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Guillermo Rojo: de profesión, atleta, guía paralímpico y preparador físico de astronautas

Este joven atleta madrileño, una eminencia en el campo de la preparación física de astronautas, repasa su carrera en una entrevista a LD.

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Este joven atleta madrileño, una eminencia en el campo de la preparación física de astronautas, repasa su carrera en una entrevista a LD.
Guillermo Rojo, durante la entrevista con Libertad Digital. | David Alonso Rincón

Una fría tarde de enero. Pistas de atletismo del Centro de Alto Rendimiento (CAR) del Consejo Superior de Deportes (CSD) en Madrid, en plena Ciudad Universitaria. Es el lugar donde Guillermo Rojo y el atleta paralímpico al que guía, Gerard Descarrega, se citan con el fotógrafo David Alonso y quien estas líneas escribe para responder a las preguntas de Libertad Digital.

Cuando a este redactor le plantean la posibilidad de entrevistar a Guillermo, no se lo piensa dos veces tras escudriñar en su figura. Pero, ¿quién es Guillermo Rojo? Este notable atleta madrileño, especialista en 400 metros, es guía de Descarrega desde el año 2018 y... ¡preparador físico de astronautas! Por si fuera poco, imparte conferencias cuando su repleta agenda se lo permite —principalmente sobre deporte y espacio, sus dos grandes pasiones— y está desarrollando un sistema con el que poder acortar el tiempo de recuperación de las lesiones del deportista con el consiguiente objetivo de reducir costes económicos en sus clubes. Ahí es nada...

Rojo sólo tiene 27 años, pero viendo su bagaje vital no lo aparenta. Un JASP —joven aunque sobradamente preparado—, como rezaba el eslogan de aquel anuncio de coches de los 90. Hace años publicó una tesis sobre la preparación física de los astronautas que llamó poderosamente la atención de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) y ésta le dio la oportunidad de trabajar durante más de medio año con astronautas europeos, estadounidenses y japoneses en el Centro Europeo de Astronautas en Colonia (Alemania). Allí, Guillermo se encargó de supervisar la preparación física de los astronautas que participaban en programas de simulación de estancias en Marte, así como en misiones análogas.

Fue el momento en el que recibió la llamada de Gerard y de la ONCE, en verano de 2018. El entonces guía de Descarrega, Marcos Blanquiño, sufrió una lesión en el tobillo a pocos días de que comenzaran los Europeos de Berlín. Gerard, el hombre más rápido del atletismo paralímpico español —tiene una marca de 50.28 en los 400 metros lisos—, necesitaba imperiosamente un nuevo guía. Y ahí es cuando surgió la figura de Guillermo Rojo. El madrileño decidió aparcar su aventura espacial, la de preparar físicamente a los astronautas. Pero Guille —como le llaman quienes lo conocen— no se arrepiente. "Fue un acierto, pero eso no quita que siga formándome en la preparación física de astronautas y continúe ligado a ciertas agencias espaciales", señala Guillermo Rojo durante la entrevista a Libertad Digital.

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Guillermo Rojo (d), junto con el aleta paralímpico Gerard Descarrega. | David Alonso Rincón

Descarrega (Reus, Tarragona, 1994) padece una ceguera total desde 2013 por una enfermedad degenerativa, aunque ello no le impide perseguir sus sueños a base de zancadas. Primero lo hizo junto a Marcos Blanquiño y ahora con Guillermo Rojo de guía. Ambos, Gerard y Guillermo, partían como favoritos en la prueba de 400 metros T11 (ciegos) de los Mundiales de atletismo paralímpico, disputados a mediados del pasado mes de noviembre en Dubai (Emiratos Árabes), por su condición de campeones de Europa —además, Gerard también es campeón paralímpico (2016) y mundial (2017) junto a Blanquiño—. Sin embargo, el catalán y el madrileño, que fueron la tercera de las cuatro parejas en cruzar la meta con un tiempo de 51.54 —lejos de los 50 segundos que se habían marcado como objetivo—, terminarían siendo descalificados por una irregularidad en carrera al soltarse la cuerda que les unía antes de llegar a la meta. En cualquier caso, Gerard y Guille lograron la mínima para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, donde buscarán sacarse la espina.

"¿Mala suerte? En absoluto. Fue un fallo garrafal que no puede volver a repetirse. Además, tampoco habríamos ganado", es el duro ejercicio de autocrítica que hacía Descarrega para este periódico. Gerard lleva ocho años viviendo en Madrid pero pasa mucho tiempo entre Tarragona, de donde es natural y donde vive su familia, y Sevilla, donde residen su hija de casi dos años y su novia.

