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Heidi Krieger, la atleta que se convirtió en hombre víctima del dopaje alemán

De 1968 a 1989 más de 10.000 deportistas de la RDA fueron dopados. Conquistaron 519 medallas olímpicas. Un tercio de ellos ha desarrollado cáncer.

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Heidi Krieger, durante un momento de la competición.

Desde que el deporte es deporte, todos los regímenes políticos totalitarios han querido utilizarlo como herramienta para demostrar su supuesta supremacía sobre el resto de naciones. El comunismo soviético no fue una excepción. Y no sólo circunscrito a la URSS; en la Alemania Oriental también se vivió con crudeza.

Poco importaban las condiciones en que vivieran los deportistas. Ni cómo se les tratara. Ni qué se les pidiera. Debían ser los mejores, costara lo que costara. Se les escogía desde pequeños, se les entrenaba en condiciones infrahumanas, y se les suministraban las sustancias dopantes necesarias hasta llegar a ser atletas perfectos, invencibles.

Decenas de vidas se convirtieron en infierno. Pero quizá la más trágica fue la de Heidi Krieger. Es la historia de un atleta que sufrió físicamente y aún más psicológicamente; es la historia de un atleta que llegó a cambiar de sexo a causa de tanta droga suministrada a su cuerpo; es la historia de un deportista explotado hasta límites que jamás se debieron alcanzar.

Nacida Heidi

Heidi Krieger nacía el 20 de julio de 1966 en Berlín. Desde bien pequeña demostró unas capacidades atléticas fuera de lo común. Alta, fuerte, corpulenta, con ciertos rasgos masculinos… tenía una fuerza inusitada. En cuanto los entrenadores la descubrieron, la reclutaron para el club Dynamo Sports, una escuela para jóvenes atletas controlada por la Stasi, el órgano de inteligencia de la República Democrática Alemana.

Y en cuanto comienza a obtener los primeros resultados positivos, el peso de la Stasi y de su programa de dopaje recae sobre ella. Manfred Ewald, el Ministro de Deportes de la RDA, no lo duda un segundo: tienen una estrella en ciernes, y deben hacerla crecer a toda costa. Y a toda costa significa con horas y horas de entrenamiento, y todas las sustancias dopantes que hagan falta. Sin importar su persona. Sin importar Heidi.

Los resultados se ven de inmediato. Con 17 años logra dos oros en los europeos Juniors de atletismo: en el lanzamiento de disco, y el lanzamiento de peso. Será en esta segunda modalidad donde centrará su carrera, y cada año irá mejorando su marca. Conquista un bronce en el Campeonato de Europa de Pista cubierta de 1984 en Goteborg (20,18); una plata en el Campeonato de Europa de Pista cubierta de 1986 en Madrid (20,21); el oro en el Campeonato de Europa de Atletismo de 1986 en Stuttgart (21,10) y otra plata en el Campeonato de Europa de Atletismo en Pista Cubierta de 1987, en Liévin (20,02). Apenas tenía 21 años.

Su aspecto físico, sin embargo, cambiaba a la misma velocidad que conquistaba medallas. La espalda, cada vez más ancha; el rostro, cada vez más masculino; el pecho, cada vez más plano… se estaba convirtiendo en un hombre. La causa de todos sus males: el Oral-Turinabol, el esteroide provisto por el programa de Ewald y la farmacéutica germana Jenapharm; el esteroide que te construye un físico que tu cuerpo no puede soportar; el esteroide que hará que Heidi se retire sólo cuatro años después de su oro en un Mundial, y con tan solo 24 años, al no poder soportar el dolor crónico en sus articulaciones.

"A Heidi la mataron"

No era para menos. El plan de suministro fue escalonado; fue una aberración. El primer año, con tan solo 16 años, Krieger recibió una dosis de 17 miligramos a la semana; 885 miligramos al año. Con una niña aún en la pubertad, los efectos iban a ser devastadores.

Al tercer año, la cantidad semanal de hormona masculina que se le suministraba era ya de 50 miligramos, sumando una cifra de 2.590 miligramos anuales. Los médicos y los entrenadores se referían a ella como Hormonas Heidi. "Nunca me cuestioné si lo que me estaban dando eran hormonas. No pregunté"

El sufrimiento no era sólo físico. También era, sobre todo era, psicológico. Relata la misma Heidi que en una ocasión, antes de ganar ninguna medalla, iba en el tren junto a su madre y la señalaron afirmando que era una drag queen. Nunca más vestiría con falda. Y en más de una ocasión le prohibieron entrar en los servicios de mujeres, indicándole que debía hacerlo en el de caballeros.

Tanto cambió Heidi y tanto sufrió anímicamente, que en 1997 tomó una severa decisión: a partir de ese momento iba a ser Andreas. Ya no iba a ser más ella, sino él. La toma de aquella sustancia la había convertido en una persona que no reconocía, que no quería ser; una mujer sin nada femenino, que nadie reconocería como tal. "A Heidi la mataron", declararía en una entrevista a la televisión alemana. "No tenía el control. No pude descubrir por mí misma a qué sexo quería pertenecer", añadiría.

Relativa justicia

Cambiar de sexo no fue lo que se limitó a hacer Andreas Krieger. Apoyado por su mujer, la exnadadora Utte Krause –también víctima del dopaje de la RDA, en este caso una severa bulimia- decidió denunciar el maltrato físico, psicológico y de salud que sufrió, y que sufrieron tantos otros atletas de la Alemania del Este.

En el año 2000 fueron llevados a justicia y condenados el ex ministro de Deportes y presidente del Comité Olímpico de la RDA Manfred Ewald, así como el doctor Manfred Hoeppner, jefe de los servicios médicos del Comité Olímpico Alemán del Este. Fueron declarados culpables de complicidad en el daño intencionado a los cuerpos de los deportistas, pero se les concedió la libertad condicional.

"Las palabras que usaron en el tribunal fueron que suministrar dosis relativamente altas de Oral Turinabol a una chica que estaba en la pubertad había contribuido de forma significativa a su evolución hacia la transexualidad", dijo Franke, el biólogo molecular cuya investigación sobre el sistema de dopaje de la RDA constituyó la base de los procesos criminales. Hoeppner reconoció los hechos y se disculpó públicamente; Ewald jamás pidió perdón, y moriría sólo dos años más tarde.

En el periodo que va de 1968 a 1989, la República Democrática Alemana conquistó un total de 519 medallas olímpicas. En aquel periodo, se calcula que fueron unos 10.000 los deportistas de la Alemania del Este que fueron dopados sistemáticamente. Casi una tercera parte de ellos ha desarrollado cáncer. Hoy en día, en la Alemania ya unificada, cada año se entrega la Medalla Heidi Krieger a aquellos que combaten de la manera más severa el dopaje.

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