
Hay carreras que se ganan en la meta y otras que se construyen a lo largo de los años. La de Susana Rodríguez pertenece a este segundo grupo. No es solo la historia de una doble campeona paralímpica de triatlón. Es la de una mujer que ha sabido sostener la excelencia deportiva mientras ejercía como médica en la sanidad pública, que ha convertido la discapacidad visual severa con la que nació en una condición de partida -nunca en un límite- y que ha asumido el liderazgo de su carrera con una serenidad poco común.
Susana nació con albinismo y una patología del nervio óptico que le provoca una discapacidad visual muy severa. Desde la infancia aprendió a convivir con esa realidad sin dramatismos. Nunca buscó atajos ni indulgencias. Simplemente avanzó. El deporte apareció pronto como un espacio de libertad, pero también como un lugar de exigencia, donde cada progreso debía ganarse con trabajo.
De la pista al triatlón: la necesidad de reinventarse
Su primer contacto con la competición llegó en 1998, cuando comenzó a practicar atletismo gracias a una profesora de la ONCE. Durante una década compitió en pruebas de atletismo adaptado, con la vista puesta en los Juegos Paralímpicos. Sin embargo, en 2008 no logró la clasificación. Aquella decepción marcó una pausa obligada, dos años fuera de la alta competición que pudieron haber supuesto un punto final.
No lo fueron. En 2010, Susana decidió cambiar de rumbo y probar una disciplina tan compleja como exigente: el triatlón. Natación, ciclismo y carrera a pie concentrados en una misma prueba. Un reto físico y mental que encajaba con su carácter. Desde ese momento, su progresión fue constante, silenciosa y profundamente sólida.
Formación, vocación y compromiso
Mientras su carrera deportiva crecía, Susana nunca dejó de lado su formación. En 2009 finalizó la Diplomatura en Fisioterapia en la Universidad de Vigo y en 2015 se graduó en Medicina por la Universidad de Santiago de Compostela. En 2016 comenzó su especialidad como médica interna residente en Medicina Física y Rehabilitación en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago.
Esa doble condición -deportista de élite y médica- no fue un complemento anecdótico, sino una seña de identidad. Durante los momentos más duros de la pandemia de la COVID-19, Susana compaginó entrenamientos con su labor asistencial en la sanidad pública. Guardias, estrés, responsabilidad y, aun así, el mismo compromiso con el alto rendimiento.
Aquella coherencia vital trascendió el ámbito deportivo y la llevó a la portada de la prestigiosa revista TIME, que la retrató como símbolo de resiliencia, liderazgo y servicio público. No por una medalla concreta, sino por la suma de todas.
El salto paralímpico: Río y Tokio
El estreno paralímpico llegó en Río de Janeiro 2016. Susana finalizó quinta en la prueba de triatlón, un resultado que confirmó que estaba en el camino correcto. El gran punto de inflexión se produciría en Tokio. En unos Juegos marcados por la pandemia y celebrados finalmente en 2021, Susana hizo historia al convertirse en la primera deportista española que competía en dos modalidades -atletismo y triatlón- en una misma edición paralímpica.
En triatlón, alcanzó el oro en la categoría PTVI. Un triunfo que no solo la situó en la cima mundial, sino que consolidó su figura como referente del deporte paralímpico español. No era una promesa: era una realidad sostenida.
París 2024: ganar cuando todo pesa más
El ciclo hacia París fue, probablemente, el más exigente de su carrera. En plena preparación, una aparatosa caída puso en serio riesgo su presencia en los Juegos. La recuperación fue larga, compleja y exigente. Física, pero sobre todo mental. Llegó a París sin margen, pero con la determinación intacta. Y volvió a ganar.
En la capital francesa, Susana dominó la prueba de principio a fin y se proclamó por segunda vez campeona paralímpica de triatlón PTVI. Lo hizo acompañada por su guía Sara Pérez, con quien había construido la sociedad deportiva durante el tramo final del ciclo olímpico. "Lo más difícil no es ganar una vez. Es sostener el nivel cuando ya te conocen, cuando ya esperan de ti lo máximo", ha señalado en más de una ocasión.
El rol del guía: imprescindible, pero secundario
El triatlón paralímpico no se entiende sin la figura del guía. Es un papel técnico, exigente y profundamente humano. El guía orienta, marca ritmos, comunica el entorno y permite que el deportista se concentre exclusivamente en competir. Pero no lidera el proyecto deportivo. Acompaña.
En ese rol aparece Sara Pérez, exnadadora olímpica y triatleta de élite, que decidió dar el paso para guiar a Susana en el camino hacia París. Su incorporación supuso sumar experiencia, solvencia física y una comprensión profunda del deporte de alto nivel.
La relación entre ambas se construyó desde la claridad de roles. Sara aporta apoyo y precisión; Susana marca la estrategia, el ritmo competitivo y la ambición. "El guía es mis ojos en carrera. Pero las decisiones, el liderazgo y la responsabilidad son siempre mías", explica Susana con naturalidad.
Sara ha descrito en distintas entrevistas la exigencia del rol: convivencias intensas, comunicación permanente, la necesidad de estar incluso físicamente por encima del deportista guiado. Un trabajo invisible que solo se percibe cuando no funciona.
Reconocimientos que amplían el impacto
Más allá de las medallas, los reconocimientos institucionales han acompañado la trayectoria de Susana. En 2022 recibió el Premio Nacional del Deporte, convirtiéndose en la primera deportista con discapacidad en lograrlo. En 2024, Mattel la eligió como Barbie Role Model, creando una muñeca a su imagen para inspirar a niñas de todo el mundo con una historia real de esfuerzo y determinación.
Son hitos que amplifican su mensaje, pero que no alteran su discurso. Susana no habla de heroicidades, sino de trabajo. De constancia.
Seguir adelante, sin ruido
Hoy, número uno del ranking mundial, Susana Rodríguez sigue entrenando con la misma exigencia que cuando empezó. No se detiene en balances ni en finales. Mira al futuro con la serenidad de quien sabe que el verdadero éxito no es una meta concreta, sino la capacidad de sostener un camino. "No se trata de ver más o menos. Se trata de saber hacia dónde corres", resume.
