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Dora Ratjen, el atleta al que el nazismo convirtió en mujer para ganar una medalla

Los nazis no podían permitir una victoria judía para Alemania, así que Ratjen fue la solución. Poco importaba que fuera un hombre.

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Los nazis no podían permitir una victoria judía para Alemania, así que Ratjen fue la solución. Poco importaba que fuera un hombre.
Dora Ratjen, en una imagen tomada en el momento de su detención

A primera vista, la historia de Dora –o Heinrich, en realidad- Ratjen podría resultar graciosa. Más de uno no podrá evitar sonreír mientras avance en su lectura. Pero lo cierto es que en su trasfondo esconde un relato cruel, de dos personas que fueron víctimas de la dictadura más atroz de la humanidad.

Situémonos en la Alemania nazi, allá por 1935. Hitler acaba de conseguir su objetivo: los Juegos Olímpicos se disputarán en Berlín. Una oportunidad, afirma, para demostrar las bonanzas de su política al mundo entero, y la superioridad de la raza aria. Para ello, claro, tiene que conseguir grandes resultados en todas las disciplinas. Y todos, claro, con atletas propiamente germanos.

Así que, sin pensárselo un segundo, decide expulsar del equipo a Gretel Bergmann. El motivo: es judía. Poco importa que posea el récord de Alemania de salto de altura; que sea una firme candidata a la medalla de oro; o que no haya ninguna otra atleta alemana capaz de competir en dicha disciplina. No podían permitir la posibilidad de una victoria judía para Alemania, que sin duda avergonzaría al Führer.

Una vez resuelto el primer problema, había que buscar solución al siguiente: ¿quién podría competir en salto de altura? La realidad es que, tras la hegemonía de Bergmann, ninguna deportista alemana había sido capaz de alcanzar un nivel suficiente. Dora Ratjen fue el remedio. Y no lo hizo mal. Nada mal. Terminó cuarta en la final olímpica, y de hecho poco tiempo después se proclamaría campeona de Europa, superando el récord del mundo. Tenía un futuro brillante.

Sólo había un problema. Dora Ratjen no era una atleta. Era un atleta. Es decir, era un hombre. No se llamaba Dora, sino Heinrich. Todo fue descubierto durante un incidente a finales de 1938, cuando un policía, miembro de las SS, la denunció porque "acababa de ver a un hombre vestido como si fuese una mujer". Recordemos que en aquella época, travestirse era delito en Alemania. Y a partir de ahí ya aparecen dos teorías, las dos teorías que marcarán su vida, y que aún hoy, años después de su muerte, no han sido aclaradas.

Un hombre en cuerpo de mujer

Al parecer, fue detenido tras la denuncia, y examinado médicamente. El doctor dictaminó que biológicamente era un hombre, y que sufría de nacimiento una malformación en los genitales.

Se le acusaría de haber traicionado al Tercer Reich, se le desposeerían de todos los logros –incluido el récord del mundo, que fue devuelto a Dorothy Tyler-Odom- y su rastro prácticamente desaparecería. Según se afirma, se le realizó un juicio en el que se dictaminó que a partir de entonces pasaría a vivir su vida como hombre. Heinrich fue el nombre elegido.

Un invento nazi

La otra teoría afirma que lo que sucedió en aquel tren es que varios viajeros alemanes, que conocían los resultados de Dora, vieron cómo usaba una peluca. Declararon, y fue detenida y examinada, para afirmar evidentemente que era un hombre.

Según cuenta la revista Time en 1966, en un amplio reportaje, Dora –o Heinrich- confesó que nunca había vivido como una mujer, pero que fue víctima de del nazismo, que la había forzado a competir en el salto de altura femenino 'por el honor y la gloria de Alemania', y que por tanto desde ese momento había tenido que vivir como una mujer. Durante tres años.

"Ni hermafroditismo –la excusa usada entonces- ni nada", habría declarado Hermann. "Yo siempre he sido hombre, pero el régimen nazi, obsesionado con ganar una medalla, me obligó a competir como mujer". Cuando fue descubierto, significó una liberación, y prometió cesar de inmediato con la práctica deportiva –y en realidad con toda práctica- como mujer.

Precisamente esa, la voluntad nazi, pudo ser la causa de que fuera absuelto en el juicio. No hay que olvidar que en aquellos años en Alemania todos los asuntos eran tratados con extrema severidad, más si se trataba de personas que ellos tildaban de "diferentes", y mucho más aún si se consideraba que habían traicionado al III Reich.

La familia no ayuda

Tampoco han ayudado a aclarar la realidad las interpretaciones que de su vida han hecho los familiares. Ni antes, ni después del suceso. En más de una ocasión Heinrich Ratjen, el padre, afirmó que cuando nació le pusieron el nombre de Heinrich, y creció como un niño. Pero en artículos de la época también afirma que había nacido como niña, a pesar de que su apariencia fue desde siempre la de un niño. Continuas versiones contradictorias.

O quizá sea una mezcla de ambas versiones la que represente más fielmente la realidad. Dora había nacido con intersexualidad, al crecer sus hormonas masculinas se impusieron, pero eso poco le importó al poder nazi a la hora de buscar una medalla germana y no judía. Nada queda claro, lo único que resulta evidente es que Dora o Heinrich Ratjen fue claramente una víctima. Aún sin saber en realidad de quién.

Bergmann, la otra víctima

Porque efectivamente esta historia tiene otra víctima. Gretel Bergmann. Se tuvo que marchar a vivir a Estados Unidos, sin quitarse jamás la espina de qué hubiera ocurrido de poder participar en los Juegos Olímpicos.

"Bajo estado de forma", adujeron los germanos para expulsarla del equipo. A pesar de que en los entrenamientos previos –a un mes de la competición- había saltado 1,60 metros, la marca que le valió a la húngara Ibolya Csak para conseguir el oro. Pero claro, era judía en la Alemania nazi…

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