
Carlos Sainz y la sombra alargada de su padre

Dicen algunos sociólogos y antropólogos que los hijos aprendemos por mimética y solemos cometer o repetir inconscientemente algunos de los errores que han cometido nuestros padres. Incluso, en ocasiones, los fantasmas de nuestros mayores nos persiguen como si fueran una maldición o una sombra que nos susurra al oído cuando menos lo esperamos.
Este domingo, inevitablemente, cuando Carlos Sainz estaba a punto de adelantar a Max Verstappen, ser segundo y volver a la lucha por el Mundial, el motor de su Ferrari dijo ‘basta’ y en ese instante me vino una imagen. Hace 24 años, otro Sainz que estaba a punto de ganar su tercer Mundial de Rallys rompió el motor de su Toyota Corolla a 500 metros de la meta en Inglaterra y perdió la carrera y el Mundial. Las llamas, la mirada perdida, la frustración de Carlos Sainz en Austria... su rostro era el mismo que el de su padre en tierras inglesas y seguro que Sainz padre se ha acordado hoy de aquel día (23 de noviembre de 1998) y de aquella temporada.
La suerte, o la falta de ella, es parte del deporte y de la vida; en el Red Bull Ring de Spielberg, Sainz se ha quedado solo. Después de firmar una muy buena carrera, con una estrategia correcta y a punto de poder romper, un día más, su fama de falta de iniciativa, el hándicap no ha sido su voluntad o su agresividad, sino su coche, su Ferrari. La fiabilidad es tanto o más importante que la velocidad o la aerodinámica para un deporte como la Fórmula1 y a punto ha estado de dejar fuera de combate a los dos Ferrari, porque Charles Leclerc consiguió ganar, sí, pero con un problema en el pedal del acelerador que casi le cuesta la victoria y hasta la carrera.
Mucho ojo porque si sumamos la falta de suerte, un poco de falta de tino —que en Ferrari siempre hay que contar con ello— y una pizca de falta de fiabilidad tenemos como resultado la imposibilidad, salvo catástrofe del adversario —en este caso de Red Bull—, de ganar un Mundial. Quizás sea la explicación de por qué la escudería del Cavallino Rampante lleva tantos años de sequía, un total de 15.
En cualquier caso, tras la rotura y abandono de Carlos Sainz en Austria, Ferrari ya tiene líder para plantar cara a Max Verstappen. Lo que seguro, y lo veremos en las próximas carreras, que Carlos se tendrá que conformar con el segundo plato y el papel de facilitador de su compañero.
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