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Werner Seelenbinder, el luchador que murió decapitado por enfrentarse a la Alemania nazi

Sus éxitos y sus movimientos le valieron para ser la esperanza de todos: nazis y comunistas.

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Sus éxitos y sus movimientos le valieron para ser la esperanza de todos: nazis y comunistas.
Imagen de Archivo de Werner Seelebinder durante su etapa como luchador. | Hall of Fame des Deutschen sports

El 24 de octubre de 1944 fallecía decapitado en una prisión de Brandeburgo Werner Seelenbinder. Llevaba más de dos años pasando de campo de concentración en campo de concentración, de tortura en tortura. A pesar de que sólo unos años antes había sido un ídolo en todo al país. Amado por todos. Unos y otros. Pero su oposición al nazismo, como a tantos otros, le condenó.

Un luchador atípico

Nacido en Stettin -entonces Alemania- y hoy Szczecin, Polonia, el 2 de agosto de 1904, creció en el humilde barrio berlinés de Friedrichshain. Barrio que no escapó de la pobreza y hambruna que se instaló en buena parte de Alemania después de la Primera Guerra Mundial.

Seelenbiner lo vivió de primera mano, igual que las devastadoras escenas que dejó el denominado Levantamiento Espartaquista entre los trabajadores de la ciudad.

Todo aquello le parecía inconcebible al joven Werner Seelenbinder, que encontraba en el deporte el único consuelo. El único escape. Probó diferentes disciplinas, pero fue la lucha grecoromana lo que terminó por engancharle.

Y no le fue nada mal. Su primera victoria importante llegaría en los denominados Juegos Olímpicos de Trabajadores de 1925, en los que participaron 11 países (entre los que se encontraban Francia, Finlandia o Gran Bretaña, además de Alemania). Seelenbinder se llevó el oro en peso semipesado.

En su afán por competir a nivel internacional, en 1928 acudió a las Espartaquiadas de Moscú. Una especie de Juegos Olímpicos paralelos entre países comunistas. Participaron cerca de 4.000 atletas. Y Werner Seelenbinder se hizo de nuevo con el oro.

Amado y odiado por el nazismo

Una victoria que le confirió un gran estatus deportivo en el país, pero que también significó la repulsa de parte de las autoridades deportivas alemanas, que no veían con buenos ojos que sus atletas participaran en aquella suerte de Juegos para comunistas.

Todos, entre ellos Seelenbinder, fueron expulsados de la competición reglada alemana, pasando a formar parte entonces del 'Rotsport', una división en las organizaciones deportivas del movimiento obrero alemán.

Y así, entre sus ideales formados desde su juventud y su confrontación con las autoridades deportivas del país, Werner Seelenbinder se enroló como miembro al Partido Comunista de Alemania (KPD).

Algo que no pareció terminar de incomodar al gobierno nazi. Porque tras su llegada al poder en 1933, permitió el regreso de Seelenbinder a las competiciones nacionales. La devoción que sentía Adolf Hitler por los deportes de contacto -especialmente el boxeo-; las grandes cualidades demostradas por el luchador alemán; y el interés del propio movimiento comunista, que veía en Seelenbinder una suerte de caballo de troya, así lo quisieron.

Y su regreso no pudo ser mejor. En su primer año se proclamó campeón nacional alemán de lucha grecorromana categoría semipesado. Título que repetiría hasta en cinco ocasiones más: 35, 36, 37, 38 y 41.

Unos resultados, una racha victoriosa, que le llevaron a ser incluido en la lista para los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Berlín en 1936. A pesar de que su relación con el nazismo era nula. Se apunta incluso que rechazó darle la mano a Adolf Hitler tras felicitarle éste por su primer título nacional. Pero sabían que debían contar con él si querían aspirar al oro.

El mismo pensamiento tenían en el KPD. Aunque inicialmente plantearan al luchador la posibilidad de un boicot a los Juegos, finalmente se decantaron por que compitiera y aprovechara así la situación para trasladar al resto de deportistas la realidad de la Alemania Nazi, perfectamente camuflada durante la disputa de los Juegos. En su mente, además, se veía factible una magnífica oportunidad para ganar el oro y protagonizar un escándalo en el podio con el que que la foto de Smith, Carlos y Norman se hubiera quedado en menudencia.

Es decir, todos querían la victoria de Werner Seelenbinder. Todos necesitaban la victoria de Werner Seelenbinder. Pero Werner Seelenbinder perdió en el primer combate que disputó. Gracias a la repesca, terminó finalmente cuarto. Pero fue una gran decepción para todo el país: para los nazis, y para los comunistas.

Trabajo en la resistencia

A pesar del fracaso en los Juegos, Seelenbinder siguió gozando de una buena posición, y compitiendo a nivel nacional e internacional. Lo cual aprovechó para crear un pequeño grupo de resistencia comunista, para el que se valía de sus contactos mediante el deporte.

Y así, mientras seguía compitiendo y ganando por todo el país, Seelenbinder fue aumentando su red de contactos. Su unidad de resistencia comunista, como tantas otras, pasó a formar parte del grupo comandado por Robert Uhrig, en esos momentos considerado como el líder de la resistencia del KPD en Berlín.

Hasta que el 4 de febrero de 1942 fue detenido por la Gestapo. Comenzó entonces un periplo por diferentes campos de concentración y prisiones durante dos años y medio, siendo sometido a continuas torturas. Finalmente, Werner Seelenbinder fue ejecutado por traición el 24 de octubre de 1944 en la prisión de Brandenburg-Görden. Fue decapitado con un hacha.

Aquella mañana, en la que Seelenbinder se despertó pesando tan solo 59 kilos y sabiendo que iba a ser la última, escribió una carta de despedida a su familia y a su pareja Friedel:

"Querido padre, hermanos, cuñada y Friedel. Ha llegado la hora de la despedida. Durante mi encarcelamiento, probablemente he soportado todo lo que puede pasar un ser humano. Enfermedad, dolor físico y emocional: no me salvé de nada. Me hubiera encantado apreciar con ustedes, mis amigos y camaradas deportivos, los placeres y alegrías que la vida puede ofrecer después de la guerra; los placeres y alegrías que ahora aprecio aún más. Después de un terrible período de sufrimiento, el destino ha decidido ahora lo contrario. Y, sin embargo, sé que he encontrado un lugar en sus corazones y en el corazón de tantos compañeros deportivos, en los que permaneceré. Saber esto me enorgullece y me hace fuerte en esta última hora".

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de Alemania del fascismo, fueron muchas las calles y plazas que se dedicaron a Seelenbinder en Alemania del Este. Actualmente, el centro deportivo del barrio berlinés de Neukölln lleva su nombre. Desde 2004 el campeonato nacional alemán de lucha lleva su nombre. Y en 2008 Werner Seelenbinder fue incluido en el Salón de la Fama del deporte alemán.

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