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Esther Williams, la sirena del deporte femenino

A pesar de ser mucho más conocida por su faceta cinematográfica, Williams fue una de las grandes protagonistas del deporte femenino en el siglo XX.

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A pesar de ser mucho más conocida por su faceta cinematográfica, Williams fue una de las grandes protagonistas del deporte femenino en el siglo XX.
Escena de la película 'Escuela de sirenas'. | Youtube

La figura de Esther Williams ha sido trascendental en la historia del cine. Tanto, que se puede afirmar que fue su brillantez la que dio origen a un subgénero cinematográfico: el musical acuático, en boga en los años 40 y 50. Pero su talento fue también clave en el mundo del deporte del Siglo XX. Antes, durante, y después de su carrera en el del celuloide.

El destino la quiso estrella

Esther Jane Williams nacía el 8 de agosto de 1921 en Los Ángeles, California. La última de cinco hijos, a los pocos años le diagnosticaron una poliomielitis infantil. Le recomendaron la natación como terapia, y Williams sintió un flechazo con el agua desde el primer día que se tiró a la piscina.

Quiso tomárselo más en serio, pero las dificultades económicas ahogaban en casa. No la podían inscribir en el club de natación. Una genial idea pudo finalmente permitírselo: trabajaría para ellos, como limpiadora y recogida de toallas entre otros menesteres, a cambio de poder entrenar. Y no tardó en convertirse en una auténtica campeona.

A los 15 años pasa a formar parte, por decisión técnica ya, del equipo de natación de Los Angeles Athletic Club, y poco después se proclama campeona de la Costa del Pacífico en los cien metros estilo libre. Antes de cumplir los 16 ya se había llevado tres campeonatos nacionales más, y batido varios récords de Estados Unidos.

No había duda de que estaba predestinada a dar al país grandes momentos de gloria en el agua, aunque seguramente no como todos esperaban. Porque si bien Esther Williams fue incluida en el equipo estadounidense que debía acudir a los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1940, éstos no se celebraron. Ya lo saben, la Guerra. Y Williams vio frustrado su sueño de ser una gran nadadora.

Pareja de Tarzán

Pero aquel sueño incumplido de ser olímpica, de comprobar si sus grandes resultados a nivel nacional se trasladaban al escalafón mundial, abrieron a Williams una puerta quizá inesperada, pero probablemente mucho más exitosa.

Todo comenzó casi por casualidad. Esther Williams se había interesado por una disciplina naciente de la Federación de Natación, la natación sincronizada. Y por ello mismo acudió a la Feria Mundial Acuática que se celebraba aquel verano en San Francisco. Ahí le permitieron realizar algún número, y llamó la atención de la Metro-Goldwyn-Mayer.

El plan de la compañía cinematográfica era claro: repetir con Williams lo que habían hecho años atrás con Johnny Weissmuller. Es decir, convertir a una estrella del deporte, en una estrella del cine. No hay que olvidar que Weissmuller, antes de ser archiconocido por su papel de Tarzán, había ganado cinco oros olímpicos entre los Juegos de París del 24 y los de Amsterdam del 28.

Tan claro era el plan, que lo primero que le ofrecieron a Esther Williams fue un papel junto a Johnny Weissmuller en un espectáculo acuático. Lo que buscaban desde la productora era una joven con cuerpo de pin-up, bella, y evidentemente con grandes capacidades acuáticas. Y claro, Williams encajaba a la perfección. Imposible comenzar mejor.

El salto de San Francisco a Hollywood lo hizo ya Williams como una diva, ante la necesidad de un país en guerra de iconos pin-up como ella. Tanto, que paralelamente a la productora dio lugar a un nuevo género en Technicolor: el musical acuático, del que Williams sería la reina indiscutible. Una fórmula que reunía romance, música y comedia. Siempre en el agua. Siempre brillante.

La sirena de Hollywood

En 1942 protagonizó el primer cortometraje de su larga lista de grabaciones; pero fue en 1944, con 'Escuela de sirenas', cuando Esther Williams se convirtió en una gran estrella. Un espectáculo de baile, luz y agua dirigido por el coreógrafo Busby Berkeley, un antiguo militar que aplicó en las escenas su meticulosa experiencia de instrucción de soldados. Con numerosas nadadoras, encabezadas evidentemente por Williams, representaba figuras geométricas que imitaban efectos ópticos de caleidoscopio, en lo que podrían considerarse los albores de la natación sincronizada.

En los años siguientes la actriz protagonizaría más de 20 películas del mismo género. "La hija de Neptuno", "La primera sirena", "Fiesta brava", "En una isla contigo"… films repletos todos ellos de escenas submarinas, de saltos de trampolín, de sugerentes coreografías, de espectáculos entre fuegos artificiales.

Los percances que sufrió Esther Williams no fueron pocos. Accidentes, lesiones, tímpanos dañados… e incluso a punto de morir en una ocasión, durante el rodaje de una escena submarina.

En 1948 volvieron los Juegos Olímpicos. Pero para entonces Esther Williams ya era una estrella consagrada del cine, una de las más grandes de Hollywood, y no se planteaba el regreso a la competición.

Aun así, continuó ligada al deporte. Abrió las piscinas Esther Williams, dedicadas especialmente a enseñar natación a niños con problemas de salud, como lo había sido ella misma. Creó también una empresa de trajes de baño, y tuvo un papel esencial en el crecimiento de la natación sincronizada en Estados Unidos, con sus enseñanzas y también con su esponsorización.

Sobre todo a partir de los años 50, cuando el género del musical acuático comenzó a decaer, y Williams probó fortuna, sin demasiado éxito, en otra clase de papeles. Su estrella en un género tan específico le había encasillado demasiado como para poder brillar en otros géneros. Los espectadores no estaban dispuestos a verla en otros roles.

El crecimiento de la sincro

La mera presencia de una figura tan positiva y popular como Esther Williams en torno a ese mundillo hizo que la natación sincronizada creciera a pasos agigantados en Estados Unidos. Su calidad en los movimientos en el agua hizo que el equipo también progresara técnicamente. En 1952 se lleva a cabo la primera regularización por parte de la Federación internacional, y progresivamente va apareciendo en los programas oficiales. Como en los Juegos Panamericanos de México en 1955. El auge de la sincronizada es evidente, aunque no será hasta 1973 cuando un campeonato mundial incluirá tres modalidades: solo, dúo y equipo.

Unos años antes, en 1966, Esther Williams había sido incluida en el Salón de la Fama Internacional de natación.

Aunque quizá el momento de mayor reconocimiento para su trayectoria fuera del cine llegó durante los Juegos Olímpicos de 1984. En Los Ángeles. En casa. Los primeros en los que entró la natación sincronizada. La ‘sirena de Hollywood’ fue invitada en el estreno como deporte olímpico. Y, según relató la prensa al día siguiente, en la presentación dijo a las nadadoras, mirándolas fijamente, "sed felices, estáis en una piscina".

Aquella piscina en la que 40 años antes ella se había convertido en indiscutible estrella mundial. Quizá la natación había perdida a una campeona. Pero el mundo del cine, y el de la natación sincronizada, habían ganado una estrella.

El 6 de junio de 2013, a la edad de 91 años, moría en su casa de Beverly Hills Esther Williams. Ese mismo día, por la mañana, se había dado su último baño en la piscina de casa.

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