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Miguel Benancio Sánchez, el atleta que Videla hizo desaparecer

Fue uno de los 30.000 mil desaparecidos que dejó la dictadura argentina. Cada año, se celebra una carrera para luchar contra el olvido de todos ellos.

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Fue uno de los 30.000 mil desaparecidos que dejó la dictadura argentina. Cada año, se celebra una carrera para luchar contra el olvido de todos ellos.
Miguel Benancio Sánchez, durante una carrera poco antes de \'desaparecer\'.

La de Jorge Rafael Videla, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, no difirió mucho de otras atroces dictaduras del Siglo XX. Represión, terrorismo de estado, campos de concentración y de exterminio…No en vano, fueron más de 30.000 los argentinos que "desaparecieron" –como así lo denominaban- entre 1976 y 1983.

Miguel Benancio Sánchez fue uno de eso más de 30.000. Atleta de cierto prestigio y gran futuro en el país, tuvo dos grandes defectos que provocaron su búsqueda y posterior deteneción: era solidario y generoso, y pensaba demasiado. Un arma peligrosa para Videla.

Carrera de campeón

Miguel Benancio Sánchez nacía el 6 de diciembre de 1952 en Bella Vista, Tucumán. Era el menor de diez hermanos. Sus primeros años los pasó trabajando junto a su padre en las cosechas de las cañas de azúcar. Pero cuando la crisis entró de lleno en el campo, decidió marcharse a Buenos Aires, donde ya vivían otros hermanos, para buscar un futuro mejor.

Así, llega a Berazategui, al barrio de Villa España. Ahí, además de encontrar trabajos esporádicos en busca de alguno estable, decide probar suerte en el fútbol. Y no le va mal, ingresando en la cantera de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Pero con 21 años, ya con un buen puesto de trabajo en la casa matriz del Banco Provincia de Buenos Aires, y consciente de que el fútbol no le salvará el futuro, decide colgar las botas.

Es entonces cuando prueba el atletismo, y le atrapa. Tanto que comienza a entrenar día sí día también, antes y después de trabajar. Y llegan las primeras carreras. Compite por toda Sudamérica, ganándose el apodo de correcaminos, y llamando la atención de los mejores entrenadores del continente. Iba camino de convertirse en un gran atleta. Llevaba la progresión para ello. Su sueño, llegar a disputar algún día los Juegos Olímpicos bajo la bandera de Argentina.

Para vos, atleta

Pero Miguel tiene también la costumbre de escribir continuamente. Sobre su vida cotidiana, sobre sus entrenamientos, pero también sobre la vida política. Algo que en aquellos años no era de mucho agrado. Además, pasa a formar parte también de una Unidad Básica de la Juventud Peronista. Una ideología que heredaría de sus progenitores.

"Aún no me puedo creer estar aquí. Una de las pruebas más célebres del planeta, la San Silvestre de Sao Paulo. Cuatro días en un clima donde reina la paz, el amor, la amistad. Todos queremos dar el máximo. La esperanza, la conquista y la meta definitiva nos esperan. Las calles, las luces de todos los colores, la gente que nos aplaude… Pido a Dios la paz en mi país", escribió poco antes de la gran cita de la San Silvestre en Brasil. Iba a ser su último maratón.

Como si de una premonición se tratara, pocos días después de la prueba de Sao Paulo la prensa brasileña le dedicaba un homenaje. En él, una poesía, escrita por el propio Miguel Benancio Sánchez, y que decía así:

Para vos atleta
para vos que sabés del frío, de calor,
de triunfos y derrotas
para vos que tenés el cuerpo sano
el alma ancha y el corazón grande.

Para vos que tenés muchos amigos
muchos anhelos
la alegría adulta y la sonrisa de los niños.

Para vos que no sabés de hielos ni de soles
de lluvia ni rencores.

Para vos, atleta
que recorriste pueblos y ciudades
uniendo Estados con tu andar

Para vos, atleta
que desprecias la guerra y ansías la paz.

Ni vivo ni muerto: no existe

Al regresar a Argentina, el 8 de enero de 1978, será raptado. Era un tipo peligroso: era solidario, y le gustaba ayudar a los más desfavorecidos a aprender a leer y a escribir. Un grupo compuesto por de 6 a 8 personas armadas se presentó en su casa a las tres de la mañana. Se lo llevan, no sin que antes Miguel pidiera poder dar un beso a su madre. "No hace falta, volverás pronto", le dicen. Nunca más los volverá a ver.

En el barrio recuerdan cómo le sacaron de casa con los ojos vendados, le metieron en un Ford Falcon verde, y desaparecieron en la carretera. Los años pasarían con la esperanza de la familia de que estuviera bien, en algún lugar escondido; de que terminara todo pronto y volviera a casa. No iba a ser así.

Un argentino también detenido y que consiguió sobrevivir afirma que en El Vesubio, el campo de detenciones del ejército situado en La Tablada, escuchó la historia de un maratoniano que venía de correr en Brasil. Pero tampoco supo nada más de él. Estaba desaparecido. Ni vivo, ni muerto. No existía. Como definiría la desgarradora frase de Videla que quedará para siempre en la memoria trágica de los argentinos.

Correr para no olvidar

Fue en 1998 cuando toda la historia salió a la luz. Lo hizo gracias a un reportaje de los periodistas argentino Ariel Scher y Victor Pochat. Afirman que sólo querían rescatar lo que sucedió. Su historia. Y con ella, la de los más de 30.000 desaparecidos.

Otro periodista italiano, Valerio Piccioni, se interesó en la historia. Poco después, en el año 2000, sería él quien crearía en Roma la Corsa di Miguel. Una carrera que se extendería en poco tiempo por toda Argentina.

Un homenaje que se repite cada año con un objetivo: recordar; luchar contra el olvido. Muy al estilo alemán, tener presente la atrocidad que se cometió, para que nunca más se vuelva a repetir. Ese es el legado que dejó Miguel Benancio Sánchez, generoso aún desaparecido.

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