"He terminado la carrera de Psicología y este año año he empezado Derecho. Es importante formarse", relata Gerard a este periódico. "Es un partidazo de tío", dice Guillermo sobre su compañero. Compañero... y ahora amigos inseparables desde que decidieron unir sus destinos hace ya casi dos años. "Con Marcos (Blanquiño) pasé unos años geniales, pero necesitaba un cambio y correr con alguien como Guille, que tiene un auténtico nivelazo en el 400. El guía que vaya conmigo tiene que ser muy superior a mí. Le comenté el proyecto y él aceptó encantado. El objetivo es mejorar las marcas, pero también pasarlo bien", apunta Descarrega sobre Rojo. Éste le devuelve los elogios.

"Al principio nos costaba correr atados a una cuerda, pero sobre todo porque sobreanalizábamos la situación. Me tengo que coordinar con una persona y tengo que coordinar esa situación. Pensábamos demasiado en coordinarnos. Cuando decidimos dejar de pensar y disfrutar, era más fluido y salía todo perfecto. Me sorprendió que después de sólo cinco días de entrenamiento quedáramos campeones de Europa en Berlín. Intentamos que correr juntos sea lo más parecido a correr uno solo", dice Guille, un joven que no sabe estar quieto. "Me había dejado 2020 un poco tranquilo para poder preparar los Juegos Paralímpicos de Tokio, pero como soy una persona muy inquieta me acabo de matricular en un tercer máster de preparación física y readaptación en fútbol para seguir complementando mi formación académica. Y también estoy con algún trabajo de colaboración con el Austrian Space Forum y la Agencia Espacial Israelí en misiones análogas para el desierto de Negev en Israel", añade un Guillermo Rojo que lleva doce años sobre el tartán dedicándose a una de sus pasiones, el atletismo.

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Guillermo Rojo (i) ofrece una mirada cómplice a Gerard durante la entrevista. | David Alonso Rincón

"Cumplo mi quinta temporada con el FC Barcelona, que es un club espectacular. Soy un atleta tardío, pero he podido cumplir uno de mis sueños. Me gustaba también el fútbol, como a casi todos los niños, pero me encantaba correr, se me daba bien y ganaba. Además, soy del Barça desde pequeñito, así que soñaba con pertenecer al FC Barcelona. Casi todos mis ídolos deportivos han pasado alguna vez por el Barcelona, que tiene en sus filas a atletas de un nivel espectacular. Me han aportado mucho, como el hecho de poder disputar la liga en División de Honor, luchar por todo en esas competiciones, pero también en el ámbito personal", relata Rojo, que tiene un tiempo de 47.04 segundos como mejor marca personal en los 400 metros (47.30 en pista cubierta). "Unos marcones", señala Descarrega al respecto.

Eso a nivel deportivo... pero lo cierto es que Guille no se queda ni mucho menos atrás en cuanto a su formación académica. Tras licenciarse en Ciencias de la Educación Física y el Deporte por la universidad UCAM de Murcia, este madrileño cursó un máster en Alto Rendimiento y decidió aplicarlo en la preparación física de astronautas, lo que le abrió las puertas para trabajar en la Agencia Espacial Europea (ESA) como preparador físico de astronautas.

Y aquí es cuando le asalta una duda a este redactor: ¿cómo se prepara físicamente a un astronauta? "Depende de si va a ir al espacio o a una misión análoga porque el objetivo y el hábitat son completamente diferentes", responde Rojo. "La preparación física es una herramienta que permite adaptarnos más rápido al entorno en el que vayamos a trabajar y ser más eficientes en ese entorno concreto. Igual que se entrena en una pista de atletismo, en el espacio ocurre exactamente lo mismo (...) En la Estación Espacial Internacional hay una gravedad cero práctica, como en el espacio. Al estar en constante caída libre, hay que trabajar la musculatura, además de la musculatura postural, con lo cual el tiempo es bastante más largo, de unas dos horas y media. Aunque parezca mucho, ese tiempo contempla el calentamiento, el set up o configuración de los distintos dispositivos de ejercicios, el ejercicio como tal y luego la higiene. No es mucho tiempo. En el caso de las misiones análogas, que es en las que estoy más centrado ahora, mi labor es que los astronautas estén en las condiciones físicas óptimas para que no tengan ningún tipo de lesión, es una preparación física preventiva", señala Guillermo Rojo.

