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La ciclista Anna Kiesenhofer protagonizó la mayor sorpresa y la mejor historia de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

Anna arrancó en solitario y las demás corredoras no se dieron cuenta de que iba en cabeza, al ser amateur pasó completamente desapercibida.

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Anna arrancó en solitario y las demás corredoras no se dieron cuenta de que iba en cabeza, al ser amateur pasó completamente desapercibida.
Anna Kiesenhofer al cruzar la línea de meta. | Cordon Press

En la madrugada del sábado al domingo (24 a 25 de julio) se celebró la prueba femenina de ciclismo en ruta sobre suelo nipón. La cita olímpica reunió a 67 ciclistas de 40 países diferentes. Los pronósticos posicionaban al equipo holandés como firme favorito para alzarse con los metales, pero una austríaca amateur arrampló con toda predicción y vaticinio.

Todo empezó un kilómetro después del inicio, con 134 km restantes, cuando la austríaca Anna Kiesenhofer, junto a cuatro corredoras más, protagonizaron un ataque inicial. Ninguna de ellas estaba entre las favoritas para alcanzar el podio, por lo que podría parecer una decisión precipitada cuando quedaba toda la carrera por delante.

Pues bien, ese grupo de cinco corredoras fue por delante del pelotón la mayor parte de la carrera, pero dos de ellas, la sudafricana Oberholzer y la namibia Looser, se cayeron poco a poco del grupo líder.

Cuando solo restaban 41,4 km de carrera, la austríaca Anna Kiesenhofer protagonizó, sin saberlo, un movimiento determinante: realizó un segundo ataque para descolgarse del grupo líder, que formaba con la polaca Plichta y la israelí Shapira, las únicas dos sobrevivientes de la fuga inicial, y se escapó en soledad sin saber que en ese empujón había ganado la medalla de oro.

Es buen momento para mencionar que en los Juegos Olímpicos, al igual que en los campeonatos del mundo, las corredoras no pueden mantener comunicación con sus equipos, por lo que no llevaban pinganillos, veían lo que la vista les alcanzara, y no sabían con exactitud cuantas personas habían escapado en el primer ataque.

El equipo holandés, favorito para entrar en el podio, iba tirando del pelotón con la idea de descolgarse en los últimos kilómetros, y al alcanzar a Plichta y Shapira, asumieron que no había más corredoras por delante y que ya eran la cabeza de carrera, lo que les permitió llevar el ritmo del pelotón que en realidad era el ‘chasing group’ ya que la austríaca Kiesenhofer seguía corriendo sola a la espera de una caza que nunca llegó.

El verdadero grupo que lideraba la carrera lo formaba una única persona, Anna Kiesenhofer, que cruzó la meta en un tiempo de 3 horas, 52 minutos y 45 segundos. Incrédula por su gran actuación, la austriaca había protagonizado uno de los mayores batacazos en la historia, pero lo mejor estaba por venir.

La holandesa Annemiek van Vleuten, una de las mejores del mundo, estrella del equipo Movistar y líder del pelotón durante toda la carrera, cruzó la línea de meta 1 minuto y 15 segundos después de Kiesenhofer pero celebró como si hubiera ganado la medalla de oro.

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Van vleuten cruzando la meta como segunda.

Van Vleuten y las otras 55 participantes desconocían la existencia de Kiesenhofer, todas las corredoras que iban terminando se acercaban a Van Vleuten para felicitarla por la victoria, mientras intentaba recuperar el aliento acostada sobre el cemento.

Cuando se enteró de que en realidad el metal que había ganado era de plata, no pudo contener las lágrimas: "Estoy destrozada. Ninguna de nosotras sabía si todo el mundo estaba en el pelotón. Es un ejemplo de lo que ocurre si se corre una carrera importante como ésta sin comunicación", reflexionó tras colgarse la medalla de plata.

Der Breggen, también holandesa y reina del Giro de Italia, analizó posteriormente el error: "No conocíamos a Kiesenhofer, no podíamos subestimar a alguien que no conocíamos. Cuando neutralizamos a la polaca y a la israelí, pensábamos que íbamos por el oro. No sabíamos que había otra corredora".

De vuelta con Kiesenhofer, su victoria fue profundamente conmovedora, además del premio a una ciclista que se presumía como una de las posibles colistas de la prueba. Tras un año sabático en 2018, volvió en 2019 como ciclista amateur y ganó el campeonato austríaco de contrarreloj entre 2019 y 2021, además de consagrarse en el campeonato nacional de ruta de 2019.

Su participación en Tokio fue como corredora amateur, sin contrato con ningún equipo. El futuro de la austríaca en el mundo del ciclismo es incierto, lo único que sí sabemos es que Anna Kiesenhofer es campeona olímpica y ha protagonizado una historia que representa el espíritu amateur de los Juegos Olímpicos.

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