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Alice Coachman, la increíble historia de la primera mujer negra en ganar un oro olímpico

Pese a las múltiples barreras que tuvo que afrontar, se convirtió en una de las deportistas más influyentes de todos los tiempos.

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Alice Coachman, la increíble historia de la primera mujer negra en ganar un oro olímpico
Alice Coachman, durante su etapa universitaria. | Archivo

La de Alice Coachman es una historia de superación. De cómo a pesar de su indudable talento tuvo que luchar contra obstáculos que hoy nos parecen impensables, pero que hace no tanto estaban muy presentes en países avanzados. Su problema, ser negra en los Estados Unidos de los años 40. Daba igual que fuera la mejor atleta del momento.

Alice Coachman Davis tuvo la mala suerte de nacer el 9 de noviembre de 1922 en Albany, Georgia. Era la quinta de diez hermanos, de una familia negra que vivía en el sur de Estados Unidos, con todo lo que eso supone.

Desde bien pequeña mostró un gran amor y unas grandes cualidades para el atletismo, pero el hecho de ser mujer y sobre todo el hecho de ser negra le hicieron desestimar ese camino. No había lugar para una persona así, por muchas cualidades que tuviera. Así que se inscribió a clases de baile, algo más acorde para una niña negra.

Cuando ingresó en la Escuela Elemental de Monroe Street, su profesora de quinto curso descubrió su inmenso talento para el atletismo, y la animó a entrenarse con el equipo del colegio. Coachman vio en ese ánimo una oportunidad, un sueño que podía cumplirse, pero pronto se dio de bruces con la realidad: no podía acudir a los campos de entrenamiento, porque en él se ejercitaban los atletas blancos. "Tuve que entrenar por las calles y caminos de tierra que había en los alrededores del estadio".

Pero Coachman había tomado la firme decisión de seguir adelante, y continuó formándose como atleta. Aunque tuviera que hacerlo siempre por su cuenta, siempre en solitario. Compaginó el trabajo, los entramientos, y los estudios, hasta conseguir entrar en la Universidad de Tuskegee, Alabama. Una Universidad dirigida a la comunidad negra.

Ahí no tardó en demostrar a todos que estaba capacitada para el atletismo, batiendo el récord de salto de altura de la Universidad. Y lo hizo descalza, porque es como había tenido que entrenar siempre. Aquel salto le permitió entrar en la Unión de Atletas Amateurs, convirtiéndose en el primer año en campeona nacional de 50 metros, 100 metros, 400 metros, y de salto de altura.

Era una máquina de cosechar victorias y de pulverizar récords. Pero era negra. Lo que le daba muy pocas oportunidades de seguir progresando. Además, de poco le hubiera servido salvar ese escollo: tuvo la mala fortuna de que sus mejores años coincidieron con la II Guerra Mundial, con lo que no tuvo ninguna oportunidad de acudir a los Juegos Olímpicos de 1940 y de 1944. No hubo.

Tras ganar el campeonato nacional de salto de altura durante diez años consecutivos –de 1939 a 1948-, sí pudo participar en la cita de Londres de 1948.Y lo hizo para entrar en la historia: logró la victoria con un salto de 1,68 metros convirtiéndose no sólo en la única mujer estadounidense que ganaba una medalla de oro en Londres, sino también en la primera mujer negra que conseguía un oro olímpico. Recibió la medalla de la mano del Rey Jorge VI.

Rechazada en casa

Si bien con aquel oro había dejado patente que las barreras raciales habían podido ser superadas en el terreno deportivo, no iba a ser menos cierto que en el social éstas seguían muy presentes. Tras regresar a casa se organizó un desfile para celebrar su victoria, pero, como relataría ella misma años más tarde, "en el auditorio nos tuvimos que sentar en la parte de atrás del escenario, mientras los blancos se sentaban delante de nosotros. Tras ser premiados, tuvimos que salir por una puerta lateral". Además, recuerda, el alcalde de Albany ni siquiera quiso darle la mano. Por ser negra.

Fue entonces cuando decidió que había llegado la hora de retirarse, a pesar de que contaba con tan solo 26 años, y muchos éxitos por venir. Pero había otras barreras que superar. Fundó la Alice Coachman Track and Field Foundation, para tratar de ayudar a jóvenes atletas con problemas de recursos, generalmente negros. Y en 1952 se convirtió en la primera mujer afroamericana que promocionaba Coca-Cola.

En 1975 pasó a formar parte del Hall of Fame de atletismo de Estados Unidos. En los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996 fue reconocida como una de las 100 mejores atletas olímpicas de todos los tiempos. Y en 2004 entró en el Hall of Fame de los Juegos Olímpicos.

Aunque quizá el mayor reconocimiento fueron las palabras que pronunció el director del Comité Olímpico Estadounidense Scott Blackmun poco después de su muerte, el 14 de julio de 2014: "Inspiró a las siguientes generaciones de atletas". Porque sin su irrupción y éxito en Londres 48, todo hubiera sido más difícil para los atletas negros. "Di fuerza a las mujeres negras a trabajar más y luchar más por sus sueños, no sólo en el atletismo. Si no hubiera conseguido el oro en los Juegos de Londres, nadie hubiera seguido mis pasos".

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