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Verstappen gana el Mundial y la FIA pierde la credibilidad en Japón

Max, campeón con suspense en la locura de Suzuka
Max, campeón con suspense en la locura de Suzuka | EFE

¿En Serio? A nadie más le ha dado la sensación que hoy en Japón hemos asistido a una completa tomadura de pelo. El gran premio empezó mal, con una grúa junto a la pista y a pocos metros de los monoplazas que se peleaban por mantener el coche en la trazada debido al agua acumulada en el asfalto de Suzuka, y cuando el recuerdo de Jules Bianqui todavía es demasiado reciente. Accidente, safety car y bandera roja que volvía a despertar a los fantasmas de los miedos de la Fia.

La Federación Internacional de Automovilismo debería repasar el origen y el pasado de la F1 antes de tomar decisiones que dañan seriamente a este deporte. Si en el reglamento no se dice nada, como ocurre en otras categorías como la Indy, sobre la imposibilidad de correr con lluvia, no entiendo por qué se empeñan una y otra vez en parar y adulterar carreras que podrían ofrecernos grandes domingos y luchas.

Algo falla si ni siquiera los equipos y la dirección de carrera se ponen de acuerdo. Fueron los propios pilotos los que animaron a los comisarios a relanzar la carrera, demostrando después que se podía correr, que se podía disputar. Siempre han existido los pilotos especialistas en agua que han brillado cuando el líquido elemento hace acto de presencia. Es una negligencia que los coches no salgan a la pista a correr cuando existen herramientas para que así lo hagan. Las carreras bajo la lluvia nos enseñan las habilidades de los pilotos para mantener el coche en pista a la mayor velocidad posible, y eso también se entrena y se valora a la hora de fichar a un piloto.

Pero, además, la falta de claridad del reglamento de la F1 ha motivado que la consecución del segundo título Mundial por parte de Max Verstappen haya sido el título menos emocionante de los últimos años. Ni el propio Max, ni Red Bull, ni Ferrari se esperaban lo que iba a suceder y acudían al parque cerrado con el convencimiento de que sólo se repartirían la mitad de los puntos por no haberse completado más de la mitad de las vueltas. Pero cuando el encargado de las entrevistas a los pilotos anunciaba que la sanción de cinco segundos a Leclerc por la salida de pista mientras luchaba con Sergio Pérez convertía en campeón a Verstappen, era el propio piloto del Toro el que miraba a su equipo sorprendido y sin saber qué hacer, si celebrar o no el bicampeonato.

Así las cosas, no sólo nos han privado de ver una carrera apasionante, sino que además han privado a Red Bull, a Verstappen y por supuesto a la afición de disfrutar de una merecida celebración del título de pilotos. Era importante para Red Bull conseguir el Mundial en casa de su motorista, Honda, lo han conseguido pero el Mundial pasará al recuerdo por tener uno de los desenlaces más tristes, insulsos y confusos de los últimos años. Y eso no es nada bueno.

Esto es la F1 no es una copa cualquiera, ni un campeonato de aficionados. A esta competición llegan los mejores en todos los sentidos, mecánicos, ingenieros y pilotos. Cuando creemos que lo hemos visto todo, cuando creemos que la FIA no puede hacerlo peor o disgustar más a los aficionados, lo vuelven hacer. Vergonzoso sin lugar a duda.

En cualquier caso, la victoria y el título de Verstappen estaban asegurados, si no se conseguía en Japón se hubiera logrado en EEUU. La superioridad del piloto neerlandés ha sido clara durante toda la temporada sobre todo tras el parón veraniego. Red Bull no ha hecho otra cosa que ganar desde la celebración del GP de Bélgica en Spa, al tiempo que Ferrari no ha hecho otra cosa que dudar y ofrecer el título en bandeja a la escudería del Toro. Sin duda, Verstappen ha demostrado estar en su mejor momento físico y psicológico. Pilotaje impecable, cabeza fría y serenidad en la conducción le han permitido ganar su segunda corona y ponerse a la altura de grandes como Hakkinen o Fernando Alonso. Atrás queda el Verstappen impulsivo, descentrado e irregular que ha llevado tantas veces el monoplaza contra el muro o fuera de carrera.


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