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Atenas 2004: la crisis y pobreza como resultado de una deuda histórica

El regreso de los Juegos a Atenas era obligatorio moralmente. Sin embargo, las consecuencias económicas para Grecia fueron demoledoras.

El regreso de los Juegos a Atenas era obligatorio moralmente. Sin embargo, las consecuencias económicas para Grecia fueron demoledoras.
Estado en el que se encuentra uno de los estadios construidos para los Juegos Olímpicos. | EFE

108 años después, los Juegos Olímpicos volvían a Atenas. Lo hacían 8 años más tarde de lo que debían, pero nunca es tarde... Aunque seguramente no pensarían eso en el COI cuando, a falta de pocos meses para que dieran inicio los XXVIII Juegos, aún faltaba mucho por hacer. Contra todo pronóstico, y trabajando a destajo, la capital griega estuvo a punto para el 13 de agosto, día en que comenzaron los Juegos del recuerdo.

Eso sí, el coste para conseguirlo fue demasiado elevado. La presidenta del Comité Organizador, la multimillonaria Gianna Angelopoulos, fue quien se encargó de todo. Pero dejó como legado muchas deudas, y la mayoría de las instalaciones olímpicas en desuso.

El ejemplo más claro lo encontramos en la cúpula del estadio olímpico de Atenas. Diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava, costó 130 millones de euros, y desde que empezó a utilizarse necesita 9,5 millones de euros anuales para los trabajos de mantenimiento. Trabajos que, evidentemente, hoy no se realizan.

El coste real de los Juegos fue objeto de polémica desde el primer momento. Los más optimistas apuntan a 5.000 millones de euros; los hay que llegan hasta los 27.000 millones de euros. Lo que sí que está constatado es que el déficit presupuestario se dobló en el año olímpico, pasando del 3,7% de 2002 al 7,5% en 2004. Y la deuda estatal subió en un año de 182.000 millones a 201.000 millones de euros. A partir de entonces, Grecia entró en una inmensa espiral de deudas.

Los Juegos del regreso

A nivel deportivo, las cosas sí fueron bien. Se tiró del orgullo del pasado, cosa inevitable teniendo en cuenta que se trataba de la cuna de los Juegos Olímpicos, casi 3.000 años atrás, así como la ciudad donde se habían vivido los primeros Juegos Modernos. Por eso, fueron continuas las evocaciones a ese pasado.

Como la presencia del mármol en el Estadio Panathinaiko, usado para el tiro con arco, o en la meta del maratón, rememorando el el hito de Spyridon Louis. Algunas pruebas, como el lanzamiento de peso –dado su peso simbólico– se celebraron en las ruinas de Olimpia, la ciudad que acogió la primera Olimpiada. Y por supuesto se entregó una corona de laurel, a la vieja usanza, a todos los que alcanzaban el podio.

Para completar, las competiciones se desarrollaron sin ningún tipo de problema, los atletas griegos cosecharon unos resultados históricos, récord de medallas incluidos, y ni tan siquiera los escándalos de dopaje que salpicaron a algunos de sus deportistas antes de dar comienzo la cita deportiva importaron ya.

Nace una nueva estrella acuática

Además, y a diferencia de cuatro años antes, en esta ocasión sí hubo grandes estrellas que eclosionaron para quedarse en la historia deportiva para siempre. Quizá el más destacado fue el nadador estadounidense Michael Phelps, ganador de seis medallas de oro y dos más de bronce, con un récord del mundo y tres récords olímpicos. Y eso que sólo contaba con 19 años...

Sus victorias se produjeron en el 100 y 200 mariposa; el 200 y el 400 estilos; el 4x200 libre y el 4x100 m estilos. En el 200 libre y el 4x100 libre se 'conformó' con el bronce. No alcanzaba así el récord de Mark Spitz -7 oros en unos mismos Juegos-, aunque sí que lo conseguiría 4 años más tarde.

Además, se convertía en el primer deportista que conseguía ocho medallas en unos Juegos Olímpicos sin boicots, con todas las potencias participando. No en vano, eso provocó que se tuviera que enfrentar a rivales de la talla de Ian Thorpe –ganador de dos oros– o Pieter van den Hoogenband, ganador de un oro y dos platas.

Se destapa El Guerrouj

Y si Phelps fue el rey en la piscina, el marroquí Hicham El Guerrouj lo fue sobre el tartán, al repetir una gesta que no se conseguía desde 80 años atrás: lograr la victoria en el 1.500 y 5.000 metros. Paavo Nurmi, el finlandés volador, lo había conseguido en París 1924.

También brilló la británica Kelly Holmes, con otro doblete histórico: el conseguido en el 800 y 1.500 metros, tercera mujer en la historia que lo conseguía. Así como el chino Liu Xiang, quien conquistó el oro en el 110 metros vallas igualando el récord del mundo, significando la primera medalla de oro para el atletismo masculino chino, pero mandando una señal de lo que iba a acontecer sólo cuatro años más tarde.

