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Carolina Pascual: "Lo de Almudena Cid tiene mucho mérito, pero yo he ganado una medalla olímpica"

Entrevista a Carolina Pascual, única gimnasta española de rítmica que ha ganado una medalla olímpica en el concurso individual, en Barcelona'92.

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Carolina Pascual, durante un momento de la entrevista a Libertad Digital. | David Alonso

A un mes de cumplir los 39 años se la ve en plena forma y dispuesta a dar guerra, mucha guerra. Han pasado casi 23 desde que ganara la medalla de plata en el concurso individual de gimnasia rítmica de los Juegos Olímpicos de Barcelona'92, pero Carolina Pascual Gracia (Orihuela, Alicante, 17 de junio de 1976) dice encontrarse ahora "mejor que nunca".

Esta exgimnasta, considerada como unas de las mejores de la historia de nuestro país, que también ha ganado medallas en campeonatos mundiales, europeos y nacionales, lleva varios lustros dando bandazos sin éxito desde su retirada de la alta competición en 1993, encerrada en el baúl de los olvidos. Y está dispuesta a salir de él a toda costa. "Pido a gritos que me den una oportunidad porque me siento como cuando era joven, como cuando era la mejor gimnasta del mundo", dice Carolina.

Todo un torrente de energía, la alicantina no esquiva ningún tema de los que se tocan en esta entrevista con Libertad Digital, como el mal momento actual de la gimnasia rítmica española a nivel individual o dos nombres propios: Carolina Rodríguez, que a punto de cumplir los 29 años aún sigue compitiendo a alto nivel –sin duda una rara avis dentro de este sacrificadísimo deporte–, y Almudena Cid, la gimnasta rítmica más mediática de nuestro país.

"Lo de Almudena tiene mucho mérito, qué duda cabe, porque ir a cuatro Juegos Olímpicos no lo consigue cualquiera, pero creo que una medalla olímpica supera a un diploma", se jacta.

Así es Carolina Pascual, una mujer sin pelos en lengua que no tiene problema alguno en decir lo que piensa. La deportista –nada de "ex", nos advierte a este redactor y a David Alonso, el fotógrafo que lo acompaña– nos emplaza en una cafetería del centro de Madrid, donde lleva viviendo desde hace tres años en busca de "esa oportunidad que aún no llega, pero que llegará", para hablar de su carrera y de gimnasia rítmica. Y no hay más que verla: como cantaba La Unión por la misma época en la que hizo historia y se colgó la plata en Barcelona, "ella es un volcán".

Entrevista a Carolina Pascual

Empezaste muy pronto, con siete años, pero sólo estuviste cuatro en la alta competición, de 1989 a 1993…

Ha sido una carrera breve pero intensa. Ya fui internacional con apenas 12 años, a una edad muy temprana. Voy a mi primer Campeonato de Europa con 13 añitos, en Goteborg (1990), y gano la medalla de bronce. Una carrera corta, pero muy intensa y con grandes resultados.

Con grandes resultados y varias medallas, ¿no?

Sí, he ganado medallas en algunos Campeonatos de Europa y fui segunda en la Copa del Mundo, pero sobre todo me quedo con la plata olímpica, que es mi medalla más especial. Me puedo sentir contenta.

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Carolina Pascual, durante los JJOO de Barcelona'92. | Cordon Press

Tu especialidad eran las mazas…

Sí, con las mazas conseguí la plata en el Campeonato del Mundo de Alicante'93, en casa. Se puede decir que las mazas y la pelota eran mis aparatos favoritos. Tampoco puedo olvidar la cinta, con la que fui subcampeona del mundo individual y en los Juegos Olímpicos. Si en nuestra disciplina dieran la medalla por aparatos, sería oro olímpico en pelota porque en ese aparato superé a Alexandra Timoshenko.

Te vienen muchos recuerdos a la cabeza…

Sí, me viene también el recuerdo de Goteborg'90, donde me convierto en la primera española que se mete en una final por aparatos, y allí quedo sexta o séptima de Europa. Fue mi primer campeonato internacional, siendo júnior. Las séniors estaban lesionadas en ese momento y tiran de las júniors, entre las que me encontraba yo. Así que ahí estábamos preparadas para la alta competición.

Pero si algún recuerdo te vendrá especialmente a la cabeza, ése será el de Barcelona'92…

Aquello me quedaba muy grande (risas). Fueron unos Juegos espectaculares. Yo era una niñita de 16 años e iba con tacones, era la primera vez que me ponía tacones en mi vida. El estadio de Montjuic es gigante, aunque sea para dar sólo una vueltecita, y acabé con unas ampollas tremendas, pero valió la pena. Recuerdo que la ceremonia inaugural fue el 25 de julio y mi medalla llegó el 8 de agosto, un día antes de que terminasen los Juegos, así que fue una de las últimas que consiguió la delegación española.

En aquel desfile tú ibas detrás del que hoy es el Rey Felipe VI, ¿verdad?

