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Una Vuelta a España con el cartel del Tour de Francia

Froome, Contador y Quintana son los grandes favoritos en una Vuelta que tiene diez finales en alto y que arranca con una crono por equipos.

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Mientras unos ven a Alberto Contador como "el favorito número uno", el británico Chris Froome, flamante ganador del pasado Tour de Francia, avisa: "Tengo asuntos pendientes con La Vuelta". El tercero en discordia, el colombiano Nairo Quintana, rebaja las aspiraciones: "Me vale con conseguir el cajón".

Ellos tres, por el orden que ustedes quieran, son los grandes favoritos. Y los tres llegan a esta Vuelta a España con acercamientos dispares. Mientras que Quintana fue tercero en el Tour y no ha competido desde entonces, alegando una enfermedad que le impidió rendir como quería en la ronda francesa, Contador, que se retiró a mitad de Tour, viene de ganar una ronda previa, la Vuelta a Burgos, sin apenas oposición clara. Froome, por su parte, estuvo en Río, donde conquistó el bronce en la prueba de crono.

Primer bloque de claro sabor a montaña

Tres formas distintas de llegar a esta Vuelta que valorarán el estado de forma de los grandes favoritos desde el primer día. La organización de la ronda española busca el interés en cada etapa y prueba de ello es el número de finales en alto, hasta diez, aunque cada uno de una manera distinta. De pequeñas y duras subidas a auténticas etapas de montaña pasando por etapas unipuerto. A esto hay que añadir una crono individual, en la antepenúltimo etapa, en Calpe, de 37 kilómetros, y otra crono por equipos, este sábado, que abre la carrera, en Orense, de 27,8.

Las primeras diferencias, por tanto, ya se harán en la primera etapa. Pero en la tercera pueden aumentar, con la llegada en alto al mirador de Ézaro, con rampas del 25%. Y al día siguiente, otro final en alto en puerto de segunda, en San Andrés de Teixidó. Tras éstas, etapas para los (pocos) sprinters que hay en esta ronda y en la octava jornada, etapa unipuerto con llegada a La Camperona, con tramos del 20 y 25%. Durísima subida que inicia el tríptico norteño, seguido del final en el Naranco y de la llegada al mítico puerto de Los Lagos de Covadonga. Con estos tres finales en alto se llega al primer día de descanso. 10 etapas que habrá purgado la general de los menos candidatos.

Es decir, a los tres mencionados, habrá que ver si se unen otros como los colombianos Chaves (segundo en el último Giro) o Miguel Ángel López, el holandés Kruisjwijk, el estadounidense Van Garderen y su compañero Samuel Sánchez, los franceses Barguil y Péraud, el norteamericano Talansky, el sudafricano Meintjes (décimo el año pasado y octavo en el último Tour), o, por qué no, el murciano Alejandro Valverde, que disputará su tercera grande consecutiva en busca de su tercer top ten en un mismo años, que sería el quinto si contamos el tercer puesto del Tour 2015 y el séptimo de la vuelta de ese año. Desde el Tour 2012 ha corrido diez grandes vueltas y, excepto en ese mismo Tour, en las nueve siguientes ha acabado en el top ten, incluyendo cinco podios.

El Aubisque, jornada reina

Si éstos aguantan arriba, la segunda semana será de confirmación. Arrancando con otro final en alto, Peña Cabarga, seguida de dos días de emboscada para llegar a las gran jornada de montaña, con final en el Aubisque, previo paso por el Col Inharpu, Soudet y Marie-Blanque. Será la auténtica etapa de montaña dentro del ciclismo de Youtube que busca Javier Guillén, director de la Vuelta, donde priman los últimos kilómetros hacia arriba, olvidando el desgaste previo de grande etapas.

Sin embargo, en contra de esa idea, este año la señal de televisión aumenta una hora, es decir, a las tres ya conectarán en directo con la carrera, con lo que no nos volveremos a perder momentos como el ataque de Contador camino de Fuente Dé. Jornada que queda en la retina de todos, pero donde nadie pudo ver el ataque en sí.

A repetir la fórmula de 2015

16 etapas y descanso. Porque queda el remate final que arranca con el final en alto en Llucena, otro desconocido de apenas 4 kilómetros pero donde el 21% de desnivel en algunos tramos hará daño, sobre todo viniendo de la jornada de descanso. Dos días después, la crono mencionada; y el penúltimo día, final en alto, en Aitana, donde lo que quede por pasar, tiene que pasar. No es una etapa como la del año pasado en la Sierra de Madrid, donde Dumoulin perdió el rojo en favor de Aru, pero puede que el esfuerzo el 10 de septiembre, con la temporada llamando a su fin, provoque un bloqueo en las piernas en algún favorito.

Diez finales en alto, dos cronos, y muchas etapas trampa, de emboscada, donde el ciclista se cansa y no hay descanso. La tregua queda para otras carreras. Y un año más, la Vuelta queda como el refugio de los que no aprobaron el examen de julio. Una repesca, una carrera,cuyo cartel bien se asemeja al del Tour. De hecho, bien podríamos hablar del Tour. Pero se trata de la Vuelta, que está pasando desapercibida entre Juegos y comienzo de la Liga. Los ciclistas la pondrán en su sitio.

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