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Chris Froome gana el Tour más abierto de los últimos años

Urán y Bardet acompañaron al británico en el podio. Las caídas marcaron la edición de este año. Los españoles no rindieron como antaño.

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Chris Froome (c), en el podio de los Campos Elíseos junto a Rigoberto Urán (i) y Romain Bardet. | EFE

Acaba el Tour de Francia 2017 y todos los ojos se ponen ya, directamente, en la edición de 2018. Pero antes, hay que repasar lo que ha dejado la edición de este año. Tres semanas marcadas por la victoria final de Chris Froome en el que ha sido el Tour más abierto.

Ésta podría ser la primera obviedad que nos depara la ronda gala. Un Tour donde Froome y el Sky no han brillado de la misma manera, aunque hayan seguido siendo los patrones de la carrera. De hecho, es la diferencia más corta con respecto al segundo clasificado de sus cuatro victorias —cinco, si contamos la de Wiggins sobre el propio Froome—. De la última década, sólo el de 2007 que ganó Alberto Contador cuenta con una diferencia aún más corta, de 23 segundos sobre Cadel Evans.

No han sido tan fuertes como otros años, algo que se refleja en la general y en las declaraciones del propio Froome, que admite que en los Pirineos, en la etapa de Peyragudes, podría haber quedado eliminado de la lucha por el maillot amarillo si hubiera recibido más ataques. Y eso lleva a la segunda conclusión. Impone tanto respeto el Sky que este Tour ha estado marcado por el miedo de sus rivales. Nadie lo intentó de lejos. Sólo Aru trató de desbaratar la hegemonía del Sky en el primer final en alto. Bardet quiso más de lo que pudo y probó con ataques, pero ninguno de postín.

El propio francés fue tercero en un Tour que se podría decir que fue preparado por la organización para él. Cierto que el ciclismo galo ha encontrado a su Virenque, función que entre él, Pinot —desaparecido en esta edición— y, sobre todo, Barguil, con sus ataques y maillot de la montaña, pueden realizar. Pero no parece que ninguno de ellos vaya a mutar en el Hinault de esta década, por lo que el ciclismo francés deberá esperar.

El Tour más flojo del ciclismo español

Igual que va a tener que esperar el ciclismo español. Mikel Landa, el mejor de los nuestros, y que llega de un sobresaliente Giro de Italia, ha rozado el podio. Sólo un segundo le ha separado de la gloria. Pero ese segundo, esa distancia tan corta, dice mucho de su papel. Reconvertido en gregario por obra del dinero británico, el corredor vasco ha notado como le cortaban las alas para desplegar su poderío en montaña. Confía en regresar al Tour como jefe de filas y contar con un equipo supeditado a él. Quizá no sea el año que viene; y quizá sea en el único equipo español de la primera división, pero ya se advierte un futuro a la generación dorada del ciclismo patrio.

Porque, y éste es el siguiente punto, Alberto Contador ya no está para ganar un Tour. Decir esto puede sonar duro, pero él mismo ya es consciente de sus límites. Una Vuelta a España o un Giro, donde no hay un patrón tan dominante como el Sky, todavía puede estar a su alcance, buscando las escaramuzas que le hacen pescar en río revuelto. Pero la ronda gala le queda ya grande al que fuera doble ganador. Eso sí, al menos ha levantado al espectador de su sofá y le ha despertado de una siesta en ocasiones más que obligada por el guión de carrera. Algo que tiene que hacer el Tour para que las etapas abocadas al esprint atraigan al espectador medio.

Urán recoge el testigo de Quintana

Se podría decir que el de Contador no ha sido su mejor Tour, aunque lo ha intentado. Más floja, sin duda, ha sido la participación de Nairo Quintana. El sueño amarillo que tratan de vender desde el equipo de Eusebio Unzué se empieza a apagar y, tanto el ciclista como el mánager general han despertado y ven que la hazaña no es tan fácil. Le puso corazón, pero ni la cabeza ni las piernas le funcionaban al menudo colombiano.