Así es, él era el abanderado y yo iba detrás. Fue una tremenda emoción poder representar a España, te sientes muy grande en ese momento. Aún no habíamos competido, pero en aquel momento ya piensas todo lo que has tenido que pasar para llegar hasta ahí: detrás hay mucho sacrificio, muchísimas horas de entrenamiento y unas cuantas lágrimas. Y luego, además, consigues una medalla en unos Juegos Olímpicos y encima en casa, delante de tu gente.

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Carolina Pascual posa para las cámaras de LD. | David Alonso

¿Cómo fueron tus sensaciones justo antes de la competición?

Puede sonar un poco prepotente, pero sabía que lo iba a conseguir, que iba a ganar medalla. Sabía que no podía defraudar a nadie y sobre todo a mí misma, después de haber luchado tanto. Luego en el tapiz lo das todo. Las únicas gimnastas que no fallamos fuimos Timoshenko y yo, todas las demás cometieron errores. Además, hay que tener en cuenta mi ranking mundial: yo siempre he estado entre las tres primeras del mundo, así que no es una cosa que viniera de sorpresa. Incluso los rusos me quisieron fichar para que compitiera con ellos. Habrían notado algo diferente en mí.

En aquella época tu entrenadora era Emilia Boneva y tenías como compañeras, entre otras, a Rosabel Espinosa y Carmen Acedo. ¿Cómo era tu relación con ellas y cómo lo es ahora, si es que sigue existiendo?

En aquella época nos llevábamos muy bien, pero con el paso de los años cada una va tirando por su lado. Eran otros tiempos. Las 18 componentes del equipo vivíamos junto con nuestra entrenadora en un chalet. Allí pasamos cuatro largos años entrenando durante diez y doce horas diarias, preparándonos muy duro para los Juegos Olímpicos. No estudiábamos, entrenábamos de lunes a sábado e incluso los domingos competíamos. Una vez que te retiras, quieres volver a los estudios y recuperar el tiempo perdido.

Ya retiradas, sí que me he relacionado mucho con las alicantinas. Sobre todo con Rosabel, que era mi compañera de habitación en el equipo nacional. Con Carmen fue diferente: ella era catalana, se separó un poquito más y la relación no es tan intensa como nos hubiera gustado.

Te retiraste con 17 años. Supongo que te costaría mucho reengancharte a la vida normal y sobre todo a los estudios…

¡Imagínate! En mi caso, siendo una persona completamente activa que entrenaba 12 horas al día, me costaba muchísimo eso de sentarme en un pupitre durante siete y ocho horas diarias. Concentración para ejecutar un ejercicio sí, pero no para estar escuchando a una persona y con los coditos clavados (risas)… Pero era lo que había.

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Carolina Pascual conversa con el redactor Guillermo Domínguez. | David Alonso

¿Te quedaste con la espina de no haber ido a los Juegos de Atlanta'96?

No es que no llegara, es que no quise ir. Yo ya llevaba más de dos años retirada, pero me llamó Emilia Boneva varias veces tratando de convencerme, intentando que retomara la alta competición y estuviera en Atlanta. 'Vamos Caroli, tú puedes…'. Pero no. Ahora, casi veinte años después, te das cuenta de que podía haber seguido. El cuerpo me ha respetado y no he tenido lesiones importantes. La verdad es que me encuentro en plena forma, mejor que nunca, así que habría podido ir no sólo a Atlanta, sino también a Sydney e incluso a Atenas (risas). Ahora en serio, con aquella medalla en Barcelona pensaba que estaba todo el trabajo hecho, pero luego tienes que seguir trabajando día a día.

Emilia Boneva siempre ha confiado en ti…

Emilia siempre me ha dicho que he sido una trabajadora cien por cien, que cada día lo ha dado todo en los entrenamientos, como si de unos Juegos Olímpicos se tratara, y me ha dado las gracias por ello. Siempre me lo ha reconocido y estoy orgullosa de ello. Es verdad que podía haber seguido y haber aspirado a más...

Un tanto injusto este deporte, ¿no? Ya puedes dejarte la piel sobre el tapiz que al final acabas dependiendo de la voluntad de unos jueces…

A veces hay injusticias: suben unas décimas, bajan unas décimas. Y es verdad, un mínimo fallo te puede hacer perder una medalla. En mi caso yo siempre estuve muy bien reconocida a nivel internacional. Recuerdo un Campeonato de Europa donde me penalizaron después de dar mi nota y al final eso hizo que perdiéramos la medalla de plata por equipos. Antes se podía hacer reclamaciones de la nota, pero se cambió el código y ahora no se puede. Tienes que ir a por todas a la primera.

