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Otto Peltzer, el campeón alemán encerrado en Mauthausen por su homosexualidad

Uno de los mayores héroes deportivos de la Alemania de principio de siglo XX, ni aquello le salvó tras la llegada del nazismo.

Uno de los mayores héroes deportivos de la Alemania de principio de siglo XX, ni aquello le salvó tras la llegada del nazismo.
Otto Peltzer llevado a hombros tras una victoria | Archivo

El 8 de marzo de 1900 nace en Holstein, en el norte de Alemania, Otto Peltzer. La suya es una infancia complicada a nivel de salud. Le diagnostican una cardiopatía, padece frecuentes infecciones, debe pasar gran tiempo confinado... todo ayudado claro por la buena posición económica familiar.

Pero a medida que crece, ve cómo todos los esfuerzos físicos que debía hacer hasta entonces para prácticamente cualquier actividad se van diluyendo, a medida que mejora su estado de salud. Y gracias a ello, ya en la adolescencia, descubre una gran capacidad para el atletismo.

No tardará en ganar sus primeros campeonatos. Aunque el año de despegue será 1922. En la misma temporada se proclama campeón alemán en las distancias de 800 y 1500 metros.

Su progresión será meteórica. También su fama. Su carácter introvertido pero aniquilador a la hora de la competición le granjea numerosos aficionados por todo el país. Otto el extraño, le llaman. Apodo al que sin duda ayudan sus peculiares -por la época- métodos de entrenamiento, y también su particular elección de competiciones, capaz de anteponer una carrera local en Hamburgo a un mítin mundial simplemente porque "ya se había comprometido".

La carrera que no se perdería es la celebrada el 11 de septiembre de 1926 en Berlín, considerada como una de las mejores del 1500 de todos los tiempos. Porque en ella participan el finlandés Paavo Nurmi, vencedor ya entonces de ocho medallas de oro olímpicas; el sueco Edvin Wide, plata en los Juegos Olímpicos del 24; y el prometedor Herbert Böcher, reciente plata en el Mundial. Además, por supuesto, de Otto Peltzer, que llega de batir en Gran Bretaña al campeón olímpico de los 800 metros Douglas Lowe, y hacerse con la plusmarca mundial de la distancia.

Porque es esa, los 800 metros, la distancia que mejor se adapta a sus características. Algo que queda claro en el arranque de la carrera, cuando se destaca en cabeza. Sin embargo, lo previsible es que a medida que se supere la mitad de la misma, vaya siendo rebasado por sus enormes rivales. De hecho, Nurmi y Wide le adelantan. Pero Peltzer no se arruga. Resiste. Y en el tramo final su zancada se hace poderosa e implacable. En la última recta, vuela. Y se hace con la victoria.

El delirio de los 30.000 aficionados presentes se convierte en un momento histórico para el deporte alemán cuando se oficializa su tiempo: 3'51"0. Peltzer le acaba de arrebatar el récord del mundo a Paavo Nurmi por 1'6 centésimas. Se convierte, de ese modo, en el único atleta en tener las plusmarcas mundiales de 800m y de 1500m simultáneamente. Tendrán que pasar casi cincuenta años para que Sebastian Coe repita la hazaña.

El sueño olímpico

Tal es la fama que alcanza Otto Peltzer, que le llueven las ofertas para competir como profesional en el otro lado del charco. Pero él lo rechaza cortésmente. Su gran sueño es el de competir en los Juegos Olímpicos de Amsterdam 1928 representando a Alemania, que no había podido participar en las dos ediciones anteriores castigada por su papel en la Primera Guerra Mundial.

A priori, Peltzer era el gran favorito en la prueba de los 800 metros en Amsterdam. Pero lo cierto es que no llega en su mejor momento. Lastrado por una lesión unas semanas antes, que difícilmente le permitía competir, cae eliminado en semifinales.

Tampoco brilla en Los Angeles 1932. A pesar de que llega como capitán del equipo, un error a la hora de seleccionar las zapatillas para competir le hace ser finalmente noveno en la final. Se desvanece así el sueño de una medalla olímpica que, por calidad, sin duda debería haber conseguido.

El infierno nazi

Como para tantos otros, la llegada de Adolf Hitler al poder supondrá el inicio de una pesadilla para Otto Peltzer. Y eso que en sus albores el atleta decide formar parte del Partido. No sabe, como muchos, lo que realmente supone. Ni tan solo que pronto será considerado un enemigo de la patria, por su condición, nunca escondida, de homosexual. Porque ya en 1935 se restablece una ley de 1870 contra los homosexuales, que pasan a ser perseguidos al igual que los judíos, los comunistas, los gitanos...

Lo primero que se le aplica es una suspensión para competir. Ni como atleta, ni como entrenador. Pronto le caerá una condena de año y medio de prisión por "delito de homosexualidad".

Otto logra huir del país, primero a Finlandia y después a Suecia. Pero pronto es forzado a regresar a Alemania con la promesa de que las acusaciones contra él han prescrito. Nada más llegar es detenido. Es 1941, y a pesar de todos los reconocimientos recibidos en años anteriores, a pesar de ser considerado todo un ídolo en el país sólo una década atrás, es enviado al campo de concentración de Mauthausen como enemigo del Reich.

Ahí, pese a la dureza vivida día tras día, pese a que le hacen correr incansablemente por pura diversión de los carceleros, Otto Peltzer logra sobrevivir. Casi cuatro años de tortura, de trabajos forzados, que no terminan hasta la liberación del campo el 5 de mayo del 45. El excampeón es hallado próximo a la muerte, con una pleuritis. Pero sobrevive.

Es una liberación del campo de concentración, sí. Pero no de ser perseguido por ser homosexual, que sigue siendo una ofensa en la Alemania de los 50. (Algo similar a lo que le ocurre nada menos que a Alan Turing). La Asociación de Atletismo de Alemania le repudia, y Peltzer pasa a entrenar jóvenes atletas en países como Inglaterra, China o Australia. Finalmente se asienta en la India, donde tendrá un papel primordial en el desarrollo del atletismo en el país.

No será hasta 1968 que Alemania decida legalizar la homosexualidad. Casi tres décadas después de su exilio, Otto Peltzer puede regresar por fin tranquilo a casa.

Dura poco. El 11 de agosto de 1970 se encuentra en Eutin, donde se produce un meeting de atletismo. Peltzer acude para asistir a un atleta hindú, Happy Sikand, a quien había entrenado años atrás. Desde la pista, cronómetro en mano, controla su tiempo. Como tantas veces antes. La libertad que le da poder participar de una carrera en su amada Alemania colma el anhelo de tantos y tantos años.

Al concluir la prueba se dirige al parking, a por su coche. Unas horas después será hallado en el asiento del conductor, sin haber arrancado siquiera el vehículo. Acababa de sufrir un infarto. Todavía con el cronómetro colgado del cuello.

Se marchaba así, a los 70 años, uno de los atletas alemanes más grandes de todos los tiempos. Trece veces campeón nacional en las distancias de 400, 800, 1500 y también 400 obstáculos. Vencedor de una de las más espectaculares carreras del 1500 de todos los tiempos. Pero perseguido, en su propia casa, durante décadas, y por diferentes regímenes, por su condición de homosexual.

Desde el año 2000 se entrega la Medalla Otto Peltzer a personalidades del mundo del atletismo alemán que contribuyen a su crecimiento y desarrollo en competitividad, resultados, eficiencia... y valores.

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