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Andre Hamm, el proyecto de esquiador olímpico de Costa Rica, donde sólo nieva una vez al año

Nunca ha visto la nieve en Costa Rica, pero sueña con defender a su país materno en los próximos Juegos Olímpicos de Pyeongchang.

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Andre Hamm, en un salto espectacular | LD (JMP)

En 1993, Jon Turteltaub dirigió `Cool Runnings´ (en España, `Elegidos para el triunfo´), una película basada en una de las historias más divertidas del deporte moderno: la participación de un equipo jamaicano de bobsleigh en los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary (Canadá), en 1988. Pero aquello, que entonces no fue más que una anécdota graciosa, y muy meritoria por su protagonistas, tiene en la actualidad un buen sucedáneo.

Existe un lugar en Costa Rica, casi equidistante del Mar Caribe y el Océano Pacífico en el que se dice que, si el clima acompaña, las aguas de ambos son visibles desde allí. Es Cerro Chirripó, en la cordillera de Talamanca, y pasa por ser el punto más alto de la nación, a 3.820 metros. Los más afortunados, en contadas ocasiones, dicen haber conseguido ver allí la nieve. Una vez al año, a lo sumo, se produce tal efecto, algo imposible en cualquier otra parte de Costa Rica, donde la temperatura oscila entre los 20 y los 27 grados y en la que, a efectos prácticos, no existe invierno o verano, sino más bien una temporada lluviosa, de mayo a noviembre, y otra seca, el resto del año. Es un país enamorado del fútbol, claro, más aún desde el éxito del Mundial 2014, donde los deportes acuáticos, como el surf y otras disciplinas de aventura forman parte de la economía diaria, pero en el que las competiciones de invierno, por obvias razones, difícilmente pueden tener recorrido. Básicamente, a día de hoy, es imposible. No hay más.

¿Qué pintaba pues, en los pasados Mundiales de Sierra Nevada 2017, un representante tico? He aquí la historia de Andre Hamm.

Nacido en la montañosa Boulder (Colorado, Estados Unidos), en 1995, es hijo de una profesora de educación infantil costarricense y de un estadounidense que pasó dos años en Costa Rica enrolado en el Cuerpo de Paz, un servicio de voluntariado creado por John Fitzgerald Kennedy en 1961. Fruto de ello, y aunque su lengua materna fue el inglés, Hamm fue educado por sus progenitores de forma bilingüe, y de ahí que hoy se exprese en español como cualquier costarricense, con ese acento tan peculiar que se deja notar desde el clásico saludo del país. "Pura vida", exclama al presentarse al redactor de Libertad Digital, detrás de una perenne sonrisa, recordando que se siente "un tico más" y que casi cada año viaja a la tierra de su madre para visitar a su familia, cerca de Tamarindo, una de las zonas costeras más populosas del pacífico. Aunque allí no pueda entrenar, claro.

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Andre Hamm, en Sierra Nevada

"Mi sueño es llegar a los Juegos Olímpicos para representar a Costa Rica en Slopestyle", declara este estudiante de matemáticas e ingeniería informática del Westminster College, en Salt Lake City, la capital del estado mormón por excelencia, Utah. Uno de esos deportistas de elite a los que el sistema académico en Estados Unidos favorece para llevar a cabo su carrera: "sólo voy a clase en otoño, para poder entrenar en invierno y verano", aclara Hamm, ciudadano costarricense a todos los efectos desde hace dos años. Esquiador empedernido desde los diez años de edad, tardó en encontrar su disciplina definitiva. "Al principio quería hacer moguls (saltos), pero rápidamente el Slopestyle me encantó", señala. Hoy su base de operaciones y entrenamientos está en Park City (Utah), cerca de donde cursa sus estudios.

Entre obstáculos, barandillas y saltos varios, con todo tipo de gestos técnicos elaborados por un jurado, encontró Hamm su devoción. Eso es el Slopestyle, olímpico desde Sochi 2014, donde no gana el más rápido, sino el más votado por los jueces, y en el que algunos países europeos y americanos son los reyes de la disciplina, algo que hizo al esquiador tomar la decisión que cambiaría su vida: "podía haber competido por EEUU, pero hay mucha competencia, es más difícil. Esto es una oportunidad única… ¿Representar a Costa Rica en un deporte de nieve? ¡Quería hacerlo!", cuenta.

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Andre Hamm, durante una acrobacia.

