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Gisela Tenembaun y Ana Moral: las nadadoras que se llevó la dictadura de Videla

Una de tantas historias que nos dejó la dictadura de Videla la encontramos en estas dos nadadoras de Mendoza.

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Una de tantas historias que nos dejó la dictadura de Videla la encontramos en estas dos nadadoras de Mendoza.
Imagen de archivo de Gisela Lidia Tenembuam. | Archivo

No son pocos los nombres de los que sufrieron las consecuencias del Proceso de Reorganización Nacional, como fue denominada la dictadura de Jorge Rafael Videla en Argentina entre 1976 y 1983. Una dictadura al fin y al cabo que no difirió mucho a la de otras vividas durante el Siglo XX en todo el planeta. Represión, terrorismo de estado, campos de concentración y de exterminio, persecuciones y secuestros, desaparecidos

Como es evidente, el mundo del deporte no quedó exento. Y de muchas maneras diferentes. En este caso, fueron dos nadadoras mendocinas las afectadas: Gisela Tenembaun y Ana Moral.

La resistencia de Gisela Tenembaum

Gisela Lidia Tenembaum era una excelente nadadora, campeona de Argentina, y con un gran futuro por delante. También era estudiante de ingeniería de la Universidad Tecnológica Nacional. Y peronista declarada.

Vivía en San Juan con Francisco Escamez, su novio, y militante de Montoneros, un grupo guerrillero de extrema izquierda que, como afirma el periodista e historiador Ceferino Reato "tomaron el riesgo de morir por la ‘patria socialista’, pero también la decisión de matar a otros argentinos".

En octubre de 1976 un grupo de secuestradores fue a por Francisco. O a por los dos. Pero, fuera como fuera, Gisela consiguió escapar. Es entonces cuando se traslada a Godoy Cruz, con otros amigos, y trata de rehacer su vida con la natación.

Ana María Moral

En su nueva ubicación compartirá piso con Ana Moral, otra excelente nadadora de Andes Talleres de 25 años. La Pato, como la conocían sus amigos, era estudiante de Filosofía y Letras. Con ellas vivía Juan José Galamba. Éste también miembro de Montoneros. De hecho, ambas chicas pasan a formar parte del grupo de extrema izquierda, aunque como manifestaría Moral en una carta a su madre, pensaran que se tratara de "un acto de amor ante la injusticia y el hambre".

El 8 de abril de 1977, cuando los tres regresaban a casa, fueron asaltados por el Comando Militar de la Subzona 33. A Ana María Moral la dispararon frente a la Iglesia Virgen de Fátima, y horas después fallecía por "herida cardíaca por proyectil de arma de fuego y anemia aguda por hemorragia aguda", según lo notificado por el Cuerpo Médico Forense. "Enfrentamiento armado", consignaría el informe oficial y la prensa, aunque ninguno de los tres atacados iba armado.

Ana María Moral fue enterrada en el Cuadro 33 con un nombre falso. Hasta que no volvió la democracia a Argentina no pudieron recuperar el cuerpo y darle la sepultura que la familia deseaba, gracias a que el cadáver fue reconocido por un amigo de sus padres.

Una desaparecida más

En aquel ataque, Gisela Tenembaum consiguió escapar de nuevo. Pero nunca más se supo de ella. Se conoce que pudo hablar con su madre, con quien seguía manteniendo contacto después de huir de San Juan, unos días antes del suceso. Y se le perdió el rastro. Desaparecida para siempre.

En 2007 le pusieron su nombre al polideportivo del Club YPF, y en 2011 fue homenajeada por el área de Derechos Humanos de la Municipalidad de Godoy Cruz. "Nosotros nos comprometemos con esto, con estar cerca de la familia, por el momento terrible que pasó nuestro país, y comprometiéndonos con alguien que vivió así la natación" comentó uno de los protagonistas en el acto, añadiendo que "por sobre todas las cosas, mantener vigente la memoria es muy importante".

Esa memoria que hoy aún tratan de restaurar desde distintas plataformas, especialmente por el Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos (MEDH), que trabaja para conocer la verdad sobre el destino de los desaparecidos de aquella época.

Pero de momento la única verdad palpable es el dolor de los familiares, que aún perdura. "Ha sido terrible. Parece que no pasa el tiempo", declararía la madre de Gisela, Helga Tenembaum, en una entrevista, treinta años después de su desaparición. "No es lo mismo que una persona desaparezca a que tenga un accidente, que uno tenga a dónde ir a verlo. No existe, no está. No pasa el tiempo, no pasa…".

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