Otra deportista que sin duda pasó a la historia en Atenas fue la palista Birgit Fischer, quien tras llevarse la victoria en el K-4 500 metros se convirtió en la primera mujer que era capaz de ganar una medalla de oro en seis Juegos Olímpicos distintos. ¡Seis! Había comenzado en Moscú 80, y desde entonces, durante 24 años, nunca falló a la cita.

También destacable fue la victoria de Argentina en la competición de baloncesto masculino, sobre todo tras imponerse a Estados Unidos en las semifinales, en lo que suponía la primera derrota del conjunto estadounidense desde que competían conjuntos profesionales. Lo hizo por 81 a 89. En la final se impuso a Italia 84 a 69. Era la Argentina de los Ginobili, Scola, Oberto, Nocioni, Delfino...

Y quizá una de las imágenes que más se recuerde, para su desgracia, es la del maratoniano brasileño Vanderlei Lima siendo atacado por un espontáneo a menos de 5 kilómetros para meta. Lima marchaba en aquellos momentos primero en la carrera, cuando el exsacerdote irlandés Cornelius Horan se abalanzó sobre él, interrumpiendo su ritmo, desplazándole hacia la multitud. Lima pudo regresar, y llegó a ganar incluso el bronce. Más tarde recibiría la medalla Pierre de Coubertin, uno de los mayores galardones del olimpismo.

España se mantiene en lo alto

Ya se había dicho, y Atenas 2004 lo confirmó: los Juegos de Barcelona 92 significaron el despertar del deporte español, el pasar de tener grandes deportistas pero por generación espontánea, a tener una importante estructura deportiva que permite el éxito continuo.

Si en Barcelona fueron 23 las medallas conseguidas, y en Sidney 200 fueron 11 –tras las 17 de Atlanta– lo lógico sería pensar en una tendencia a la baja en Atenas. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: en la cuna del olimpismo se consiguieron un total de 20 preseas, casi rozando la proeza de Barcelona.

El piragüismo volvió a irrumpir en el medallero español 20 años después de su última aparición, en Los Ángeles 84. Y lo hizo gracias al gallego David Cal, quien mantuvo un espectacular duelo con el alemán Andreas Dittmar en el canal de Schinias. En la prueba de C-1 1000m, la victoria fue para el español ante el vencedor en la misma prueba en Sidney. En el C-1 500m se cambiaron los papeles, con victoria para el germano y plata para David Cal.

De esta manera el palista gallego comenzaba su colección de medallas que, sumadas a las conseguidas en Pekín –dos platas– y Londres –una plata– lo convierten en el mejor medallista olímpico español de la historia.

Otro que está en ese podio histórico español es Gervasio Deferr, que en Atenas sumaba su segundo oro después del conseguido en Sidney. Y de nuevo conseguía la victoria en el ejercicio de salto, con una puntuación de 9,737 puntos (9,687 en el primer salto y 9,787 en el segundo). También en gimnasia, aunque en este caso en suelo, obtuvo la madrileña Patricia Moreno una brillante medalla de bronce.

Y si David Cal y Gervasio Deferr están en ese podio, otro lugar en el cajón –en el orden que ustedes deseen– le corresponde al ciclista Joan Llaneras, que en Atenas sumaba su segunda medalla, la primera de plata, y aún faltaban otro oro y otra plata en Londres. El mallorquín se llevó la segunda plaza de nuevo en la carrera por puntos.

Pero es que el ciclismo le otorgó a España otras cuatro medallas más: la plata conseguida por José Antonio Escuredo en Keirin; la plata de José Antonio Hermida en la prueba de campo a través de ciclismo de montaña; y los bronces de Sergi Escobar en persecución individual y del equipo de persecución formado por Carlos Castaño, Asier Maeztu, Carlos Torrent y el propio Sergi Escobar.

Volviendo a los oros, el tercero y último fue el conseguido por la pareja de vela formada por Iker Martínez y Xabier Fernández, en la clase 49er. También en vela, dando siempre tan buenos resultados para el deporte español, se obtuvieron dos platas: una para Rafael Trujillo en la clase Finn, y otra para Natalia Vía-Dufresne y Sandra Azón en 470.

En atletismo se consiguieron tres medallas: la de plata para Francisco Javier Fernández en 20 km marcha, y los bronces de Manolo Supermán Martínez en peso y el hispanocubano Joan Lino en salto de longitud.

También se tocó la plata y el bronce en la hípica. El equipo de doma por equipos fue segundo, con Beatriz Ferrer-Salat (Beauvalais), Rafael Soto Andrade (Invasor), Juan Antonio Jiménez Cobo (Guizo) e Ignacio Rambla Algarín (Oleaje); mientras que de nuevo Beatriz Ferrer-Salat con su caballo Beauvalais fue tercera en Doma Individual.

El resto de medallas fueron para la pareja de tenis femenino formada por Conchita Martínez y Vivi Ruano, que perdieron en la final ante las chinas Li Ting y Sun Tian Tian por 6-3 y 6-3; para María Quintanal en tiro, especialidad foso olímpico; y para la pareja Javier Bosma y Pablo Herrera en voley playa.

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