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Las recomendaciones deportivas de LD durante la cuarentena por el coronavirus: 'Yo, Tonya' (VIII)

Sergio Valentín continúa en LD su serie de recomendaciones de películas, series y documentales de temática deportiva durante la cuarentena.

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Sergio Valentín continúa en LD su serie de recomendaciones de películas, series y documentales de temática deportiva durante la cuarentena.

Tienen que ver Yo, Tonya. Si no lo han hecho y tienen un par de horas libres —algo que supongo en la mayoría de ustedes—, dejen de dar mil vueltas por Netflix o Movistar, denle al play y disfruten. Me arriesgo a afirmar que va a ser una de las mejores películas que vean durante este confinamiento obligatorio. Lo tiene todo. Una historia interesante, personajes carismáticos que son excelentemente interpretados y un guion divertido, con constantes guiños a Martin Scorsese de los que se darán cuenta al instante.

Se trata del relato del ascenso y caída de Tonya Harding, patinadora estadounidense que, en los años 80 y 90, pasó de ser una heroína por sus éxitos sobre la pista de hielo a convertirse en el blanco de las críticas e insultos de todo el país por un hecho que, por supuesto, no desvelaré y que afecta a su amiga pero máxima rival en la pista, la perfecta Nancy Kerrigan. También es cierto que su personalidad y su familia tampoco ayudaban a que tuviera una mejor opinión pública, aunque creo que muchos entenderán, como yo, que Tonya tenía razón y era el resto del mundo quien la juzgaba erróneamente. Ella no caía bien porque no quería fingir ser alguien que no era. El mundo en general y el deporte del patinaje, aún más, es muy hipócrita. Para tener éxito, Tonya tenía que ser la chica perfecta. No valía con ser la mejor patinadora, también tenía que cumplir con todo lo que se espera de "una buena chica". ¿Por qué? ¿No vale acaso con ser la mejor?

Tenía que ir bien vestida, peinada y maquillada, como mandaban los cánones de lo que era supuestamente la belleza ideal. Tenía que ser una chica formal y educada. Pero Tonya nunca tuvo opción de ser esa princesa Disney porque creció en un ambiente desestructurado. Nunca comprendió en qué consistía el auténtico amor porque jamás lo recibió. Su madre, una mujer maleducada, con un genio incontrolable, sin ética alguna y que explotaba a su hija para convertirla en la mejor a toda costa, fue una penosa influencia. La violencia física y verbal la persiguió toda la vida porque, además, el primer chico con el que empezó a salir, que resultó ser luego su marido, era un maltratador cuya escasa inteligencia además le perjudicaría en su carrera como patinadora. ¿Cómo iba a ser Tonya la chica ideal con semejante vida? No lo fue para los jueces pero sí para muchos estadounidenses.

La película no es un drama pese a que hay argumentos de sobra para que lo fuese. Más bien es una comedia negra de paletos. El director, Craig Gillespie, consigue que, en lugar de sentir vergüenza ajena —algo que suele pasarme—, te rías de todas las desgracias que rodean a la patinadora. Y os aseguro que son muchas. Es divertida, tiene una narración dinámica, ayudada por una gran banda sonora, un montaje atrevido y bien utilizada la ruptura de la cuarta pared que ya usó otro antihéroe como Deadpool.

La película, como hizo su protagonista, hace un triple Axel. No sólo hay una buena historia, también se apoya en dos interpretaciones fabulosas. Margot Robbie está de moda en Hollywood pero no sólo por su cara bonita. En cada actuación demuestra un enorme talento. Por este papel fue nominada al Oscar a mejor actriz. Su madre, Allison Janney, se llevó el premio a la mejor actriz secundaria.

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