me decía a mí mismo: 'No sé cómo leches aguanto'. Pero es una cuestión de fuerza, de no parar nunca. Lo más complicado es cuando decides dejar de competir y volver a empezar después. Como te relajes, luego pierdes el hilo. Le pasa a muchos deportistas, que siguen siendo muy buenos, pero les falta esa lucha...

P: ¿Como a Federer, por ejemplo? Ya que hablabas de tenis y de Rafa Nadal...

R: Por ejemplo. No creo que haya mejor tenista que Federer, pero le falta lo que sí tiene Rafa. Eso nos pasaba muchas veces a nosotros. Me pasaba a mí. He estado un período en los que eran años más de jugar que de competir.

P: No sé si eso mismo te pasó a ti en Bulgaria porque te fuiste allí ya en el ocaso de tu carrera...

R: Fui allí con 38 años. Llegué y de repente me encontré entrenando en un gimnasio sin ventanas, con un frío tremendo. Pusieron unas máquinas para calentar porque venía yo. El equipo (CSKA Sofía) apostaba por ganar el campeonato, pero con mi edad no era fácil ponerse en forma. Y encima con estos búlgaros, estos animales de los países del Este, que eran chavales de 18 y 20 años enormes de 2,10 metros. Un hombre de 38 años puede aportar mucha experiencia pero no la fuerza que ellos tenían. Intenté adaptarme a todo aquello, pero para la familia fue complicado, con temperaturas a bajo cero durante cinco meses. Con un bebé no podíamos salir a la calle con ese frío.

P: Hablando de niños: tienes cuatro hijos, ¿no?

R: Sí, dos con mi primera mujer y otros dos con Anna, mi actual pareja.

P: Y al margen del frío, ¿cómo fue esa adaptación en Sofía?

R: Francamente buena. Mi mujer hizo varios amigos allí y nos acogieron muy bien. Me esperaba un país mucho más frío, en cuanto a la gente, pero quizá porque entramos con un respeto excesivo. Lo comparaba con Rusia cuando estuve en el Dinamo de Moscú (2004). Parecen iguales, pero son totalmente distintos. En Bulgaria me encontraba totalmente tranquilo y en Moscú, en cambio, era una ciudad muy grande y estaba mucho más inseguro. De hecho, estuve un período yo solo porque mi mujer estaba embarazada de mi primera hija, Carlota. Estuve allí tres o cuatro meses.

P: ¿Y después de Moscú volviste a Italia, no?

R: Sí. El equipo italiano (Teleunit Gioia del Colle, en Bari) me dijo que tenía que volver sí o sí, y volví. Hizo un gran esfuerzo económico para pagarme el contrato. Me encantó. Italia es lo más parecido a lo nuestro y allí me encontraba como en casa.

LD / David Alonso Rincón.

P: De todas formas, imagino que en todos estos países de los que hablamos se vive mucho más el voleibol que aquí en España. ¿Te paraban más allí por la calle?

R: Yo siempre he dicho una cosa: a mí siempre me han reconocido los medios de comunicación, la gente, el público y mi deporte. Yo trabajo ahora en otra área totalmente distinta y hace mucho que no compito, pero siempre he tenido el reconocimiento como deportista, también por parte del CSD y el COE. Siempre se me ha reconocido como un deportista español. ¿Que me hubiera gustado conseguir algo más por ayudar a mi deporte? Evidentemente. Pero me siento súper orgulloso de que, cuando piensen en los grandes deportistas españoles de siempre, piensen también en el voleibol y en Rafa Pascual.

Yo he vivido 20 años fuera y a mí me habéis mantenido vosotros, los medios, porque yo estaba fuera. Saber los resultados de Rafa, saber que ha ganado la liga italiana... el voleibol, siendo un deporte tan minoritario, o lo contáis los medios o nada. Antes no existían las redes sociales, no se sabía lo que estaba haciendo Rafa en aquel momento. Érais vosotros. Entonces, eso es de agradecer. Pero también cualquier reconocimiento: yo tengo la Medalla de Oro y la Medalla de Plata al Mérito Deportivo, así que entiendo que mi esfuerzo se ha reconocido. A lo mejor la selección española de voleibol no tanto, pero a mí sí se ha reconocido a nivel individual. ¡Claro que me hubiera gustado poder haber vivido en mi deporte toda la vida y haber hecho mucho más por mi deporte! Pero es que estamos hablando de voleibol en España. En otros sitios seguramente seguiría ligado al voleibol, pero aquí no se puede...