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Guille y Gerard, compañeros sobre el tartán y amigos fuera de él. | David Alonso Rincón

Este joven atleta, que destaca la labor de astronautas europeos como Thomas Pesquet, Alexander Gerst, Luca Parmitano o el propio Pedro Duque —"aunque haya mucha controversia sobre su figura, está haciendo un favor importante a la Ciencia", apunta respecto al actual ministro del Gobierno de Pedro Sánchez—, se jacta igualmente de ser amigo de Elon Musk, el magnate sudafricano cofundador de Tesla, SpaceX y PayPal —en junio de 2017 su fortuna se estimaba en 17.400 millones de dólares, convirtiéndose así en una de las 60 personas más ricas del mundo—.

Con el magnate comparte Guille la idea de que el hombre no tardará demasiado en conquistar el planeta Marte: "Elon Musk es un visionario. Una persona a la que sigo muchísimo, junto con otros referentes de la industria espacial, no sólo por un sentido meramente tecnológico, sino también por un sentido filosófico y por su visión de cómo la raza humana se puede convertir en una especie multiplanetaria. Nuestro paso por la Tierra es finito. Las fuerzas del cosmos son mucho más potentes que nuestra capacidad para sobrevivir. En realidad somos muy vulnerables. Ya lo vimos con los dinosaurios: aunque la medicina avance a pasos agigantados, somos extremadamente vulnerables y se va a hacer necesario desarrollar nuestra especie en otros planetas".

"Vemos a gente como Elon Musk o Richard Branson", ahonda, "que empiezan desde cero, pero tienen experiencia y dinero, y son capaces de crear tres tipos de cohetes que pueden lanzar cargo y misiones tripuladas, además reutilizables y a un coste muy inferior al que ofrecen las agencias espaciales…. Al final meten presión y, cuando hay presión, hay resultados. Cuando le hablo de ello a la gente, muchos me dicen: '¡Guille, pero si no hemos vuelto a ir a la Luna! ¿No crees que igual fue un montaje? Entonces yo les digo que fue real. De hecho, con un buen telescopio de aficionado se pueden ver ciertos marcadores en la Luna (...) Primero iremos a la Luna, de aquí a unos 30-40 años. A partir del año 2050, seguro. Y luego habrá viajes tripulados a Marte. Estamos viviendo una época espectacular de la raza humana y vamos a vivir dos cosas que serán históricas: una, los primeros viajes fuera de este planeta, más allá de la Luna; y dos, el descubrimiento de que hay vida fuera de la Tierra. Hay una competitividad enorme, ya sea entre países, agencias o multinacionales, y esa competitividad es lo que le hace progresar al ser humano", apunta un Guillermo Rojo que durante la charla con LD demuestra con creces ser un comunicador nato.

"Comunicar y dar charlas es otra de mis pasiones. Es mucha información la que recibo y me gusta ordenarla y ofrecérsela a la gente. Desgraciadamente, en esta época que nos ha tocado vivir hay más desinformación que información. Estamos en el fast food de la información. Hay información muy rápida que muchas veces es complicado distinguir si es veraz o no, si es sensacionalista o no... En cualquier caso, a mí me gusta transmitir esta información, sea de deporte o del espacio, y siempre que la gente me escucha tiene claro que me gusta: no me callo, se me iluminan los ojos y lo transmito con pasión", apunta el joven atleta madrileño, que también está volcado en un "sistema de entrenamiento en suspensión para readaptar y rehabilitar mejor a los jugadores, permitiendo que el tiempo de regreso a la competición sea más corto".

"Ello daría una mayor ventaja a los equipos a nivel competitivo y, de paso, disminuiría también el impacto económico que generan las lesiones. Un impacto que en clubes pequeños es menor, pero en la NFL o la NBA podría variar entre dos y ocho millones de euros por temporada y jugador", señala al respecto.

Con tanto quehacer, las palabras "descanso" y "desconexión" parecen no tener cabida en el diccionario personal de Guillermo Rojo. "Soy hijo, hermano, amigo... Lo que no tengo ahora mismo es novia porque aguantar mi ritmo de vida es complicado, pero no me cierro las puertas a nada", dice entre risas. "Necesito tiempo para mí, como todo el mundo necesita desconectar de vez en cuando, pero con lo que me quedo es que estoy muy contento con todo lo que hago", apunta Guillermo Rojo en una larga pero distendida charla con Libertad Digital.

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