Un deporte sacrificado en el que además tampoco hay ayudas…

En otros lugares, a los deportistas de élite que han estado representado a su país sacrificando sus vidas, se les paga la Seguridad Social y se les garantiza un futuro. En España eso no ocurre. Cuando me retiré, a mí me costó muchísimo volver a ponerme a estudiar: terminé BUP y no hice ninguna carrera, entre otras cosas porque no tenía dinero para poder pagarla. Acabas de estudiar con 22 años y entonces lo que necesitas es ganar dinero, moviéndote por donde puedes y por donde te dejan…

¿A qué te dedicaste?

Me saco mis cursos de entrenadora, pero resulta que no me informan de que una medallista olímpica, como es mi caso, no tenía ni que haberlos cursado ni haberlos pagado. Yo los he cursado todos y los he pagado todos. Obtener la titulación de entrenadora nacional me llevó tres años, y mientras tanto hice los cursos de entrenadora nacional de aerobic y me meto en el mundo del fitness para poder trabajar en gimnasios. También me meto en aerobic para embarazadas y en gimnasia de mantenimiento para la tercera edad. ¡Ah, y estudio un año de arte dramático! Me pongo a trabajar en lo que puedo porque nadie me dio un trabajo cuando me retiré, parece que nadie quería apostar por mí…

Sorprende que nadie te ofreciera nada…

Siendo medallista olímpica, me siento totalmente abandonada. Yo vivo del deporte y no puedo estar en casa parada todos los días. Me pica el gusanillo y digo: 'me apetece lanzar una pelota, coger una cinta y hacer cuatro volteretas'. Entonces, con la hija de una amiga, la vecina, la del parque… formo un pequeño grupo de niñas, empiezo a entrenarlas y me desfogo con ellas. Nos convertimos en campeonas de España sin tener sitio, ni lugar, ni carrera... ¡nada! Ahí estoy yo al pie del cañón. Ésa es mi lucha. Intento estar en la Real Federación Española de Gimnasia. Pido a gritos que me den una oportunidad porque me siento como cuando era joven, como cuando era la mejor gimnasta del mundo. Si no me dan una oportunidad, ellos también se lo pierden. Te digo una cosa: vivir de la rítmica es precioso y yo prefiero ser una gimnasta de élite a, por así decirlo, ser una persona normal y corriente.

Así que deambulando un poco durante todos estos años, ¿no?

Sí, he ido de Murcia a Alicante. He estado en las escuelas de Orihuela, las de La Vega, en el Club Atlético Montemar de Alicante, deambulando por gimnasios para estar una hora aquí, otra hora allá… Trabajando mucho, pero nada fijo. Así durante diez años. Más de mil niñas han pasado por mí. Pero sin duda he podido dar más, mucho más.

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La gimnasta, siempre con una sonrisa en el rostro. | David Alonso

No podemos terminar esta entrevista sin hablar de Almudena Cid, que ha tenido mucho más peso en los medios pese a no haber tenido tantos éxitos como otras gimnastas…

Pido que por favor no miren sólo a una gimnasta, que somos muchas más y entre todas podemos ya no sólo repartirnos la fama, sino contar nuestras experiencias y promocionar nuestro deporte. Hay mucho que contar. Hay mucha gente que no se acuerda de mi medalla olímpica, de mi paso por los Juegos, y se lo está perdiendo.

Lo de Almudena tiene mucho mérito, qué duda cabe, porque ir a cuatro Juegos Olímpicos no lo consigue cualquiera, pero creo que una medalla olímpica supera a un diploma. No hay color. Entonces que no se cierren en banda sólo con ella. Me gustaría surgir de los fondos y que se me reconozca tanto como se la reconoce a ella. Pero bueno, también comprendo que han pasado 23 años y la gente vive del presente, del día a día. Además, Almudena también está más relacionada con el mundo del corazón, ha escrito sus libros y aparece en la televisión. Se está moviendo más, es verdad, pero ella es ella y yo soy yo.

¿Qué le pasa a la gimnasia rítmica española en el plano individual? Hay éxitos a nivel de equipos, como los oros en Kiev 2013 y Esmirna 2014, pero quizá falte una gran figura que brille en solitario…

Supongo que si ya no damos más, habrá que ir pensando en un relevo generacional. Mira el caso de Carolina Rodríguez, que tiene casi 29 años, aunque supongo que querrá acabar su carrera con buen sabor de boca. Hay que dejarlas que acaben, pero hay que ir pensando también en la nueva hornada, con gimnastas frescas y muy jóvenes. Mira por ejemplo las rusas: son chicas de 17-18 años que están en plena forma y son muy fuertes. Esperemos a la nueva hornada. A ver si sale ya la nueva Carolina Pascual (risas).

Quizá para el Campeonato Mundial de Stuttgart en septiembre y los Juegos de Río el año que viene sea complicado, pero… ¿crees que veremos a la nueva Carolina Pascual a medio plazo?

Ojalá, aunque también reconozco que no soy demasiado optimista de cara a las próximas citas. De todas formas, insisto en que hay que dejar paso a otras gimnastas, pero hay algunas que parece que no quieren dejárselo.

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