P: Obviamente, la carrera de Rafa Pascual no se puede entender sin la selección española y, sobre todo, sin aquella medalla de oro que lograsteis en aquel Campeonato de Europa de Rusia. El 16 de septiembre de 2007, para ser más exactos...

R: Si te digo la verdad, la fecha me da igual. Lo único que pensé fue en toda la gente. Desde esa selección de sacrificio que preparaba los Juegos de Barcelona, cuando empecé con la selección, con la dificultades que teníamos al empezar. Por no tener, no teníamos ni zapatillas, no teníamos nada. La pista en la que jugábamos los partidos internacionales... ¡yo pintaba aquella pista con una tiza! Jugábamos en una plaza. Y de eso a ser campeones de Europa en Moscú frente a 14.000 personas... ¡imagínate! Tener una medalla de oro con la selección fue lo máximo. Yo tenía 37 años y entonces a la selección iba y venía. Fue el entrenador (Andrea Anastasi) quien decidió llamarme, yo llevaba casi 20 años en la selección.

P: Eso te iba a decir, porque tú en aquel Campeonato de Europa no tenías quizá tanto protagonismo en la selección...

R: Esa selección llevaba un año y medio jugando junta a las órdenes de Andrea Anastasi. Estaba a tope. Andrea jugó contra mí. Luego fue entrenador en Italia y siguió mi carrera, así que me conocía perfectamente. Él vio que tenía una posibilidad de ir a un Europeo y de hacer algo. Ya no digo ganar, aunque luego todo saliera bien. El caso es que mi mujer estaba a punto de dar a luz y yo tuve casi que adelantar el parto. No quería perderme el nacimiento de mi hijo por nada del mundo. Mi mujer habló con Andrea y le dijo: 'Mira, vamos a hacer una cosa: yo doy a luz, le dejo a Rafa el niño en brazos y que se vaya mañana. A cambio, vosotros tenéis que ganar el Europeo'. Y ganamos.

Andrea quiso que fuera al Europeo porque pensó que le iba a ayudar. Él fue sincero conmigo y me dijo: 'Mira, yo tengo un equipo formado. Si estás en forma te voy a llevar; si no, no'. Fue muy claro conmigo y eso es de agradecer. 'Llevamos un año trabajando con un equipo que funciona muy bien y tú no vas a llegar, pum, meterte en el equipo y a ver qué pasa'. Yo le dije que me encontraba bien y que quería ir. Y él me respondió: 'Pero una cosa tengo bien clara: si vienes, tienes que venir como capitán. Tú tienes que hacer un trabajo con gente a la que yo no llego'.

P: ¿Así que fuiste casi más como un ayudante de Anastasi?

R: Yo estaba en el banquillo y disfruté como un enano. Por causas de la vida tuve que jugar la semifinal (contra Serbia) y la final. Disfrutaba en la selección como si fuera mi primer día. Veía al equipo y decía: 'Aquí ha cambiado algo'. Cuando llegué al Europeo, Venancio Costa estaba de segundo entrenador y le dije: 'Veni, aquí ha cambiado algo. Hemos dado otro salto'. Percibí más responsabilidad en el equipo, la madurez que habían cogido (José Luis) Moltó y (Miguel Ángel) Falasca. Falasca en aquel momento era el mejor colocador del mundo, estaban los dos a un nivel impresionante. Miguel siempre ha sido un talento, de lo mejor que hemos tenido, y espero que tenga fuerzas para seguir aportando a este deporte alguna cosa porque él tiene cabeza y tiene ganas. De hecho, está entrenando al Belchatow polaco. Yo soy más jugador, más indidivual. Yo te entreno a ti. A mí me gusta transmitir en la cancha, desde fuera me es complicado. Tengo demasido carácter en ese aspecto. Nunca me he visto como entrenador. Espero que algún día se traigan aquí a Miguel. Pero ya no como seleccionador, sino con algo más serio para que lleve este deporte porque es un monstruo, como jugador y como persona.

