
Hay mitos que trascienden la pantalla y terminan devorando a la persona. Es el caso de Chuck Norris, mito del cine de acción y de las artes marciales fallecido en Hawái el pasado 19 de marzo a los 86 años de edad. El icono fue tan grande que durante años pareció imposible distinguir entre el hombre y la leyenda. Sin embargo, entre quienes compartieron tatami, viajes y confidencias con él, el recuerdo es otro: el de alguien cercano, metódico, protector.
Así lo cuenta a Libertad Digital el destacado maestro de artes marciales Mario Padilla, uno de los grandes amigos de Chuck Norris en España y testigo privilegiado de una vida que fue mucho más que cine de acción. Padilla, que es el único instructor que hay en nuestro país autorizado para enseñar el método UFAF del legendario actor, habla sin artificios, con la cadencia de quien lleva más de medio siglo respirando artes marciales. Su historia con Norris arranca lejos de los focos, en un campeonato en Estados Unidos que cambiaría su vida.
El origen de una amistad forjada en combate
Mario Padilla realizó su primer viaje a Estados Unidos en 1985 y, tres años después, se desplazó a Phoenix (Arizona) para disputar el Campeonato del Mundo de la USKA —una de las asociaciones de kárate más importantes en Estados Unidos, fundada por el pionero Robert Trias—. Allí, en un ambiente donde las artes marciales eran ya industria y espectáculo, se cruzó por primera vez con Chuck Norris. "Él estaba arbitrando. Yo peleé contra alumnos de Bill Wallace y acabé siendo campeón del mundo", recuerda Padilla a LD.
Ese fue el primero de sus muchos contactos con Norris. Con el paso de los años, la relación se consolidó hasta convertirse en una amistad sostenida por viajes, proyectos y una pasión común. "He tenido relación con Estados Unidos desde hace más de 40 años. Con Bill Wallace, con Chuck, con Cynthia Rothrock... allí las artes marciales son otra cosa", relata.

En ese ecosistema, Chuck Norris no era solo un actor reconocido, sino una pieza clave en la construcción de todo un movimiento. Para Padilla, reducir a Norris a sus películas sería un error de base. "Protagonizó más de 200 combates y los ganó casi todos. Eso la gente no lo sabe", subraya. No es un dato menor: seis veces campeón del mundo, el artista marcial originario de Oklahoma (donde nació un 10 de marzo de 1940) fue uno de los grandes nombres que dieron forma al deporte moderno de contacto.
"Todo lo que existe ahora mismo, desde la UFC hasta los grandes torneos, ha pasado por sus manos", afirma Padilla. No como fundador directo, pero sí como impulsor de una cultura que profesionalizó las artes marciales en Estados Unidos. Mientras en España el fenómeno tardó más en consolidarse, al otro lado del Atlántico, Chuck Norris ya era "parte de la sociedad". Llegó a tener más de 800 academias y generó una infraestructura que hoy sigue vigente. "Era un referente total. Para mí, que llevo 56 años en esto, lo era como artista marcial más que como actor", dice.
Cine, proyectos y una última ilusión compartida
La conexión entre cine y artes marciales fue siempre natural en la trayectoria de Chuck Norris, y también en la de Mario Padilla. De hecho, en los últimos años ambos retomaron contacto con la industria audiovisual. "Me dijo: '¿Por qué no representas el estilo que yo hago? Vente a Las Vegas, cerramos acuerdos...'". Aquella conversación derivó en proyectos conjuntos y en la posibilidad de que Norris participara en la serie sobre la vida de Padilla, Hanshi.
Hanshi: la serie, que combinará acción y biografía, tiene previsto rodar parte en Estados Unidos. La idea era incluso contar con un cameo del propio Norris, junto a figuras como Cynthia Rothrock o Benny Urquidez. "Le ofrecimos venir a España hace poco, pero ya no quería viajar", explica Padilla. Aun así, la conexión seguía intacta, sostenida por décadas de confianza.
El Chuck Norris que no sale en los memes
La cultura popular convirtió a Norris en un fenómeno viral antes de que existieran las redes sociales tal y como las conocemos hoy en día. Los memes exageraron su figura hasta lo caricaturesco, pero Padilla insiste en desmontar ese relato: "Han sacado un millón de memes, pero él era muy persona, muy cercano".
La clave, según explica, estaba en su forma de relacionarse con los demás. No desde la superioridad del mito, sino desde la cercanía de alguien que entendía el impacto de su figura. Padilla recurre a una escena concreta para explicar quién era realmente Norris. Un evento en Las Vegas, hace apenas dos años. Más de 300 niños, además de adultos, esperaban para verle. "Los saludó a todos, uno por uno", relata.
No hubo prisas ni jerarquías. Solo tiempo y atención: "Era una persona muy normal, y eso es lo más importante. A pesar de quien era, era normal". Ese comportamiento no era excepcional, sino habitual. Norris dedicó buena parte de su vida a promover las artes marciales entre jóvenes, ayudando a muchos a encontrar disciplina y propósito. "Ha ayudado a muchísima gente. Como persona era un diez", señala el maestro español de artes marciales.
Un legado que va más allá del combate
La huella de Norris no se mide solo en títulos o películas, sino en las personas a las que influyó. En ese sentido, Padilla lo tiene claro: su legado es emocional tanto como deportivo. "Un minuto con él era oro", afirma. "Entrenar con él, sentirle cerca... transmitía mucha paz".
Esa capacidad de conectar con los demás es, para su amigo español, lo que explica la reacción tras su fallecimiento. "En Estados Unidos les está costando asimilarlo. La gente está muy afectada, pero más por lo que era como persona que por lo que fue como actor". Incluso en círculos cercanos, el golpe ha sido profundo. "Su hermano está bastante jod...", desliza Padilla, evidenciando que la pérdida trasciende lo público.
Hay algo que se repite en el relato de Padilla: la humanidad de Norris. No como concepto abstracto, sino como experiencia tangible. "Cómo te quería, cómo te abrazaba...", recuerda. En un mundo donde la dureza suele ser carta de presentación, Norris ofrecía algo distinto: equilibrio. Era capaz de combinar la exigencia del combate con una serenidad casi contagiosa.
"Si alguien me tenía que destrozar entrenando era Bill Wallace", bromea Padilla, "pero Chuck te transmitía paz. Y eso es la bomba".
Más allá del mito
Quizá ahí resida la clave para entender por qué Chuck Norris fue mucho más que un icono del cine de acción. Su figura pública fue gigantesca, sí, pero su verdadera dimensión se encontraba en los detalles.
En los saludos uno a uno. En los proyectos compartidos. En la capacidad de hacer sentir importante a quien tenía delante.

Mario Padilla, que ha vivido casi seis décadas entre tatamis, lo resume sin rodeos: "Como artista marcial era un dios. Pero como persona... como persona era un diez". Y en ese equilibrio imposible entre mito y cercanía es donde, probablemente, reside su verdadera leyenda.


