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El separatismo catalán resucita su proyecto más quijotesco: unos Juegos de Invierno en Barcelona

"El olimpismo acercó a las dos Coreas y ahora puede conseguir que Cataluña y España volvamos a trabajar juntos", dicen desde la Generalidad.

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El separatismo catalán resucita su proyecto más quijotesco: unos Juegos de Invierno en Barcelona

La inestibilidad política en Cataluña no invita precisamente al optimismo, y menos aún para llevar a cabo proyectos de gran envergadura.

Tras la detención de Carles Puigdemont, la patente división en el Parlamento autonómico y las barricadas montadas en carreteras catalanas por los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR), la última noticia de situación de incertidumbre la protagoniza la Barcelona World Race, una de las regatas de vela más prestigiosas del mundo, cuyo patronato ha decididosuspender la edición de 2019 debido al "clima de indefinición institucional y la falta de estabilidad política" como factores determinantes a la hora de encontrar patrocinadores.

En medio de esta grave situación, la nota quijotesca la pone el secretario general de Deportes de la Generalidad, Gerard Figueras, que se ha convertido en el gran adalid de la candidatura de Barcelona y los Pirineos para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026, con el argumento de rehacer las relaciones entre Cataluña y el resto de España.

"El olimpismo acercó en los últimos Juegos a las dos Coreas y ahora puede conseguir que nosotros (Cataluña y España) volvamos a trabajar juntos. No veo ningún otro proyecto capaz de hacerlo en los próximos diez años", defiende Figueras, que además es miembro del PDeCAT, en declaraciones que publica este jueves el diario El Mundo.

Hace un año, a mediados de marzo de 2017, el Ayuntamiento de Barcelona había descartado la idea de presentar una candidatura a los Juegos de Invierno de 2026. Sin embargo, hay dos hechos que han llevado a la Generalidad a retomar un proyecto que parecía definitivamente aparcado: por un lado, la visita del Rey Felipe VI a Barcelona el pasado mes de julio, en los festejos por el 25 aniversario de los Juegos de 1992; por otro, los últimos Juegos de Invierno celebrados en febrero pasado en Pyeongchang (Corea del Sur), hasta donde se desplazó una delegación de la Generalidad —con el propio Figueras a la cabeza— para valorar las opciones reales de Barcelona-Pirineos como posible sede en 2026.

Pero hay un detalle muy importante para que el proyecto pueda ver la luz. "Sin Govern es prácticamente imposible tirar adelante el proyecto. Sería temerario hacerlo", reconoce Figueras en declaraciones a El Mundo.

Pese a la alta improbabilidad de que haya una investidura a corto plazo, la Generalidad quiere seguir adelante con el proyecto e "intentarlo hasta el final". "Aquí tenemos una oportunidad. El deporte es capaz de llevar a cabo iniciativas beneficiosas para todo el mundo. Sé que en mi misma posición política puedo encontrar voces críticas y que en España también las habrá, pero espero que también aparezcan aliados", apunta Gerard Figueras.

Sin embargo, lo cierto es que el tiempo apremia. A finales de abril acaba el plazo delComité Olímpico Internacional (COI) para presentar candidaturas. El COE, de la mano de la Generalidad, debería enviar una carta al COI en la que se manifestara la voluntad de acoger los Juegos de 2026. Posteriormente, el organismo que preside el alemán Thomas Bach estudiará las posibles candidaturas hasta el próximo octubre, que será cuando seleccione a tres candidaturas oficiales, antes de que un año después, en octubre de 2019, el COI elija la sede de los Juegos de Invierno de 2026.

Y lo cierto es que la candidatura de Barcelona-Pirineos, al margen de la situación política en Cataluña, parece tener ahora mismo bastantes opciones de ser la elegida. Por un lado, los Juegos de Invierno de 2022 son en Pekín y en Europa no se celebran desde Turín 2006, de ahí que una candidatura del Viejo Continente seavista con buenos ojos. Por otro lado, la cuantía económica requerida es menor a la que lo era hasta la fecha. Se habla de unos 1.300 millones de euros, de los cuales 800 millones los pone el COI. Los otros 500 millones —menos de un 10% del coste de los Juegos de 1992— habría que conseguirlos de las entradas, merchandising y patrocinios.

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