Hace unos meses publicábamos en este periódico la historia de Lusia Harris, la primera jugadora en ser elegida oficialmente en el Draft de la NBA. Y hacíamos hincapié en ese hecho. Porque, si bien eso es cierto, hubo otra jugadora de basket, Ann Meyers, que en realidad estuvo más cerca de jugar en la mejor liga de baloncesto. Teoría que sostiene Gonzalo Vázquez, uno de los mayores conocedores del baloncesto estadounidense en nuestro país, y que afirma que "contrariamente a lo ocurrido en otras ocasiones anteriores, daba la impresión de que el caso de Ann Meyers iba completamente en serio".
Ann Elizabeth Meyers nace en 1955 en San Diego, California. Deportista multidisciplinar, es en el baloncesto donde mejor desarrolla sus cualidades. Siendo bien joven lleva a su equipo de Instituto, el Sonora High School, a ser uno de los mejores del país. A nadie que la conociera sorprende en absoluto que se convierta en la primera jugadora en edad colegial que forma parte de la selección absoluta de los Estados Unidos, participando en los Juegos Olímpicos de Montreal del 76. También es la primera mujer a quien se le otorga una beca deportiva universitaria, en este caso para UCLA.
Su nombre y sobre todo su juego se hacen enormemente conocidos en todo el país, llegando incluso a protagonizar anuncios con Magic Johnson, las dos estrellas emergentes del baloncesto estadounidense. Más cuando en 1978 firma el primer cuádruple doble de la historia de la NCAA (hombre o mujer): 20 puntos, 14 rebotes, 10 asistencias y 10 robos. En el 79 comandaría a su selección a proclamarse campeona del mundo después de años fallidos en el intento.
Lo que sí sorprendería, y de manera extrema, fue lo que acontecería el 5 de septiembre de 1979. A pocas semanas de arrancar una nueva temporada en la NBA los Indiana Pacers anuncian la incorporación de Ann Meyers a su plantilla, a razón de 50.000 dólares por una temporada. El anuncio, para dar mayor enjundia a la situación, es por todo lo alto: junto a la jugadora aparecen el propietario y el entrenador del equipo, en un hotel de lujo, y multitud de cámaras y periodistas.
No encaja
A pesar del intento de la franquicia de dotar de mayor normalidad el movimiento, lo cierto es que las cosas comienzan a torcerse desde el primer momento. Los propios compañeros de equipo de Ann no ven bien aquello de que una mujer pase a formar parte de su plantilla. Mike Bantom, alero del equipo, es el primero en manifestarse: "Esto se ha decidido desde Los Ángeles. No entiendo cómo puede ayudarnos algo así. Si de lo que se trata es de construir un proyecto ganador, no sé cómo es posible convencer a nuestra afición de que vamos en serio".
Poco después los dueños de otras franquicias NBA se pronuncian en la misma línea. Aseguran que se trata simplemente de un movimiento motivado por la mercadotecnia, con el ánimo de llamar la atención, y que poco o nada tiene que ver con lo deportivo.
Aconsejada por su entorno, Meyers decide no atender a la prensa. Hablar en la pista. Demostrar que se encuentra ahí por cualidades y por capacidades. Una batalla rodeada de hombres de la que, cree, puede salir victoriosa. Pionera. Histórica.
Pronto chocará contra una realidad insalvable. Por muy buena base que sea, que lo es; por mucha inteligencia que tenga en la lectura del juego, que la tiene; por mucho manejo técnico que posea, que lo posee... su nivel físico está muy por debajo del que muestran el resto de sus compañeros. Cada disputa individual es una derrota. Ella misma lo deja claro. "Son mucho más poderosos físicamente que todas las jugadoras contra las que me he enfrentado. Y muchas de las cosas que hacía contra ellas no puedo hacerlas ahora".
Después de tres días de entrenamiento con los compañeros, la decisión de los Pacers es clara: no contarán finalmente con Ann Meyers. No hay sitio para ella en la plantilla. Le ofrecen, casi a modo de reparo, un sitio en los despachos, algo que ella rechaza porque afirma que nunca había pedido eso.
Así que en cuanto puede sale de Indiana y vuelve al baloncesto femenino. Y vuelve para ser la mejor. Lo hace con las New Jersey Gems de la WLBP. En su segundo año es nombrada jugadora más valiosa de la competición.
Ya una vez retirada del baloncesto en activo consigue entrar en la NBA, aunque de una forma diferente: ingresa en la dirección deportiva de los Phoenix Suns, y también de la franquicia femenina, las Phoenix Mercury. Conquista dos anillos.
Todo un mito en UCLA, donde sería la primera mujer en ingresar en el Salón de la fama y donde se le retiraría la camiseta junto a otras dos leyendas, Abdul-Jabbar y Bill Walton, Ann Meyers es reconocida en todo el planeta. En 1993 es una de las primeras mujeres del Salón de la Fama del Baloncesto, así como del Salón de la Fama del deporte femenino. En 2001 recibe el premio Wooden como una de las mejores jugadoras americanas de todos los tiempos. Y en 2007 se la incluyó en el Salón de la Fama de la FIBA.
Quizá no había sitio para ella en la NBA. Quizá todo cambiara muy deprisa. Pero de lo que no hay duda es de que Ann Meyers ha sido una de las mejores jugadora de baloncesto de todos los tiempos. La que más cerca ha estado de jugar realmente en la NBA.
Este artículo forma parte del libro 'HEROÍNAS a través del deporte', del mismo autor. Una colección de 25 historias de mujeres deportistas que iniciaron nuevos caminos, rompieron barreras, y trascendieron en las generaciones venideras, en la línea del artículo que acaban de leer.