El caso es que en aquel Europeo todos cogieron una madurez tremenda. Miguel y los demás llegaron con treintaitantos en una plenitud perfecta y los más jóvenes tenían 28. Llegamos perfectos y yo estaba viéndolas venir porque no había hueco. ¡Pero si estos están como motos! Llegó un momento en semifinales, contra Serbia, y ganamos. Luego la final contra Rusia, con Kike de la Fuente haciendo un Europeo exraordinario. Y yo, que era el más veterano, el abuelo, llega un momento en el que Andrea Anastasi me dice: 'Rafa, adentro'. Contras los rusos en recepción. Toqué cuatro o cinco balones que fueron perfectos. Uno fue un saque de Poltavskiy impresionante, ni yo sabía cómo llegó ese balón a la red. Y luego participé en el bloqueo del último punto con García-Torres. Ganamos el Europeo conmigo dentro en la cancha. Fue impresionante...

P: Fue el broche perfecto a tu etapa en la selección porque luego llegó Julio Velasco y no contigo, ¿no?

R: A Andrea Anastasi se le acaba el contrato con la selección española. La Federación no le renueva después del Europeo y tenemos que buscar a un seleccionador para dos meses para la clasificación olímpica. Este entrenador decide no llevar a Rafa, no llevar al líbero, ni al segundo entrenador... lo cambia todo en dos meses y no nos clasificamos para los Juegos. A mí eso me quedó clavado porque yo habría ido a Pekín y me habría retirado en los Juegos Olímpicos. Para mí es la única espinita. A veces veo la medalla de oro y pienso que me he retirado siendo campeón de Europa, pero también digo que hubiera ido a Pekín aunque sólo fuera para llevar la pelota. Estaba en condiciones todavía. Tenía 38 años y me fui a jugar Bulgaria para jugar la Champions y la Liga. Con aquella edad y jugué todo.

P: El caso es que dejaste la selección española con un currículum impresionante: 537 partidos como internacional, sólo superado por Manel Estiarte (580)...

R: Si te digo la verdad, no sé ni cuántos partidos he jugado. Pero lo de Manel es impresionante. Su carrera es incomparable con la de cualquier otro deportista. A nivel años, de sacrificio, de resultados..

P: Pero como nunca se puso la camiseta de la selección española cuando jugaba, se puede decir que tú has sido el deportista que más veces ha vestido la camiseta nacional, ¿no?

R: Bueno, él se puso el gorro (Risas). Manel tiene estrella, es un monstruo. Todo lo que toca va bien. Yo he sido campeón de Europa, pero Manel ha sido campeón de todo. Ganarlo todo en lo que juegas... ¡eso es impresionante! Luego encima se mete a fútbol (entre julio de 2008 y junio de 2012, Estiarte formó parte de la directiva del Barcelona como encargado de Relaciones Externas) y gana la Liga, la Copa, la Champions... Es un referente en el deporte español. El que llegue a conseguir la mitad de lo que ha conseguido Manel, ya se puede dar con un canto en los dientes.

P: ¿Con quién has tenido una relación más especial dentro de la cancha?

R: Respeto y admiro a todos mis compañeros de selección en Barcelona'92. Y les agradezco todo lo que me han enseñado, a todos les guardo en el corazón. Sánchez Jover estaba conmigo en la habitación y era como mi padre. Como entrenador Gilberto Herrera, que también era como un padre. Pero también todos los demás. ¡Me hacían ver tantas cosas! Me trataban como a un niño, pero siempre como un buen fondo, por ayudarme a llegar ahí arriba. Todos me empujaron siempre para que yo llegara ahí arriba. Para mí el 92 fue una generación un poco distinta.

LD / David Alonso Rincón.

P: ¿Con qué más nombres te quedas?

R: He tenido muchísimos compañeros y entrenadores, desde que empecé a hacer deporte cuando era sólo un crío, luego a mi llegada a Italia o con Andrea Anastasi, que fue un momento precioso... Andrea fue una persona que apostó mucho por mí y me respetó muchísimo, no lo olvidaré nunca. También Gilberto Herrera porque me marcó en mis inicios. Luego en la selección he tenido compañeros como Juanjo Salvador, que es más joven que yo; con Israel (Rodríguez) o Alfonso Flores.

