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Nadal y Ferrer tiñen la arena de París de rojo y gualda

Será la cuarta vez que dos españoles luchen por la Copa de los Mosqueteros, después de Bruguera- Berasategui, Moyá - Corretja y Costa- Ferrero.

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Será la cuarta vez que dos españoles luchen por la Copa de los Mosqueteros, después de Bruguera- Berasategui, Moyá - Corretja y Costa- Ferrero.

Ya han conquistado París. El primero se deshizo del número uno del mundo, Djokovic, en una semifinal épica y el otro acabó con las ilusiones de los franceses de ver a su ídolo local -Tsonga- en la final. Nadal derrotó a Djokovic por 6-4, 3-6, 6-1, 6-7 (3) y 9-7 en 4 horas y 37 minutos, mientras que Ferrer aparcó a Tsonga por 6-1, 7-6 (3) y 6-3 en 2 horas y 4 minutos.

El viernes, Nadal bajó los humos a Djokovic y le pospuso un año su sueño de alcanzar el único grande que le falta. El duelo se asemejaba cada vez más a la final del Abierto de Australia de 2012, pero el español supo cambiar el guión y se vengó de esa derrota en un choque muy intenso. Nadal acabó exhausto tras su enfrentamiento con el serbio pero hizo prevalecer su dominio mental sobre el cansancio acumulado. Fueron casi cinco horas de dura lucha en los que la victoria se balanceaba de un lado al otro de la pista.

El país vecino ha visto en dieciocho ocasiones cómo su preciada Copa cruzaba la frontera hacia España. Será la cuarta vez que dos españoles luchen por llevarse la Copa de los Mosqueteros. La primera vez sucedió en 1994. Muchos recordaron como Sergi Bruguera venció a Alberto Berasategui. Después, Carlos Moyá ganó a Alex Corretja en el 98 y Albert Costa se impuso a Juan Carlos Ferrero en 2002. Ahora, el cartel de la final lleva impreso los nombres de dos hombres de la Armada.

La clasificación de Ferrer permitirá al alicantino recuperar en cuarto lugar del ranking de la ATP, mientras que Nadal, que busca su octavo título en Roland Garros, no sumará puntos puesto que defiende los 2.000 de actual campeón.

Rafa no conoce la decepción en París. No ha perdido ninguna de las siete finales que ha disputado. La tierra batida es su pista fetiche. El domingo tendrá en frente a un amigo, al que ha derrotado 16 veces en polvo de ladrillo y con menos experiencia, puesto que es la primera vez que alcanza el último escalón de un Grand Slam.

Ambos tenistas ya nos dejaron el año pasado un aperitivo de lo que veremos el domingo. Se encontraron en semifinales. Nadal no dio opciones a Ferrer, quien no pudo ganar ni un solo set. Pero desde entonces ha llovido bastante y el mallorquín se ausentó siete meses de las pistas por culpa de su rodilla. En este tiempo, se destapó el mejor Ferrer de los tiempos y con esa actitud ha enfrentado este torneo, en el que no ha cedido ningún set. En Madrid vimos como las fuerzas entre ambos tenistas se igualaban, y aunque finalmente el triunfo fue para Nadal, Ferrer llegó a estar a dos puntos de ganar.

Ambos son deportistas incombustibles. Nadal y Ferrer son embajadores de la marca España y permitirán que, para orgullo de muchos, el idioma oficial de Roland Garros sea este domingo el español.

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