Pero su testigo lo ha recogido otro colombiano. Tras años viendo como, al menos, un español subía al podio de Giro, Tour y Vuelta, ahora es el momento de los escarabajos. Entre Quintana, Chaves y ahora Urán, Colombia ve cómo su bandera aparece en el podio final de una gran vuelta. Ha sido la resurrección de un ciclista que parecía desaparecido del mapa, pero que ha vuelto. Agarrándose al más puro estilo garrapata, chupando rueda, y sin lanzar un solo ataque, se ha llevado una victoria de etapa y ha sido segundo final en los Campos Elíseos.

Y a medio camino entre la duda y la certeza nos quedamos con el futuro de Froome. Porque nadie que haya ganado cuatro Tours se ha quedado en esa cifra. Aquellos que firmaron primero cuatro —Indurain, Merckx, Hinault y Anquetil— luego firmaron los cinco. Incluso el tramposo de Armstrong, una vez que ganó cuatro, llegó a cinco. Pero ésa es otra historia...

¿Qué habría pasado sin tantas caídas?

Y de las aclaraciones, a las dudas. Con nombres que se repiten, como los de Landa o Contador. ¿Tiene opciones el vasco de ganar un Tour? Desde luego, piernas ha demostrado que sí. Otra cosa es acudir con la presión de ser el jefe de filas y tener que aguantar. Además, este Tour ha contado con menos crono, sólo 36 kilómetros y, aunque casi entra en el podio gracias a su última contrarreloj, lo cierto es que el de Murguía no es especialista en esta disciplina.

Pero si hay una incógnita que tiene en vilo a numerosos ciclistas españoles es el futuro de Contador. Ni admite ni desmiente, pero su entrenador, el holandés Steve de Jongh, ya dijo que el pinteño no volvería a correr en Francia. La duda, sin embargo, puede ir más allá ya que su futuro sobre la bicicleta está en el aire más que nunca. Tras Purito y Freire, sería el tercero de esta generación que lo deja. Quedarían, así, sólo Samuel Sánchez y Valverde.

Precisamente, hablamos del murciano. Porque es una gran incógnita saber qué habría pasado con él en liza. Su Tour duró 7 kilómetros. Y, aunque desde Movistar querían jugar al escondite con las opciones del murciano, lo cierto es que la paupérrima participación de Quintana hace pensar que Valverde, en su mejor temporada, aspiraba a, por lo menos, igualar el tercer puesto de 2015.

Aunque si alguien aspiraba a algo en este Tour ése era Richie Porte. Parecía el rival más fuerte, el único que podía toserle a Froome. Pero otra caída, en un descenso, también le dejó fuera de combate. Venía de ganar el Dauphiné y contaba en las apuestas de todos como el gran outsider a destronar al británico.

Con ellos dos, Porte y Valverde, el Tour podría haber sido distinto. Pero ganar el Tour también es tener esa suerte del campeón. Aunque entre dudas, incógnitas, miedos y obviedades, lo que está claro es que Froome no ha sido Froome en este Tour de Francia. Una carrera con menos finales en alto y más en descenso; con menos kilómetros de lucha contra el reloj y menos terreno de emboscadas; pero con un recorrido made in la Vuelta que ha tratado de mantener la emoción hasta la última crono.

Ahora, todos a mirar a La Vuelta. Una carrera que empieza en tres semanas y que aparece en el calendario como ese septiembre del alumno que lo deja para el final. Habrá que ver quien acompaña a Froome y Nibali en la lucha por el maillot rojo. Pocos grandes nombres se vislumbran. Porte y Valverde, eliminados por las caídas; Dumoulin prefiere centrarse en el Mundial; Urán y Bardet ya han cumplido de sobra; Aru ha terminado fatigado… Sólo los Orica, Simon y Adam Yates, más Chaves; el polaco Majka, que se fue al suelo en Tour; y a confiar en los jóvenes valores de Movistar, Rubén Fernández y Marc Soler. La reválida de la Vuelta.

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