Digamos que yo me quedo con los jugadores de la selección. He tenido muchos compañeros en equipos en los que he ganado muchísimo, pero me quedo con la selección. Una vez oí a Gasol decir que donde realmente juego al baloncesto es en la selección. Pues a mí me pasa igual. Ya no es sólo deporte, sino que ahí te llegan otras cosas. Un compañero en un equipo italiano juega contigo por ganar una liga, pero al año siguiente ya no está. En la selección estuve 20 años con los mismos. No hay dinero, ahí juegas por tu deporte, por tu camiseta, por tu país, por tu gente. En Italia te cambias la camiseta, te vas al Cuneo, al otro equipo, cambia el público, te siguen todos y al final tienes tus fans de toda la vida. Pero en la selección no la he cambiado, y han sido veinte años...

Decía Anastasi de mí: 'He visto muy pocos deportistas que lleven tatuada la camiseta en la piel'. Todas esas cosas son sentimientos que te quedan para siempre y yo me quedo con todos mis compañeros de la selección, particularmente con aquellos que me ayudaron mucho en el inicio y que me enseñaron primero a ser persona para luego ser deportista. Eran otro tipo de sentimientos, lo hacían porque querían hacerlo. Dejar una familia en casa e ir a unos Juegos sin cobrar un duro, era un sacrifio. ¿Cómo va a ir esa persona a entrenar y va a entrenar mal, cómo va a dejar a la familia para ir a entrenar mal? Es imposible. Yo he jugado con el mismo sentimiento para un equipo que para otro. Y eso se nota cuando juegas, pero no todos son así.

P: En cuanto a los rivales, ¿alguno que destaques especialmente?

R: (Lorenzo) Bernardi, por ejemplo. Siempre me comparado porque me ha tocado jugar finales contra él, que jugaba en Treviso. También estaban Luca Cantagalli, Andrea Zorzi, los del Macerata... a todos los grandes jugadores italianos los he admirado siempre. Jugar conttra Treviso y tener delante a Andrea Gardini. O al mismo Bernardi, que era el mejor jugador del mundo. Son jugadores perfectos en físico, altura, en técnica... competir contra ellos era una lucha. Estaban también los cubanos y los brasileños... Como decían los cubamos de mí: 'Mira el blanquito, que es medio fuerte'. ¡Serán cabrones! (Risas)

P: En tu deporte, tú eres hasta bajito (1,94 metros), ¿no?

R: Soy muy bajito. Ahora mismo soy un enano.

P: Hombre, enano... Lo que sí has sido es un sex-symbol en el voleibol. Estaba Mauricia Cacciatori a nivel femenino y tú en el masculino. ¿Cómo lo has llevado?

R: Pues bien, lo llevo muy bien (Risas). Lo que sí me ha gustado siempre (cambia el semblante) es ser cercano a la gente. Lo de sex-symbol como tú dices está bien, pero lo que más le gusta a la gente es que seas cercano a ella, que les hagas vivir lo que tú vives, que sepan cosas de tu vida... y yo siempre he estado cerca. He intentado dedicar mi tiempo libre a estar con la gente. Luego cuando vas a Japón, para ellos los occidentales somos todos ídolos. Ellos físicamente no se ven muy agraciados y los occidentales para ellos somos la leche (Risas).

P: Con la selección te retiraste en 2007 tras ganar el Europeo, pero a nivel de clubes fue en 2011, en el Orange Nassau francés...

R: Llegué allí en 2009 y había firmado por cuatro años pero sólo estuve dos. Empezaron con mucha dificultad económica. Hicieron un proyecto para conseguir algo grande y querían que yo luego me quedarse como director, con un contrato que no era lógico, pero luego no había dinero para los demás. Y en realidad no había aspiración a ganar nada. Al final llegué a un acuerdo con ellos. Yo ya tenía 40 años. Hay que prepararse muy bien para jugar un período muy corto. Antes jugábamos doce meses, luego ocho, luego cinco... y al final acabas entrenando ocho para jugar cuatro. Así que dije: 'No, aquí yo no entro'.

P: Y después de tu etapa en Francia volviste a Madrid, ¿no?