El siguiente paso no pudo ser más pragmático. "Encontré el número del Comité Olímpico de Costa Rica y les llamé. Una chica me dio un correo del hombre que me podía ayudar", recuerda. Ese hombre es Marc Faraci, Director de Solidaridad del comité, y figura clave, entre otras cosas, para que desde marzo de este año, Andre Hamm tenga una beca del COI, toda vez que el presupuesto costarricense para apoyarle es muy limitado. "Me dieron un poco mientras esperaba la beca", señala, reconociendo que, "sin el apoyo de mis padres y algún patrocinador privado, esto sería imposible". Winter Park, la estación invernal donde empezó a entrenar, aún en Boulder, y una marca de gafas, son sus sustentos privados. Ha probado hasta el crowdfunding. Pero mantener una carrera así precisa de más ingresos, claro.

Porque en Costa Rica no es que no haya dinero para él. Por no haber, no hay ni federación que acoja su deporte, ni siquiera campeonato nacional. Normal, en un país donde no nieva en todo el año más que una vez, con suerte, en Cerro Chirripó. Todo se gestiona desde el comité olímpico en un país con apenas seis presencias olímpicas invernales en toda su historia, ninguna desde Turín 2006, y en el que el esquiador alpino Arturo Kinch, a sus 49 años, concluyó en el puesto 95… De 96 participantes. Para Hamm, sin ropa oficial del país, y que luce orgulloso en su indumentaria de entrenamiento "una bandera costarricense que yo mismo compré y cosí a la chaqueta", estar en Pyeongchang (Corea del Sur), sede olímpica en apenas un año, lo es todo ahora mismo. Llegados a ese punto "ojala me puedan hacer un traje, pero hasta ahora mejor gastar dinero en llegar", valora sincero.

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Andre Hamm, durante la entrevista con LD.

Pero clasificarse no va a ser tarea fácil, como puede imaginarse. No existen cupos reservados para ningún país, lo que dificulta la entrada de costarricense. El primer paso ya lo ha dado, entrar en las Copas Mundiales, hito conseguido el curso pasado, al lograr 25 puntos de la FIS (Federación Internacional de Esquí), en su primera temporada como tico. A partir de ahora, lo más difícil, pues en Corea del Sur sólo habrá 30 participantes, con la ligera ventaja de que habrá un máximo de cuatro representares por país, por lo que Estados Unidos, Canadá o Suiza no podrán enviar a todos sus mejores deportistas. Así las cosas, Hamm estima que "no necesito estar entre los 30 mejores del mundo, con estar entre los 40 podría valerme". En Sierra Nevada, donde el estadounidense McRae Williams se llevó el oro, no le fueron del todo bien las cosas, al concluir en el puesto 49.

"Que si me siento identificado con `Cool Runnings´? ¡Claro, un poco sí!", admite Hamm, al que le gustaría dejar algún legado en el país que tanto le ha ayudado. Con ello se muestra ilusionado: "me encantaría traer este deporte a Costa Rica. Allí hay muchos deportes extremos, les gusta mucho… Hay gente con talento y que con más oportunidades podría llegar lejos. Sería precioso hacer una pista indoor, pero también alguna escuela para chicos de deportes extremos. Costa Rica me ha dado una oportunidad tan grande que me gustaría devolverle algo".

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Hamm, en plena acrobacia

Así es la vida de Andre Hamm, una rara avis que luce bandera costarricense en un mundo dominado por naciones muy alejadas (y más frías) que la suya. Sin ir más lejos, durante el mundial granadino, Hamm ejerció como competidor, pero al tiempo era el jefe de equipo de Costa Rica. No en vano, era el único miembro de su delegación. "Siempre bromeamos con dónde está mi médico", sonríe, consciente de que, si tiene alguna necesidad, deberá recurrir a los galenos de la organización. Y si precisa un fisioterapeuta, "buscaré uno local y tendré que pagarle yo, aunque por suerte hasta ahora no he tenido lesiones graves". En Sierra Nevada, donde Estados Unidos, sólo para Slopestyle skiing, sin contar otras modalidades, desplazó un equipo de diez personas (cuatro esquiadores, dos entrenadores, médico, fisioterapeuta…), Hamm lució orgullo tico mientras compartió apartamento y entrenador con la delegación irlandesa, con quieres practica durante el año en Park City.

Mientras trabaja para lograr la clasificación olímpica, su nombre empieza a sonar en Costa Rica. "Algunas personas me han escrito, me han dicho que les encanta la nieve y me desean lo mejor, pero realmente no hay mucha gente que lo haga". Al tiempo, medios importantes como La Nación, o el Tico Times, periódico costarricense en inglés, ya van siguiendo sus andanzas, que desde luego, de llegar a Pyeongchang, se multiplicarían.

Es Andre Hamm, el hombre milagro del esquí costarricense. Si llega a Corea del Sur el año que viene, quizá alguien se plantee dirigir la secuela de `Cool Runnings´.

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