R: Si, volví a Madrid. Con mi familia, otro cambio nuevo, casa nueva. Pensé estar un año sabático a ver lo que pasa, pero a los cinco meses recibo una llamada de teléfono de Theresa Zabell, diciéndome que quería contar conmigo para la candidatura de Madrid 2020. Yo le digo: '¿Contar conmigo qué es?'. Porque los deportistas tenemos esa palabra mágica que es colaborar. Nosotros colaboramos en todo y no trabajamos en nada (Risas). Me dijo que tenía que ir a una reunión con Alejandro (Blanco, presidente del COE) y acepté.

He estado dos años fantásticos con la dirección de Raúl Chapado, director general de deportes de Madrid 2020, gran amigo, gran atleta y gran trabajador que me ha enseñado un montón de cosas. Tenía mucho miedo de entrar en la oficina y al final me he tirado dos años delante de un ordenador. Ha sido una experiencia nueva, otra cosa en mi vida, que me sirve para aprender. Soy más de estar con la gente, pero al final los últimos años iba yo a los sitios, me dedicaba a los deportistas, a las relaciones con las federaciones.

Aparte del batacazo que nos dieron, la experiencia de Madrid 2020 ha sido acojonante, con un grupo y una expedición preciosa. Creíamos en ello, joder, teníamos un sentimiento enorme hacia esto. Hemos pasado noches enteras sin dormir por esta Olimpiada. Lo merecíamos. Los que han participado en unos Juegos Olímpicos lo merecen todo. Pero al final llegas allí (a Buenos Aires) y te derrumbas. Pero bueno, hay que pensar en positivo.

P: Aparte de Madrid 2020 también tienes tus negocios, ¿no?

R: Con el tema de la restauración se me abrió una puerta muy grande, de trabajo y de posibilidades, ahora que no es fácil. El negocio va muy bien y lo único que hay que hacer es trabajar, pero como eso se me ha dado siempre bien... Ahora estoy viendo nuevas posibilidades e intento seguir creciendo en este negocio de la restauración. Quiero buscar también más equilibrio en mi vida personal.

Pero como le digo a la gente, ahora mismo la única solución que hay es trabajar. Como cuando el equipo estaba mal. Estamos en crisis y la única solución es arrimar el hombro y trabajar. En este país dedicamos mucho tiempo a quejarnos y al final se nos va la fuerza por otro lado. Hay casos y casos, porque también hay gente que quiere trabajar y no puede. Yo en mi caso, gracias a Dios, tengo la oportunidad de estar al frente de los negocios. Ahí a tope, echando más horas que un reloj (Risas).

P: Y después de tu retirada, ¿no has seguido practicando deporte como por ejemplo el golf o el pádel? Me cuentan también que eres un gran aficionado a la lectura.

R: ¿Ah sí? En los viajes leíamos pero porque no teníamos otra cosa. En casa quien lee muchísimo en realidad es mi mujer. Yo nunca he sido un gran aficionado a la lectura. Lo que soy es un gran apasionado de los niños y de mi familia, dedico todo mi tiempo libre a ella. Estar con mis hijos me aporta muchas cosas, pero no tengo grandes hobbies. Me gusta estar con la gente. Si yo hago deporte es porque voy con la gente. ¿El golf? Tampoco me ha picado mucho, la verdad. Si estoy con alguien tirando bolas y hablando, pues igual sí, pero si me tengo que ir yo solo... En cualquier otro deporte, voy y juego por el mero hecho de estar con alguien, pero no tengo grandes hobbies. Normalmente dedico mi tiempo a estar con mi gente, con la familia, con los amigos.

En Deportes

    Recomendado

    Lo más popular

    1. El detalle que ha sembrado la inquietud en torno a Chenoa
    2. Federico Jiménez Losantos, sobre la boda de Pilar Rubio y Sergio Ramos: "No pensé que iba a ser tan horrorosa"
    3. La última falacia de Pablo Iglesias: sí, es "rico", y no está precisamente "en números rojos"
    4. Sete Gibernau tumba a Hacienda con una "devastadora" sentencia a su favor
    5. Raquel Bollo cae en la trampa más "vergonzosa" de Kiko Hernández
    0
    comentarios

    Servicios

    Máster EXE: Digital Marketing & Innovation
    España Baila Flamenco